Presidente reelegido Pedro Sánchez.
Fernando González

Fernando González

Director de El Observador España

Miradas > Análisis de una victoria

El Perro Sánchez: una máquina implacable de construir poder

El Presidente reelegido triunfa con su estilo audaz y en el que lleva el límite la estrategia de la realpolitik. Núñez Feijóo, Díaz Ayuso y el nexo con la Argentina.
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16 de noviembre de 2023 a las 13:22

Como los mastines expertos, el verdadero Perro Sánchez apareció el miércoles en el Congreso.

Había subido al púlpito a responderle a Alberto Núñez Feijóo. Y tan bien actuaba que hizo como que lo asaltaba un recuerdo repentino. Frenó el discurso y puso en el rostro la máscara del gesto pensativo. Parecía que nunca se había sentido más cómodo que en ese momento.

  • Ahí nace la original teoría de `yo no soy presidente porque no quiero. Es el primer español que renuncia a ser presidente pudiendo serlo…

Entonces el Perro Sánchez echa la cabeza atrás y suelta la carcajada. Respira dos segundos y vuelve a reír fuerte, pero esta vez un poco más forzado. Y es esa impostura la que mejor define al hombre que desde hace cinco años domina cada resorte de la política española. Ninguno de sus movimientos parece casual. Vuelve a mirar a los diputados y todos saben lo que quiere decirles.

¿Cómo alguien va a querer renunciar a ser presidente? Sánchez detectó hace tiempo esa debilidad en su rival, el blandengue Alberto Núñez Feijóo. En tiempos de Twitter, en la era de la grieta y de los populismos que solo conciben amigos o enemigos, el romanticismo de la política de renuncias heroicas hace mucho que perdió su poder de seducción.

En estos días en los que los terroristas filman sus asesinatos y sus violaciones, y los suben a las redes sociales, cualquier atisbo de moderación es una mochila que no ayuda a conseguir votos. Lo sabe perfectamente el Perro.

Porque el Perro Sánchez es una máquina implacable de construir poder. Lo hemos visto todos en estos meses. Solo había que hablar en confianza con algún diputado o con alguna diputada. Y no era necesario que fuera un socialista. Podía ser un popular, e incluso uno de Vox. “El Perro va a vender a la madre, pero va a quedarse en Moncloa”, pronosticaban. Nadie dudaba. Había una mezcla de bronca pero también de admiración en esas palabras duras.

Sánchez ya estaba negociando con los peores del barrio. Si había que hacerlo con Carles Puigdemont enviaba a la rubia Yolanda Díaz a Waterloo. ¿Quién mejor que la Vicepresidenta para convencerlo? Tenemos amnistía para los separatistas, para los antiespañoles, para los que les importa un bledo la Constitución y también para los corruptos.

Había para todos los gustos porque no había límites. Yolanda se trajo de Bélgica el sí del catalán que se había escapado en el baúl de un coche para no ir a prisión cuando España quemaba. El Perro ya avanzaba hacia su objetivo.

Lo mismo sucedió con los vascos de EH Bildu. Con ellos firmó un capítulo secreto de la amnistía que despierta las peores sospechas. Buena parte de la política española se ve venir alguna medida que beneficie a los condenados de la ETA. “Con el Perro todo se puede esperar”, explican sus amigos abriendo los brazos.

Mientras Núñez Feijóo se fumaba el engaño de las elecciones regionales y creía que ya estaba dentro de la Moncloa, el Perro Sánchez armaba su telaraña para atraparlo y devorárselo como se lo devoró.

A los de ERC les consiguió la condonación del 40% de la deuda catalana, el 100% de los impuestos y hasta los trenes regionales. ¿Qué son 16.300 millones de euros si el premio es quedarse en las alturas del poder? Había que ver como sonreía el grandote de Oriol Junqueras. No le cabían la satisfacción ni el traje en el corpachón.

El Perro Sánchez marchó al Congreso sabiendo que la faena estaba concretada y que Núñez Feijóo no era un enemigo que estuviera a su medida. Por eso las risas y las tomaduras de pelo desde allí arriba.

Quizás la historia sea diferente si algún día le toca enfrentar a Isabel Díaz Ayuso. Le dedicó uno de sus torpedos bajo cubierta recordando las mascarillas del hermano durante la pandemia y aquel escándalo que terminó con la existencia política de Pablo Casado. Se divirtió mirando su cara de odio.

Pero también vio como la madrileña le respondía al instante con un “hijo de puta” pintado sobre el carmín de los labios. Y eso le mostró que la muchacha brava de Chamberí es una de las suyas. Alguien a quien también le gusta ir hasta el fondo de las consecuencias cuando se trata de disputar poder. Tal vez tenga que enfrentarla en algunos años. ¿Quién sabe?

Ya tendrá tiempo de ocuparse de esa mujer que improvisó un “me gusta la fruta”, pero que nunca se disculpó como se lo reclamaron ni Sanchez espera que se vaya a disculpar alguna vez.

En sus horas de discurso triunfal, el Perro Sánchez tuvo tiempo hasta para ocuparse de la Argentina, el país de la pobreza inexplicable que en tres días va también a elecciones. Aprovechó para rasparlo un poco a Javier Milei, el libertario argentino que viene a los festivales de Vox, y para enviarle un video a Sergio Massa, el candidato peronista al que respalda y con el que se comunica a través del medium José Luis Rodríguez Zapatero.

Al Perro Sánchez le han dicho que Massa se parece un poco a él. Que el argentino también explora los laberintos crueles de la realpolitik y que estudió su campaña de remontada para construir una candidatura sobre un gobierno destruido por la inflación y por las interminables crisis financieras. El país de Borges, de Perón, del Papa Francisco y de Messi lleva casi un siglo sin encontrar el rumbo económico. Perdido en su aparente genialidad.

La inflación del Perro Sánchez es del 3,5% anual, casi una ofensa para los argentinos. Y como le ha escupido a Núñez Feijóo, sus empleados registrados pasan de los 21 millones y su economía es la cuarta de Europa. Habla perfecto inglés y preside la Unión Europea hasta diciembre. Sin dudas, el Presidente tendrá una buena Navidad.

Tal vez deba preocuparse por ese cosquilleo nervioso que se percibe en las calles españolas. Por esa sensación de que esta vez el Perro Sánchez ha ido demasiado lejos.

Amnistía, hechicería financiera con los recursos del Estado, regates éticos que no se podrán justificar eternamente.

Hasta ahora alcanzó con esas carcajadas que derrochó en el Congreso. Pero hasta Maquivelo sabe como es el desenlace de esta novela conocida. Esa en la que el poder siempre se disuelve mucho más rápido de lo pensado.

 

 

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