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Homenaje a Solzhenitsyn

A diez años de la muerte de el escritor e historiador

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02 de agosto de 2018 a las 05:00

Bonifacio de Córdoba
Especial para El Observador

Mañana se cumplen diez años de la muerte de Aleksandr Solzhenitsyn. Además, este año se cumplirá el primer centenario de su nacimiento. Por lo tanto, este es un momento propicio para un homenaje a ese extraordinario escritor e historiador.

Dos anécdotas

Compartiré con ustedes dos pequeñas historias que leí hace mucho, y cuyas fuentes respectivas me resulta imposible reencontrar hoy. Primera. Durante la era soviética, un hombre de letras ruso estaba en su apartamento de noche, en pijama y con pantuflas, leyendo por primera vez una obra de Solzhenitsyn. De repente dejó el libro, se vistió de traje y corbata, se puso sus mejores zapatos, se sentó a la mesa y retomó la lectura. Se había dado cuenta de que tenía en sus manos un nuevo clásico de la literatura rusa y le había parecido irrespetuoso seguir vestido informalmente mientras leía algo de tanto valor.

Segunda. Una vez preguntaron al teólogo católico suizo Hans Urs von Balthasar, hombre de vastísima erudición, lo siguiente: "¿Si usted tuviera que preservar para la posteridad un solo libro del siglo XX, cuál elegiría?" Von Balthasar respondió que elegiría Archipiélago GULAG, la obra magna de Solzhenitsyn, una sobrecogedora descripción de los campos de concentración soviéticos, basada en los testimonios de 227 sobrevivientes.

Algunos datos biográficos

Aleksandr Solzhenitsyn nació en Kislovodsk (Rusia) el 11 de diciembre de 1918. Estudió matemática y física. Después de graduarse, sirvió en el Ejército soviético durante la Segunda Guerra Mundial. Pese a haber recibido dos condecoraciones por acciones valerosas, en 1945 fue arrestado por expresar opiniones antiestalinistas en cartas enviadas a un amigo desde el frente de guerra. Fue condenado a ocho años de trabajo forzado y posterior destierro perpetuo. Su cautiverio inspiró varias de sus primeras obras literarias. Durante el gobierno de Kruschev fue liberado (1956) y se le permitió publicar, primero Un día en la vida de Iván Denísovich (1962), que tuvo un gran éxito de ventas, y luego algunas otras obras. Pronto volvió a ser víctima de la censura oficial y a sufrir persecución.

En 1969 fue expulsado de la Unión de Escritores Soviéticos. En 1970 recibió el Premio Nobel de Literatura, "por la fuerza ética con la que ha continuado las tradiciones indispensables de la literatura rusa". Fue expulsado de la Unión Soviética en 1974. Vivió en el exilio en los Estados Unidos desde 1975. Tras la disolución de la URSS (Navidad de 1991), en 1994 regresó a Rusia, donde fue recibido como un héroe. Falleció a los 89 años en su casa, cerca de Moscú, el 3 de agosto de 2008. Cristiano militante, denunció enérgicamente la inhumanidad, no sólo del estalinismo, sino del comunismo ruso en todas sus fases, de Lenin en adelante; y en su exilio criticó también con fuerza el vacío espiritual de Occidente, marcado por el secularismo y el materialismo práctico.

En este sentido, pese a su visión errónea de la Edad Media, es muy interesante su discurso del 08/06/1978 en la Universidad de Harvard sobre la crisis moral de Occidente.

La rueda roja

Solzhenitsyn fue un profeta con una misión: decir la verdad sobre la miseria moral de la Revolución Rusa y sus consecuencias. En las últimas etapas de su vida se esforzó mucho para escribir una serie de novelas históricas sobre la Revolución Rusa, titulada La rueda roja. De los veinte volúmenes que había concebido llegó a publicar diez, agrupados en cuatro novelas que forman una tetralogía de más de 6.600 páginas: Agosto de 1914, Octubre de 1916, Marzo de 1917 y Abril de 1917. La rueda roja describe las fases sucesivas de un gran triunfo del Mal a causa del olvido de Dios. La decisión de escribir la primera de esas novelas la había tomado a los 18 años.

Un ejercicio saludable

Durante mucho tiempo, siguiendo la línea política del Partido Comunista, muchos intelectuales de izquierda trataron a los disidentes soviéticos como viles traidores o incluso agentes de la CIA. A todos los lectores, pero muy especialmente a quienes, por pensamiento, palabra, obra u omisión, fueron partícipes de esa calumnia, les recomiendo el saludable ejercicio de leer o releer cualquiera de las obras principales de Solzhenitsyn: El primer círculo, La casa de Matriona, etc.

Tres chispazos de su genio literario

La novela corta Un día en la vida de Iván Denisovich, que describe los terribles padecimientos de un día de rutina de un prisionero en un campo de trabajo siberiano bajo Stalin, termina así: "Hubo tres mil seiscientos cincuenta y tres días como este en su condena. Desde el primer estruendo del riel hasta el último estruendo del riel. Los tres días extra fueron por los años bisiestos."

La introducción de Archipiélago GULAG comienza así: "En el año 1949, unos amigos y yo dimos con una nota curiosa en la revista Priroda de la Academia de Ciencias. Decía en letra menuda que durante unas excavaciones en el río Kolymá se había descubierto (...) una capa de hielo subterránea. Esa capa había conservado congelados desde hacía decenas de miles de años especímenes de la misma fauna (...). Fueran peces o tritones, lo cierto es que se conservaban tan frescos (...) que, tras desprenderles el hielo, los integrantes de la expedición se los habían comido ahí mismo con sumo placer. Podría parecer que la revista pretendía impresionar a sus pocos lectores con la alta capacidad del hielo para conservar el pescado. No obstante, pocos supieron captar el otro sentido, más verdadero y épico, que tenía la imprudente nota.

En cambio, mis amigos y yo lo comprendimos enseguida. Pudimos imaginarnos nítidamente la escena hasta en el menor detalle: los integrantes de la expedición quebrando el hielo ávidos y presurosos, y cómo, pasando por alto los excelsos intereses de los ictiólogos, luchaban a codazos por hacerse con un trozo de pescado milenario, derretirlo al fuego y saciar su hambre.

Lo comprendimos porque nosotros mismos fuimos en su día integrantes forzosos de este tipo de expediciones, habíamos pertenecido a la poderosa y singular estirpe de los zeks [los prisioneros de los campos de trabajo soviéticos], la única del mundo capaz de comerse un tritón con sumo placer."

Termino citando íntegramente un relato cortísimo de Solzhenitsyn, Empezando el día:
"Al amanecer, treinta jóvenes salieron corriendo al claro del bosque, se ubicaron cara al sol y empezaron a inclinarse, saludar, postrarse, levantar los brazos, arrodillarse. Y así durante un cuarto de hora.

Si los miráramos desde lejos podríamos creer que están rezando.

Actualmente a nadie le extraña que el hombre sirva cada día a su cuerpo con paciencia y atención.

Pero qué ofendidos estarían todos si sirviera de esta manera a su espíritu.

No, no era una oración. Era la gimnasia matutina."





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