Ciencia > Presente y futuro

Empresas internacionales implantan chips para tomar el tren; qué se hace en Uruguay

La última frontera entre el humano y la tecnología es su propio cuerpo. Los primeros pasos ya se están dando

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10 de agosto de 2020 a las 05:00

Hay tecnología en todos lados. Hay quienes dicen que el celular ha pasado a ser la extensión de la mano. Hay otros que van un paso más allá y quieren pasar de tener tecnología a integrarla en su cuerpo. Significa que los usuarios empiezan a implantarse chips que buscan “mejorar” su calidad de vida. Hay empresas que apuestan a esto y aventuran llegar a América Latina en un futuro cercano.

Para que ese futuro sea más próximo Juan José Tara, tecnólogo y emprendedor español comenzó un proyecto para crear implantes subdérmicos en 2016. Cómo integrar al cuerpo humano en esta evolución digital que estamos viviendo fue la premisa desde donde comenzó a trabajar.

Fundó Dsruptive en 2018, una compañía sueca que ya ha vendido más de 5000 implantes con los que los usuarios acceden a sus oficinas de trabajo, sacan fotocopias, compran snacks en máquinas expendedoras o viajan en tren simplemente apoyando su muñeca en un sensor, que identifica que tienen un chip y ejecutan la operación. El proceso empieza con darse de alta en la base de datos de la compañía de trenes con el implante “y en el momento que haces la compra online del boleto ya lo tienes sincronizado a tu chip”, cuenta Tara.

El dispositivo tiene el tamaño de un grano de arroz, lo que lo hace fácil de implantar. En apenas diez segundos puede ser inyectado en la mano del usuario sin necesidad de intervención quirúrgica ni alto nivel de conocimiento en el tema. Puede ser implantado tanto por centros médicos como por estudios de piercings, entre otros, dependiendo del país y la reglamentación vigente.

 

 

Desde el lanzamiento del producto en 2019 ha surgido mucho interés por el proyecto. “Para lo bueno y para lo malo es una nueva tecnología y las empresas quieren probarlas”, comenta Tara y agrega que ya se realizó el primer check in con una aerolínea para implementar una nueva forma de llevar el billete de avión.

Cómo funciona

Luego de implantárselo, el usuario debe registrarlo en la app del servicio que desee utilizar. Por ejemplo, si es una app para viajar en tren, debe seleccionar la opción “registrar el implante”. El sistema le pedirá al usuario que acerque el teléfono al chip para que éste quede activado. Para realizar dicha función es indispensable la tecnología NFC (Near Field Communications), que está en todos los teléfonos de Apple a partir del iPhone 6 y en los celulares Android de gama media a alta (es una tecnología que también se utiliza en las tarjetas de crédito contact less).

 

 

El dispositivo está recubierto por un cristal biocompatible llamado Borosilicato, que se utiliza en la medicina desde hace muchos años. “Lo nuevo es lo que está adentro del vidrio”, cuenta Tara.

El dispositivo es pasivo. Quiere decir que, a diferencia de las baterías, sólo se activa cuando se lo acerca al móvil o a la antena y estando a un máximo de entre cinco a diez centímetros de distancia. Cuando se activa, se enciende una luz LED, que puede ser de diferentes colores, para indicarle al usuario que está funcionando.

“Tiene bastante seguridad y un ejemplo claro es que también se usan en las tarjetas de crédito. Por lo tanto, si los bancos confían en esa tecnología, entendemos que es seguro y la podemos usar día a día”, agregó el ingeniero.

Para Tara, la NFC es una tecnología muy estable. “Nada va a poder sustituirla en los próximos 20 años, porque es un método de comunicación que se va a estandarizar como el bluetooth o wifi”, dice.

El implante de dos kilobytes de memoria que se encuentra en el mercado puede durar en el cuerpo al menos 30 años y tiene un costo de entre US$ 100 y US$ 200.

Por el momento el producto disponible al público facilita accesos a diferentes lugares con mayor seguridad. Sin embargo, se prevé lanzar uno nuevo con aplicaciones que permitirán medir parámetros biológicos. “Hablar de la tecnología relacionada a la salud está en el punto de mira”, comentó Tara.

“Tener una pequeña unidad de computación para saber cómo está nuestro cuerpo será de gran ayuda para tener más autoridad sobre nuestra propia salud”, concluyó.  

Qué se hace en Uruguay

Los dispositivos implantables que se crean en Uruguay son pensados para la salud.

El cardiólogo Orestes Fiandra es conocido por implantar junto al cirujano Roberto Rubio el primer marcapasos en Uruguay, y por ser el primer caso, de este tipo, exitoso en el mundo. En 1969 fundó una empresa para crear los dispositivos de esta índole en el país y poder brindarle el servicio a otras empresas en el mundo.

Por otra parte, en el Instituto de Ingeniería Eléctrica de la Universidad de la República se desarrollan varias líneas de investigación que sean de utilidad para el país. Una de ellas refiere al estudio de transferencia inalámbrica de energía. “(La idea es estudiar) cómo hacer que esa transferencia desde afuera hacia adentro del cuerpo alimente la batería eficientemente”, explicó Fernando Silveira, docente del grupo de microelectrónica que estudia las potencialidades de dispositivos implantables.

Los investigadores  intentan lograr que la transferencia de energía se pueda hacer a mayor distancia, ya que hoy en día el paciente tiene que apoyar una especie de cargador cerca del implante y dejarlo una o dos horas por semana para recargarlo.

La otra área de investigación es sobre los circuitos que se precisan para medir las señales nerviosas que hay en los distintos lugares del cuerpo. Para Silveira es importante que los sistemas médicos interactúen con el sistema nervioso. “Si somos capaces de ’escuchar‘ lo que pasa por el sistema nervioso e interactuar acorde a eso, el resultado de nuestro trabajo será mucho más potente que lo que se hace actualmente”, comentó.

En general, los dispositivos que se encuentran disponibles en Uruguay, utilizan una placa hermética de titanio como material biocompatible para que no entren fluidos que puedan dañar los circuitos ni, por el contrario, que los materiales que tengan los circuitos que puedan dañar al paciente.

 “Tener baterías es una pequeña desventaja en tamaño, pero si llegan a tener una vida útil de 10 años o más, no termina siendo un problema”, expresó Silveira y agregó que éstas son especiales para implantes y cuentan con precauciones y protocolos de verificación bastante estrictos.

 

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