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La surrealista resaca causada por el tipo de Trastorno Obsesivo Compulsivo que padezco

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22 de agosto de 2019 a las 17:11

Sarah diving into the bin to search for the paracetamol box
Sarah Dousse
Sarah revolvió el latón de basura para encontrar la caja de paracetamol vacía.

A veces, la vida con una discapacidad puede ser diferente y difícil. Pero en medio de la incomodidad se puede encontrar el humor.

Este es el testimonio de Sarah Collins, de Reino Unido, quien tiene un tipo de Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) que ocasionalmente le crea falsos recuerdos.


Tengo una condición que algunos llaman Pure-O (TOC puramente obsesivo). Un tipo de TOC que no involucra sus rasgos más tradicionales, como la necesidad de que todo sea simétrico.

Mi habitación es la habitación más desordenada del mundo.

Para mí, el TOC puramente obsesivo se trata de buscar seguridad, o básicamente de preguntarle a mi pobre madre una y otra vez si está absolutamente segura de que no voy a empujarla frente a un tren.

Con TOC, es fácil perderse y guiarse por una voz que no es la mía. Esa voz no refleja mi personalidad porque es melodramática, excéntrica y francamente mala. En su extremo, puede generar recuerdos falsos.

Hace unos años, al terminar mis exámenes de fin de secundaria, me fui de fiesta con mis amigos.

Por suerte, el TOC nunca ha afectado mi habilidad para pasármelo bien en la reputada tradición británica. Sin embargo, los efectos tras beber, en mi caso, pueden extenderse de la habitual resaca.

Cuando llegué a casa, me di cuenta que bebí de más. Me iba de compras con mi hermana al día siguiente y, sin un método preventivo, mis planes correrían peligro a cuentas de una grave y vengativa resaca.

Así que fui a la cocina, llené un vaso con agua y tomé dos tabletas de paracetamol. Estaba un poco borracha, pero consciente, y me fui a la cama.

Sarah Collins
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Sarah Collin sufrió experimentó la paranoia en un día de resaca.

Al otro día me desperté con un tremendo dolor de cabeza y me quedé inmóvil por unos momentos.

Revisé mis recuerdos de la noche anterior y comprobé que no había hecho nada vergonzoso que arruinara mi vida. Me visualicé llegando a casa, yendo a la cocina y tomándome el paracetamol.

Entonces acudió. El pensamiento intrusivo... me había tomado la caja entera de paracetamol.

En mi estúpida borrachera me había tomado las 24 tabletas, quizás más.

Podía sentir la tableta en mis manos, tragar cada pastilla. Corría un grave peligro. Si no actuaba rápido, sufriría un irreversible daño en el hígado que me llevaría a la muerte segura.

El pánico aumentó. Y con las náuseas, la evidencia de que moría. Esto no podía ser una simple resaca.

Bajé las escaleras en busca de la caja o las cajas vacías, los paquetes abandonados en el mostrador.

Pero no había nada.

En un irreconocible movimiento lo había dejado todo organizado. Abrí la alacena y, para mi alivio, vi la caja de paracetamol con solo dos tabletas faltantes. Iba a estar bien.

Pero espera. ¿Cómo podía estar 100% segura de que era la misma caja de anoche? ¿Y si me había tomado las 24, tirado luego a la basura la caja vacía y alguien más en casa compró una nueva?

Y, por arte de magia, ahí estaba, otro recuerdo: el del cesto de basura cerrándose.

¡Dios! ¡Tendría que mirar en la basura!

Jamás me había sentido tan lejos del clásico TOC como en ese momento.

Me situé de frente a la basura, bajé la cabeza y rastreé entre col podrida y queso.

La caja no estaba en la basura.

Hombre cortando césped.
Getty Images
Según Sarah Collins, su TOC no es del tipo que necesita que todo sea completamente simétrico.

Tuve una idea brillante. Por supuesto que la caja vacía no estaría allí. Como buena millenial, aunque estuviese borracha, no me olvidaría de reciclar.

Revisé el contenedor de reciclaje, tampoco estaba. Solo me quedaba una opción: llamar al 111, a emergencias.

Operador: "Hola, es el 111, ¿cuál es su problema hoy?"

Yo: "Creo que tomé una sobredosis de paracetamol".

Operador: "¿Cuántas tabletas en las últimas 24 horas?"

Yo: "Solo tomé dos. Pero estaba muy borracha y tengo la sensación de haber tomado una sobredosis".

Operador: "¿Pero solo recuerdas dos? ¿Solo una sensación de haber tomado más?"

Yo: "Sí, y me siento con ganas de vomitar, cansada y horrible".

Operador: "Creo que solo tienes una resaca, querida".

Esa fue la opinión oficial. Viviría. Podía seguir con mi día.

Después, yendo en un tren con mi hermana, me vino otro pensamiento: yo, entubada sobre una cama de hospital.

Sarah Collins performing at Storytelling Live
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"Tengo una condición que algunos llaman Pure-O (TOC puramente obsesivo). Un tipo de TOC que no involucra los rasgos más tradicionales como la necesidad de que todo sea simétrico".

Las palabras sobre un fondo negro comenzaron a parpadear en mi mente, burlándose: "si me hubieras escuchado. Podías haberlo prevenido. Pudiste haber ido al hospital y lavar tu estómago".

Cuando el tren se detuvo, tuve un plan. Le dije a mi hermana que debía comprar unos detalles para la universidad y que la vería luego.

Corrí a agarrar el tren para el hospital más cercano. Tendría al menos dos horas antes de que el daño se asentara en mi hígado.

Sudaba mientras el tren se detenía. Subí con prisas las escaleras, empujé las puertas y eché a correr cruzando la calle. Me detuve ante la puerta de la clínica mientras recuperaba el aliento. Me di cuenta que aunque supiera dónde estaba, estaba perdida en un mundo de pensamientos amenazantes.

Reproduje los momentos previos antes de irme a la cama anoche. Esta vez despacio y con detalle. Había cruzado la puerta, llegado a la cocina y tomado dos tabletas de paracetamol. Después devolví la caja a la alacena y me fui a dormir.

Entonces mi TOC chirrió: "¿Qué estás haciendo? ¿Qué hay con los otros recuerdos?"

Ilustración de Sarah saliendo del hospital
Sarah Dousse
La obsesión de Sarah le llevó al hospital.

Pero cuando intenté recordar las 24 tabletas, el reciclaje, la cama del hospital, no los podía encontrar. Los recuerdos se formaron en otros miedos y formularon la pregunta: ¿y si..?

Escuché mi propia voz, por debajo de la otra charla, diciendo: "Date la vuelta y vete".

En frente de otras personas con fracturas en las piernas y fiebres altas cojeando dentro de la clínica, me volteé y regresé a la estación de tren y con mi hermana.

Había encontrado mi camino.


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