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Huertas comunitarias que crecen por contagio

 Iniciativas de vecinos que comparten cultivos se agrupan y forman una red, su objetivo es llegar a todo el país 

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29 de abril de 2018 a las 05:00

 

Entrar a la huerta de la calle Assis, en Shangrilá, es recordar que en un otoño con calor de verano un lugar lleno de abejas y mangangás parece un milagro. Es reconocer, por unos instantes, que los lugares tupidos por flores y frutos respiran otro aire, uno que las plazas de cemento o pasto seco nunca van a lograr. Es entender cómo con los años hubo algo que se perdió. Llamémosle naturaleza, ecología o comunidad, pero la huerta de la calle Assis respira un aire que es difícil de encontrar en otros puntos de la Ciudad de la Costa.

 

En este terreno que, desde la calle parece baldío, ocho personas riegan, desmalezan y cosechan. Lo hacen por la conveniencia de plantar y así no comprar en el supermercado, las ganas de integrarse con el barrio, aprender a cultivar y llevarse algunas semillas raras para experimentar en sus casas. Y si le preguntan a Ruben Sánchez, un jubilado al que todos llaman profesor, gestan también una revolución pacífica: una huerta en cada casa, en cada barrio, en cada departamento, en todo el país. Cuando la gente las necesite, las huertas van a estar ahí, dice entusiasmado.

"La huerta tiene un fenómeno que es el de la localía, no puede ser muy grande y tiene que ser de la gente que está cerca", dice Ruben Sánchez

Como todos los miércoles y sábados, Sánchez riega un cultivo que todavía no llegó a crecer. Mientras habla de los beneficios de la moringa, una planta que describe como milagrosa. Dice que sirve para purificar agua y un par de tutoriales de YouTube parecen suscribir a la teoría. Incluso la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) menciona su uso para potabilización, entre otras propiedades, como el aporte de vitaminas, ideal para embarazadas y niños. Sánchez, que tiene 74 años, se enamoró de esta planta cuando le llegó la noticia de un pueblo asiático caracterizado por la longevidad de sus habitantes. Por supuesto, todos tomaban un té de moringa cada día, cuenta.

HUERTA COMUNITARIA
 

En lo que respecta a la huerta, él es quien aporta el marco teórico. La define como una huerta particular, porque además de alimentos, se especializa en plantas alternativas. "La huerta tiene un fenómeno que es el de la localía, no puede ser muy grande y tiene que ser de la gente que está cerca, porque el que está cerca te puede venir en una emergencia a regar, te puede venir a cuidar, a plantar. Los compañeros que están acá viven todos a diez cuadras, cinco", dice.

En los últimos años es cada vez más habitual escuchar de distintos grupos que se juntan a cultivar una huerta común. Así fue que en 2016 distintas organizaciones religiosas, ONG y asociaciones de vecinos –no solo de Canelones, sino de todo el país– pasaron a llamarse Nodos Ambientales Participativos y se juntaron formalmente para empezar a tejer una red y convertir estas ideas puntuales en proyectos más ambiciosos: reciclaje de residuos, agroecología y educación ambiental. Entre ellos se conocen como los huerteros y por ahora abarcan a más de 20 huertas, pero pretenden extender la práctica como una forma de acercar a las comunidades y generar una relación más saludable con el ambiente.

La conversión de los huerteros

Lo primero que ofrece Cecilia Antonoff a quien entra a la huerta de la calle Assis son unas hojitas de albahaca para usar como repelente natural. Y lo mejor es que logra mantener los insectos a distancia. Es arquitecta y paisajista y, en su tiempo libre, colabora con la huerta. Conoce el nombre y propiedades de la mayoría de las plantas que hay en la huerta. Una de las estrellas es el cajanus, una leguminosa que se puede cocinar como las lentejas o los porotos. Mientras recorre la huerta cuenta que da frutos cada dos meses y que, para saber si está pronta para la cosecha alcanza con mover la vaina: si las semillas están sueltas, ya se puede cortar.

Hace cerca de una década, en Shangrilá, un grupo de vecinos se organizaron para ayudar a una familia que estaba pasando por un mal momento. Era una movida simple, reunir algo de plata para que pudieran pagar las cuentas hasta que consiguieran trabajo. Sin embargo, la iniciativa creció y se convirtió en un fondo solidario que terminó en la creación de la huerta comunitaria. Se hizo un diseño para los cultivos, se instaló una bomba de agua y se cercó el terreno.

A pesar de que tuvo un tiempo de inactividad, hoy unas ocho personas visitan este jardín cada miércoles y sábado para trabajar la tierra y llevarse parte de la cosecha. Y esta no es la única, en Ciudad de la Costa hay al menos dos más que funcionan de esta manera, abiertas al que quiera acercarse.

HUERTA COMUNITARIA
 

Fue junto con Sánchez que Daniel Báez, ingeniero de sonido y cultivador por vocación, craneó el Bosque Comestible de la Comisión Pro Fomento de Shangrilá, a pocas cuadras de la huerta de Assis. Es lo que tiene estar cerca, el entusiasmo va pasando de mano en mano.

Su objetivo es cultivar un pequeño bosque que sea autosustentable y que dé frutos nativos a los vecinos, para poder crear alimentos, desde mermeladas hasta guisos. Ahora los árboles son chicos, pero la esperanza de Báez es que dentro de 10 años el terreno se convierta en un bosque.

Entre Báez y Sánchez hay algo más en común, y es Mauricio Passeggi, docente universitario y además integrante de la Parroquia Santa Rosa de Lima, de El Pinar. Passeggi aprovecha a recorrer las huertas de la costa para mostrar el alcance de la red, porque la parroquia también tiene su propia huerta hace más de un año y porque formó parte del equipo que hizo crecer la red. A diferencia del resto, para Passeggi y la gente de la parroquia la iniciativa nace de la Encíclica Laudato Sí del papa Francisco y sus reflexiones sobre el medio ambiente.

Como pronto vieron el potencial comunitario que tenía, le pusieron una entrada aparte, para separarla de las actividades religiosas, y un cartel con el nombre Huerta ecológica comunitaria. "Nos parecía que podía ser una buena experiencia de integración social, independientemente del credo de cada uno, para poder entrar en contacto con la naturaleza y con otros, generar vínculos", explica y agrega: "Desde nuestro punto de vista la vida no es consumo, es experiencia humana de compartir".

Trabajan con compostaje, la creación de un sistema de riego y técnicas sencillas para que la tierra filtre menos agua. Cada fin de semana se acerca algún curioso que quiere aprender de su trabajo. Así, como por contagio, se van extendiendo las huertas.

 

Los tres alternativos

plantas nativas
Moringa, papa del aire y semillas de cajanus
Moringa, papa del aire y semillas de cajanus

Moringa. Es la "milagrosa" de la huerta. Sus hojas se pueden secar para usar en té, sus semillas para potabilizar agua y sus hojas sirven para la ensalada. La FAO le atribuye propiedades antibióticas, contra el tripanosoma y la hipotensión, antiespasmódicas, anti-ulcerosas, anti-inflamatorias, hipocolesterolémicas e hipoglucémicas.

Papa del aire. Es el fruto de una planta trepadora con sabor dulzón que se puede cocinar igual que una papa: al horno, frita o hervida.

 

Cajanus. Es una leguminosa del tamaño de una lenteja que se puede cocinar en guisos o cualquier otra receta.

 

 

 

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