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Los empleos que se pierden y el ministro flechado

En el terreno de las señales que necesita la economía, el equipo de Astori tiene un gran enemigo interno

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01 de septiembre de 2018 a las 05:04

Un supermercado instaló en una sucursal un sistema piloto por el que es el cliente quien escanea a lo largo de la compra cada uno de los productos y cuando llega a la salida, solo tiene que pagar. Decenas de empresas compraron software que les solucionan todo el manejo contable y buena parte del administrativo. Varias mutualistas digitalizaron el 100% de su historia clínica, que la carga cada médico y no necesitan ni traslado ni depósito.

La automatización avanza. Pocos quieren decirlo. Lo hacen en silencio y si alguien les pregunta, dejan claro que esas decisiones no implican despidos. Todos tienen presente la situación actual de Conaprole, que automatizó varios procesos y ahora se las ve muy complicadas con el sindicato, por más que no hizo recortes.

¿Los empresarios lo hacen por malos? ¿Les gusta tener que achicar la plantilla laboral? A alguno puede no importarle tener que hacerlo. Lo seguro es que a muchos, les cuesta despedir a alguien.

Pero el diagnóstico al que llegan es que desde hace un tiempo la rentabilidad se les complica. En muchos casos incluso desapareció. ¿Cómo lo solucionan? "Por cantidad", como dicen en la jerga empresarial. Y se refleja en los puestos de trabajo.

Esta semana, en una conferencia organizada para suscriptores de El Observador, el economista Ignacio Munyo, director del Centro de Economía del IEEM, destacó la pérdida de 55 mil puestos de trabajo desde fines de 2014 hasta la fecha y que la mayoría de ellos se dieron en trabajos que pueden ser sustituidos por la tecnología.

“Las posiciones que han desaparecido desde 2014 hasta ahora son las medianamente automatizables. Está pasando lo que se pensaba que iba a pasar. En un contexto en el que el salario subió y la rentabilidad se ha comprimido en todos los sectores cada vez es más fácil el acceso a la automatización. No estamos hablando de un robot, estamos hablando de software, de aplicaciones”, dijo Munyo.

Si una empresa debe decidir si toma a una persona para su empresa, lo piensa muchísimo más que un tiempo atrás. La última encuesta de expectativas empresariales publicada por la consultora Deloite en mayo reveló que cuatro de cada diez empresas prevé ajustar a la baja la contratación de personal.


 

Además, la evaluación del clima de inversiones empeoró respecto a la medición anterior de octubre de 2017. El porcentaje de ejecutivos que lo evaluó como "peor" subió 18 puntos y llegó a 45%. 

En economía la confianza es algo clave, no solo para asegurar un buen clima de inversiones y de empleo. Si no preguntarle al presidente argentino Mauricio Macri, que esta semana quiso llevar confianza y con un discurso más que apagar el fuego le echó nafta.

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La confianza se construye con gestos políticos, pero también con realidades. En ese segundo terreno el gobierno uruguayo la tiene difícil por condiciones naturales: los números del déficit y una proyección de crecimiento condicionada son algunos de ellos. Pero en el discursivo, donde todo es más manejable, solo aparecen goles en contra.

El equipo económico hace bien su trabajo en ese campo. Tanto el ministro Danilo Astori como el viceministro Pablo Ferreri esta semana salieron a dar señales. Pero tienen en el gobierno a otras figuras que "parecen contrarios", como dijo en un histórico discurso un dirigente blanco mientras algunos de sus correligionarios tiraban bombas de estruendo.

Cero aporte al clima de inversiones y a cuidar los empleos generan, por ejemplo, declaraciones del ministro de Trabajo, Ernesto Murro, cuando por ejemplo esta semana culpó (equivocadamente) a los distribuidores de leche de un paro que nunca hicieron. Dijo que faltó leche por “un paro empresarial" y que "los que resolvieron no distribuir fueron los empresarios, no los trabajadores". Eso fue desmentido por los distribuidores, que aclararon en Sarandí que estuvieron prontos para distribuir pero no se les entregó el producto. 

Pero más allá de la confusión, que seguramente fue una equivocación, estuvo la crítica a la supuesta acción de los empresarios. No es la primera vez que el ministro, que ahora está entusiasmado con ser precandidato, mide con distinta vara una misma actitud de diferentes actores. Es difícil encontrar una actitud de Murro criticando a un gremio. 

Un ministro de Trabajo que no sea equilibrado, no le hace bien ni al gobierno ni al clima de negocios. Hay sindicalistas muy responsables, como el presidente del PIT-CNT Fernando Pereira -que esta semana se mostró preocupado por las pérdidas de empleo y la automatización. Se debería esperar un rol mucho más activo de Murro en ese asunto, que cuando le preguntaron por los 45 mil puestos perdidos desde 2014  contestó como un candidato que durante los gobiernos frenteamplistas se crearon 300 mil fuentes laborales. 

 

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