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Invertir en educación

El apoyo empresarial a instituciones educativas cada vez suma más adeptos. Los beneficios fiscales y la crisis educativa son las principales causas de este fenómeno

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11 de octubre de 2013 a las 19:38

El apoyo económico empresarial a instituciones educativas, aumenta año a año. Dos factores se conjugan en ese fenómeno: por un lado los beneficios fiscales que otorga el gobierno son un aliciente para colaborar, pero también la crisis educativa que atraviesa el país genera preocupación entre los empresarios, que se preguntan cómo harán en el futuro para conseguir mano de obra calificada.

“No es que sea un tema que esté de moda. En general el sector empresarial identifica el tema educación como un tema clave en el ganar - ganar”, dijo a El Observador, Eduardo Shaw, director Ejecutivo de Deres, quien explicó que el objetivo de la responsabilidad social empresarial es que “ganen todos”, la empresa, la comunidad y la sociedad en general. “La responsabilidad social empresarial trata de compatibilizar la rentabilidad de la empresa con los intereses y preocupaciones de la sociedad”, afirmó.

“El tema educación es clave para el funcionamiento del país, por eso no es casualidad que las empresas focalicen muchos de sus programas en el área educación. Hay una necesidad palpable, los indicadores así lo demuestran y no es casualidad que estén surgiendo iniciativas como el liceo Jubilar o Impulso”, agregó.

Tanto el liceo Jubilar de la Arquidiócesis de Montevideo como el liceo Impulso promovido por la Fundación Impulso, ambos ubicados en la zona de Casavalle, son dos iniciativas privadas que se financian con el aporte de distintas empresas. Otras dos iniciativas de esa zona son el centro educativo Los Pinos y el Centro de Apoyo al Desarrollo Integral (CADI), promovidos ambos por el Opus Dei. A su vez, el año que viene abrirá en Casabó el liceo Providencia, una iniciativa del Movimiento Apostólico de Schoenstatt, con las mismas características que el Jubilar e Impulso, que también contará con el apoyo económico de distintas empresas.

Sin embargo, Shaw advirtió que estas iniciativas a nivel privado no son los únicos aportes que realizan las empresas al sector educación. “También hay muchas iniciativas que van hacia la escuela pública, hacia la UTU, hacia la Universidad o a apoyar iniciativas conjuntas como el Plan Ceibal. Todas ellas responden a una situación donde los empresarios identifican que allí hay que poner recursos”, expresó.

Cimientos en Uruguay
Un ejemplo de lo que señala Shaw es la tarea de la ONG argentina Cimientos que trabaja en Urguay desde 2012 para generar un impacto en la educación de los jóvenes de menores recursos.

En el marco de su programa Futuros Egresados, apadrina actualmente a unos 50 adolescentes de primer año del liceo Nº 22 de La Teja. El programa consiste en un acompañamiento educativo a través del trabajo de un psicólogo y la entrega de una partida de $ 900 mensuales para destinar “a lo que el alumno crea necesario”, ya sea vestimenta, alimentos, artículos escolares, elementos de higiene, etc.

Para participar del programa y obtener la beca, los jóvenes deben mostrar actitud de superación, ganas de aprender y pertenecer a una familia con ingresos inferiores a una canasta básica.

Los logros educativos ya se ven. Cuando el índice de promoción de primer año del liceo Nº 22 era de 56%, el trabajo de la ONG logró aumentar la cifra a 84% en solo un año, dijo a El Observador Valeria Salmain, encargada del proyecto en Uruguay.

Para realizar el acompañamiento educativo el primer paso es la consulta con un psicólogo. “Se estudia cada situación en particular y en caso de que sea necesario se le pide a un docente un informe sobre las dificultades, ya sea de conducta o de aprendizaje”, indicó Salmain.

Sofía Prato es la psicóloga que trabaja con los jóvenes y realiza el acompañamiento pedagógico. Para ello concurre dos o tres veces por semana al liceo. “Reacondicionamos un altillo y ahí es donde recibimos a los chicos. Ellos saben que estoy ahí, entonces pueden ir cuando quieran”, explicó. “Primero se analiza cómo le está yendo en el liceo, cuáles son las materias que le cuestan más y en cuáles presenta menos dificultades, ya que es importante fortalecer los logros”, estimó.

Para ir alcanzando metas, en Cimientos se trabaja con “propósitos mensuales”, agregó. “Por ejemplo, les proponemos que completen la cuadernola de Matemática o que peguen las dos láminas de dibujo que les hayan faltado”. De esta manera, los adolescentes van dando pequeños pasos y avanzan en sus conocimientos.

Los $900 que reciben mensualmente también forman parte de su formación. Los jóvenes pueden gastarlo en lo que crean necesario, pero tienen que dar cuenta de ello. “Muchas veces se han destinado a comprar frazadas o alimentos. Otras en artículos liceales, shampoo, jabón y hasta en tarjetas de celular”, señaló Salmain.

Para monitorear los gastos, los jóvenes deben presentar los comprobantes o una nota dónde se constate su uso. Este sistema genera “autoconfianza (entre los adolescentes) y conciencia de hacia dónde se destina el dinero”, agregó Prato.

Beneficios fiscales
Desde el año 2007 la ley de reforma tributaria (ley 18.083) en el artículo tres contempla las donaciones especiales para aquellas empresas contribuyentes de IRAE (impuesto a la renta), que apoyen económicamente a diversas instituciones privadas u organismos públicos de diversos sectores. El pago del IRAE equivale al 25% del resultado del ejercicio (ganancias menos pérdidas) de la empresa.

La ley establece que el 75% de la donación que realiza la compañía se imputa directamente como pago a cuenta del IRAE. El 25% restante se computa como gasto de la empresa y, por lo tanto, deja de generar IRAE. Por esta razón, la compañía se ahorrará el pago del 25% de este 25%, que equivale a un 6,25%. Sumado al 75% implica que la exoneración tributaria para la empresa será del 81,25%.

La ley establece también un tope anual a las donaciones que las instituciones pueden recibir. Ese tope es determinado por el Ministerio de Economía, según las características de cada empresa. El titular de la Dirección General Impositiva (DGI), Pablo Ferreri dijo a El Observador que en cada rendición de cuentas se establece un lista taxativa de las instituciones que se podrán beneficiar de las donaciones especiales. Sin embargo, Ferreri no pudo precisar la cantidad de empresas que hoy en día colaboran con este tipo de emprendimientos.

Shaw indicó que para las empresas “la ventaja (de esta mecanismo) es básicamente que cada empresa puede elegir dónde realiza el aporte”.

Pablo Bartol, director de centro educativo Los Pinos y profesor del Instituto de Estudios Empresariales de Montevideo (IEEM) señaló a El Observador que el hecho de poder decidir a dónde destinar los impuestos hace que el impacto de la donación sea mucho mayor que si donaran sin descuento de impuestos. Agregó que es algo que atrae a los empresarios a apoyar cada vez más este tipo de iniciativas.

Más allá de esto, Juan José García, profesor de Comportamiento Humano en la Organización y de Responsabilidad de la Empresa en la Sociedad del IEEM, manifestó que las empresas que realizan este tipo de acciones sociales también reciben otros beneficios. En este sentido, mencionó, el valor que agregan a su capital humano.

“Podría sintetizarse diciendo: ‘Dime cómo tratas a los demás y te diré como me va a tratar a mí’”. No obstante, García advirtió que hay que ser “extremadamente coherentes” con esto porque de nada vale realizar acciones de beneficencia si la gestión del capital humano no es buena. “Las acciones sociales pueden volverse en contra de la misma empresa. Los empleados quizá reclamen menos acciones sociales hacia afuera y más atención a los que están adentro”, explicó.

Ayuda sin beneficio
El director ejecutivo de Deres manifestó que para ayudar a las instituciones amparadas en cada rendición de cuentas, la empresa debe contar con la autorización del Estado. “Primero existe la decisión del Estado y luego la voluntad de la empresa”, afirmó.

Si bien este beneficio fiscal ha sido un incentivo para que las empresas se involucren cada vez más en estas acciones, Shaw subrayó que en la suma total “es muchísimo más lo que vuelcan las empresas a organizaciones sin beneficios fiscales (comedores de barrio, pequeñas ONGs, etc), por la cuales no obtienen ningún retorno, que lo que vuelcan en aquellas que sí las reciben”.

“Lo que logra el mecanismo (fiscal) es motivar a las empresas a apoyar proyectos educativos, sociales y de salud, ya que ven un efecto muy grande en comparación con el costo para la empresa. Si no tuvieran ese incentivo tal vez no donarían”, señaló Bartol.

Por su parte, García advirtió que en general las empresas intentan llegar a aquellos sectores donde el Estado no llega con el objetivo de poder ayudar a salir adelante a aquellas personas o grupos sociales que solos no lo harían. “Coincido con el dicho que sostiene que no se trata de dar pescado sino de enseñar a pescar. Pero no se me escapa que a veces hay que dar pescado hasta que aprendan a pescar; sin olvidar que quien les enseñó a pescar no puede desentenderse totalmente de dónde van a encontrar pescado”, expresó.

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