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El problema del agua

Tanto escuché decir que el agua que nos vende OSE es potable pero no bebible, que finalmente terminé por creerlo. Columna de Humor de Ernesto Depauli

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05 de febrero de 2015 a las 18:11

De buenas a primeras creí haber dado por solucionado el asunto consumiendo solamente agua embotellada. Pero claro, uno no tiene ninguna certeza acerca del origen de la misma.

Perfectamente los tipos que la meten en la botellita pueden usar agua de la canilla, por más que aseguren que viene del más puro manantial.

No tengo tiempo de ir hasta las sierras de no sé dónde, ni hasta la fuente de no sé qué, ni siquiera hasta el pozo como quiera que se llame. Así que no me quedó más remedio que creer que el agua sale de esos lugares, y que a nadie le da por poner cada tanto un par de miles de litros salidos de la canilla para aumentar sus ganancias.

Comencé a usar agua embotellada para todo; saciar la sed, hacer café, lavar las verduras, cocinar, y hasta para bañarme. Confieso que no es sencillo levantar un bidón de seis litros con una mano, y al mismo tiempo enjabonarse con la otra. Más de cuatro veces terminé desmayado en el piso del baño, fruto de los bidonazos involuntarios. Pese al aumento de las tarifas de OSE, mi gasto en agua se multiplicó de manera estrepitosa, y estuvo a punto de llevarme a la ruina, hasta que una amiga me contó que el agua embotellada también puede resultar dañina.

Parece que si las botellas de plástico permanecen al sol durante cierto tiempo, alguno de sus componentes derivados del petróleo se disuelve y contamina el líquido, sea cual sea.

Inmediatamente salí a la calle y comprobé que la mayoría de los camiones que reparten bebidas mantienen las botellas expuestas al sol. Tal vez se trate de un mito urbano, pero no tengo intenciones de enfermarme por culpa de una leyenda, así que abandoné de inmediato el agua embotellada y volví a la que nos vende el Estado.

Pero como no tengo un pelo de tonto, cosa que cualquiera podrá comprobar en cuanto el médico me quite la venda que debió colocarme en la cabeza ante las heridas provocadas por los golpes de bidón; decidí buscar la forma de purificar el agua de la canilla.

Me explicaron que no es lo mismo un filtro que un purificador, y que lo que más convenía era utilizar ambos. Instalé uno después del otro, y como no sabía cuál es conveniente que esté primero, puse después otros dos en sentido inverso.

Es preciso confesar que cuatro aparatos para filtrar y purificar agua ocupan cierto espacio y pueden resultar un poco onerosos, sobre todo si no sólo se colocan en la cocina. Puse en las canillas del baño y hasta en la ducha, lo que me obligó a bañarme en cuclillas, algo no tan molesto como tener que usar una escalerita para subir al bidet, ni tener que lavarme los dientes desde el living. Pero la salud es lo primero, tomas las necesarias precauciones con respecto a la higiene, nos permitirá vivir incómodos por muchos años más, en lugar de morir jóvenes y descansados.

Mi amiga volvió a visitarme y me felicitó por haber apelado al filtrado del agua, pero me recordó que ciertas cañerías podían desprender sustancias nocivas. Algunas casas cuentan con tuberías de hierro o plomo, y parece que esto ha matado más gente que la guerra. Piqué los muros y cambié los caños. Desgraciadamente el dinero no me alcanzó para terminar la obra, y las paredes quedaron sin reparar, algo que no se ve nada bien, pero la salud es más importante que la estética. No quiero que en mi epitafio diga que morí joven pero con las paredes intactas.

Claro que las nuevas cañerías son de pvc, y recordando lo que mi amiga me había contado acerca de los plásticos y el calor, a pesar de los cuatro filtros que tengo en cada canilla, comencé a hervir el agua para todo uso. Pero el contacto con el metal tampoco le hace bien al líquido elemento, y demasiado tiempo hirviendo en un recipiente de aluminio puede resultar contaminante. Finalmente tuve que reconocer que mis esfuerzos por consumir agua pura habían naufragado, y decidí no tomar más.

Ahora sólo bebo whisky, puede que sea peor que el agua, pero después del segundo vaso ya no me importa.

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