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Finlandia ¿por qué no?

"Necesitamos mucho aire fresco en nuestra educación"

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01 de noviembre de 2012 a las 17:43

Hace unos días, Pablo Montaldo, economista, empresario y presidente de la Bolsa de Valores publicó vía Twitter un artículo del ABC de España referido a cómo consigue Finlandia ser el número 1 en educación en Europa y estar en el top 3 del mundo. Vale la pena recoger esas experiencias pues aunque muchas no sean aplicables en Uruguay, al menos pueden inspirarnos para salir del pantano educativo en que nos encontramos y en el cual nos estamos hundiendo año a año.

Si no hay un cambio radical, no nos quejemos acerca de cuáles serán los resultados en el año 2030, fecha de nuestro Bicentenario. Es para ponerse a temblar.

En el artículo del ABC se explica que la educación es gratuita desde el preescolar hasta la universidad. Se hace referencia a que en el modelo educativo finlandés encajan “tres estructuras: la familia, la escuela y los recursos socioculturales” y que “los padres tienen la convicción de que son los primeros responsables de la educación de sus hijos, por delante de la escuela”. Y sin duda es importante que el Estado contribuya con “numerosas ayudas oficiales a las familias (no a las escuelas) para que puedan conciliar el trabajo y la atención de sus hijos”.

Sin duda, influyen también la herencia luterana y el clima, que invita a no salir de casa durante el invierno. Pero esos mismos factores, señala el artículo de ABC, están presentes también en Suecia y Dinamarca, que vienen bastante por debajo de Finlandia en la pruebas PISA.

Puesto a buscar explicación al éxito finlandés, Javier Melgarejo, exdirector de un importante colegio en Barcelona, apunta en primer lugar a la calificación académica del profesorado. Melgarejo señala que “los finlandeses consideran que el tesoro de la nación son sus niños y los ponen en manos de los mejores profesionales del país”. ¿Cuántos países piensan así, me pregunto? Aquí en Uruguay por cierto no.

Necesitamos mucho aire fresco en nuestra educación: de Finlandia pueden venir bocanadas en buenas cantidades

Según Melgarejo, el segundo factor es que los mejores docentes se ponen en los primeros años de enseñanza, cuando los alumnos tienen mayor capacidad de aprendizaje.

Y el tercer factor es que para ser maestro de primaria se exige una elevada calificación en bachillerato (un 9 sobre 10) y luego severas pruebas de licenciatura y períodos de prácticas. Es decir, no cualquiera llega a maestro.

Y por tanto, ser profesor de primaria (el maestro como lo llamaríamos aquí) lleva consigo un gran prestigio social en el país. Algo tan o más importante que el salario que, por supuesto, en Finlandia es muy digno. Y por ello, solo un 8% de los alumnos finlandeses no terminan sus estudios obligatorios.

Hay muchas cosas de Finlandia que no podemos copiar ni tiene sentido que se lo haga. Cada país es un país. No vamos a copiar el clima ni la herencia luterana.

Pero sí hay cosas más universales que pueden ser útiles para salir del marasmo actual. En primer lugar, fortalecer la tríada familia, escuela y recursos socioculturales. Eso es algo que está al alcance de cualquier país. Eso sí, es importante no aplicarse con éxito a destruir a la familia, como se está haciendo desde hace un tiempo en este país, y aplicar recursos para ayudar más a las familias que a las escuelas.

Y en segundo lugar, otro aspecto rescatable y trasladable es el énfasis en la formación de los maestros y su consideración social. Exigencia y evaluación son palabras que no gustan a los gremios docentes. Pero son vitales para la formación de los maestros y estos saben que no van a hacer fortuna con su trabajo pero que sí que van a formar la juventud que llevará adelante a la nación. De ahí, el respeto social que concitan y recogen.

Finlandia queda lejos y hace frío buena parte del año. Pero enviar a algunas autoridades a mirar lo que allí ocurre no sería mala inversión. Eso sí: por favor no enviar gente con anteojeras ideológicas y que anteponen sus intereses personales a los del país. Necesitamos mucho aire fresco en nuestra educación: de Finlandia pueden venir bocanadas en buenas cantidades, si sabemos administrarlas con sensatez y sentido común. Por lo pronto podríamos preguntarnos si realmente consideramos que “el tesoro de nuestra nación son nuestros niños”. Si la respuesta es afirmativa, el curso de acción que hay que seguir puede dibujarse fácilmente aunque requiera esfuerzo recorrerlo.

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