Christine Lagarde, titular del Banco Central Europeo.
Laura García

Laura García

Analista Financiera

Miradas > Europa y la economía

Lagarde, tasas y recesión: España se frena con un rebrote de inflación

La titular del Banco Central Europeo dejó las tasas en 4,5% por un tiempo, hasta que la inflación se normalice. Preocupa la ralentización del crecimiento. Incluso España pasó de crecer al 4,2% interanual en el primer trimestre al 1,8% en el tercero. La inflación saltó del 2,6% al 3,5% interanual en septiembre y aún puede subir hasta la zona del 4%, pero luego bajará.
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28 de octubre de 2023 a las 12:05

Algo cambió. Para el español medio bien informado pero que no trabaja analizando cada gesto encriptado de los banqueros centrales ni los meandros de sus estrategias monetarias resulta evidente.

Christine Lagarde, la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), obsesionada con su mandato de bajar la inflación, que en un ciclo aguerrido de 10 meses subió el costo del dinero en 450 puntos porcentuales, acaba de hacer algo más que no tocar las tasas. Cambió la narrativa. 

No sólo hizo finalmente la pausa de la que se venía hablando. Un descanso, un respiro, como quien toma impulso, quizás. No.

Aseguró que las tasas quedarán por un buen tiempo en el nivel actual de 4,5%, lo suficientemente restrictivo desde el punto de vista monetario como para eventualmente conducir al objetivo deseado del 2% que marca el BCE.

Esta Lagarde parece otra, más relajada. Una Lagarde en pausa extendida. 

Pero no. Los especialistas advierten que es, en realidad, todo lo contrario. Una Lagarde acechada por el fantasma de una recesión autoinfligida que finalmente la alcanzó y la hizo reaccionar. Mejor convivir con un poco de inflación y tardar más en llegar al target que terminar estrellando el avión.

 

Dónde encajan los españoles

 

Una primera pregunta que podría hacerse un español es por qué frenar el endurecimiento monetario (a esta altura casi todos manejan la jerga) justo cuando el proceso de desinflación doméstica está tambaleando. 

La inflación venía de 1,9% en junio, pasó a 2,3% en julio, 2,6% en agosto y pegó un salto a 3,5% en septiembre.

La subyacente, que excluye energía y alimentos no elaborados, viene en leve declive desde 6,2% en junio, se mantuvo estable en 6,1% durante julio y agosto y descendió a 5,8% en septiembre. 

Manuel Hidalgo, doctor en Economía en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, explica que “el aumento de la inflación que vimos en España tuvo que ver con el repunte de los combustibles y de hecho, de acá a diciembre todavía podemos ver incrementos con niveles de 4% o 4,5% pero después volverá a bajar”.

“Lo que observamos ahora -agrega- es también lo que se llama efecto base. El año pasado para esta fecha se había registrado una baja muy pronunciada y es contra ese momento que estamos comparando”.

Desde ya que el BCE mira los números de la Unión Europea (UE), un bloque sumamente heterogéneo y cada vez más divergente.

En la UE, la inflación general cayó de 5,2% en agosto a 4,3% en septiembre, cuando en septiembre del año pasado era del 9,9%. En tanto, la subyacente, retrocedió de 5,3% a 4,5%.

Según la estimación provisional de Eurostat, Países Bajos y Bélgica son los países de la región con menos inflación.

En septiembre se destaca la pronunciada caída en Alemania, de casi dos puntos, para situarse en 4,3%, idéntica a la media de la zona euro. 

España es otra vez la economía con menor inflación de las cuatro grandes, con una tasa armonizada del 3,2%, inferior a la de Francia e Italia. Las subas más intensas de los precios fueron en Eslovaquia, Croacia y Eslovenia.

 

La economía cruje

 

El economista José Carlos Díez, presidente de la gestora de capital de riesgo LUAfund y CEO de la consultora Global Economic Analysis, explica: “Les preocupa el crecimiento. La decisión de Lagarde se basa en el frenazo muy fuerte de China y la economía global, mientras que por otro lado, los datos de inflación fueron mejores de lo previsto. Los bienes industriales, por ejemplo, bajaron dos puntos porcentuales desde mayo”. 

Y aclara: “Están diciendo, no vamos a bajar los tipos, pero estos niveles nos van a llevar al target. Con esto, dejó a los alemanes y a los halcones fuera de juego”. 

Alemania, motor económico de Europa, emergió de la recesión en el segundo trimestre, cuando su actividad se estancó, después de dos trimestres consecutivos en negativo. 

El PBI retrocedió 0,4% en el último trimestre de 2022 y 0,1% en el primer trimestre de este año. El Bundesbank, el banco central alemán, ya anticipó que probablemente la economía volvió a contraerse entre julio y septiembre. 

Sin llegar a ese extremo, los españoles también estamos experimentando una clara desaceleración de la actividad.

Sin ir más lejos, el reciente dato del PBI del tercer trimestre mostró un avance interanual del 1,8%, contra el 2% del trimestre anterior y el 4,2% del primer trimestre del año.

Si vemos la expansión trimestral, pasó del 0,6% en el primero, al 0,4% en el segundo y al 0,3% en el tercero. Es claro que la economía resiste pero está perdiendo impulso. 

Díez apunta que “en España está ayudando el consumo de los hogares, gracias a la suba de los salarios por la inflación, mientras que ahora caen las exportaciones, que eran las que traccionaban en un principio. Dos tercios de nuestras exportaciones van a la UE, lo que muestra el parate. Alemania, a su vez, se ve afectada por China”. 

Hidalgo, por su parte, coincide: “La economía global se está ralentizando. Hoy al BCE le preocupa más una recesión autoinflingida. Lagarde dice: puedo tener una inflación de 3% o 3,5% por un año. El objetivo de 2% es un objetivo de mediano plazo. Puedo conseguirlo en dos años. No es algo excesivamente doloroso”. Y añade que además con esta decisión han querido matar las expectativas de inflación. 

Por último queda la cuestión geopolítica. El español medio que tiene perfecto registro de cómo la guerra entre Rusia y Ucrania había disparado los precios del gas y provocado el pico de casi 11% de inflación bien podría preguntarse si la guerra en Israel y la amenaza que supone en ese sentido no podrían desarmar esta pausa en un segundo. Bueno, sí. 

“La cuestión geopolítica es un riesgo, -admite Díez-. Un contagio de la guerra en Israel a Irán, por ejemplo, que corte el estrecho de Ormuz, por donde circula la producción de crudo. Pero hasta ahora el precio del petróleo no refleja ese escenario. No es lo que se está viendo, lo que no quiere decir que no vaya a pasar. Si el crudo llega a $100- $120, entonces siempre se puede cambiar de discurso”. 

El Brent llegó a u$s 126 en la guerra en Ucrania. En la guerra en Israel partió de u$s 85 y tocó u$s 96 pero hoy cotiza abajo de u$s 90. 

Hablando de pausas, la semana que viene es el turno de la Fed, que hizo un uso completamente distinto de la pausa. Después de 15 meses, dejó las tasas estables en junio dando a entender que se detenía para “mirar los datos”. En septiembre, lo hizo de vuelta. Pero nunca insinuó que descartaba más alzas. 

Quizás tenga que dar marcha atrás. Quizás no. Pero esta Lagarde en pausa extendida trae cierto alivio a los españoles después de casi un año de escalada en los costos de financiación. 

Es un BCE menos rígido que admite convivir más tiempo con algo de inflación a cambio de no trabar la rueda de las economías. Algo positivo para España, aún cuando esté entre los países con menos inflación y tenga una economía aún resiliente. Porque si a los vecinos les va mal, nadie prospera.

 

 

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