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Las fuerzas armadas en Argentina y un oxígeno político para Macri

La redefinición del rol de los militares corrió la discusión política y devolvió al presidente Mauricio Macri a la confrontación ideológica con la oposición

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04 de agosto de 2018 a las 05:00

Es uno de esos temas que parecen destinados al eterno retorno en el debate político argentino: una vez más, como tantas otras a lo largo de las últimas décadas, la discusión gira en torno a las Fuerzas Armadas, su rol en el régimen democrático, su nivel de equipamiento y la formación de sus integrantes.

Todo surgió a raíz de la propuesta –en forma de decreto presidencial– que hizo Mauricio Macri, en el sentido de reformular la definición de "defensa nacional". Ahora ya no se limitará en la respuesta contra la eventual agresión de otro Estado, sino que implicará la defensa de objetivos estratégicos del país y la defensa contra cualquier ataque del exterior –aunque no sea de tipo militar.

Ello abre la posibilidad, hasta ahora cerrada, de que los militares participen en la lucha contra el narcotráfico en las zonas fronterizas y que se sumen al cuidado de yacimientos petrolíferos o mineros.
Y la respuesta no se hizo esperar. Desde críticas por la falta de eficacia de los militares en la lucha contra el narcotráfico hasta acusaciones de que todo es en realidad una excusa para usar a las Fuerzas Armadas como parte de una represión interna ante el aumento de la protesta social en las calles, todo se ha dicho en los últimos días.

"No queremos nunca más las Fuerzas Armadas en las calles. No queremos más ajuste y represión", dijo Nora Cortiñas, una de las figuras más notorias de las Madres de Plaza de Mayo, al convocar a una marcha de repudio. Y su frase es una síntesis sobre cómo el tema rápidamente se politizó y adquirió un sesgo ideológico, en el cual los militares vuelven a ser vistos como "brazo armado" de un gobierno que no logra consenso social con su plan económico de austeridad.

Un respiro

Lo cierto es que, para Macri, el decreto resultó funcional a este momento de la situación política argentina. Al plantear una reformulación sobre el rol de las Fuerzas Armadas, lo que hizo el presidente fue asentar los pilares sobre los cuales se asienta su filosofía de gestión.

Para empezar, porque va en línea con el discurso de austeridad. Tener a 70 mil efectivos sin tareas demasiado relevantes ni visibles que hacer no se condice con un momento de foco en la cuestión fiscal, que incluye el recorte de empleados en la nómina de asalariados estatales. Ahora, con el nuevo decreto, se generará una sensación de "utilidad práctica" en el presupuesto destinado a la defensa nacional.

En segundo lugar, el decreto reafirma la importancia que tiene para el macrismo el hecho de mostrar éxitos en la lucha contra el narcotráfico. Es un tema cuya relevancia social –y, por consiguiente, electoral–, se ha comprobado en los comicios legislativos de 2017. La gobernadora María Eugenia Vidal logró un resonante triunfo al centrar su campaña en detallar las acciones contra el narcotráfico en barriadas pobres donde los narcos hacen estragos.

Es lo que explica también por qué la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, es una de las figuras más populares del gobierno. Bullrich –a quien la oposición califica como "populista de derecha" hace una permanente difusión en las redes de los operativos antinarco. En general se trata de controles en rutas o aeropuertos clandestinos en provincias del norte, así como descubrimientos de cargamentos de droga que ingresan desde el exterior.

Los partidarios de Bullrich afirman que el hecho de que en el mercado de las drogas haya subido el precio –lo cual indicaría una retracción en la oferta– es una prueba incontestable del éxito gubernamental.

Por último, el decreto que reformula el rol de los militares también supone un reforzamiento del realineamiento internacional que pretende Macri. Plantea que las antiguas hipótesis de conflicto –que básicamente planteaban el riesgo de una guerra con Chile o una invasión brasileña– hoy son anacrónicas, y que no resultan dignas de plantearse cuando el país avanza en acuerdos de cooperación e intercambio comercial.

Vieja confrontación

Por lo pronto, Macri ya está recogiendo beneficios políticos por su iniciativa. El primer efecto fue cambiar la agenda de la discusión política, que en las últimas semanas había estado centrada en dos temas incómodos para el gobierno: la disparada inflacionaria y las acusaciones contra la gobernadora Vidal por aportantes "truchos" a la campaña electoral. Esos temas son graves para la coalición gobernante Cambiemos, que llegó al poder con la promesa de la eficiencia en el manejo de la economía y de la transparencia en la forma de hacer política.

Ahora, en cambio, el debate sobre las Fuerzas Armadas devuelve al gobierno a un terreno donde se siente cómodo: la confrontación con el kirchnerismo y la izquierda. Y es allí donde puede volver a uno de sus argumentos preferidos: que mientras Cambiemos representa la modernidad y el ingreso de Argentina a la globalización del siglo 21, la oposición representa a una forma antigua de hacer política, que quedó estancada en las confrontaciones propias de la Guerra Fría.

El hecho de que las manifestaciones –no muy nutridas– para protestar contra el decreto hayan sido convocadas por figuras desprestigiadas, como la titular de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, ilustra ese tipo de pelea política donde Macri siente que tiene todo para ganar.

Cada vez que un dirigente político opositor vuelve a las clásicas comparaciones entre el macrismo y la dictadura militar de los años de 1970, el macrismo siente que recupera votos en la clase media.
Pero, claro, el hecho de que las Fuerzas Armadas hayan regresado a la tapa de los diarios no significa que esté en el tope de las preocupaciones de la opinión pública, que realmente sigue el tema desde lejos.

Las encuestas de opinión pública no registran al tema militar en el ranking de preocupaciones de los argentinos. Y, en todo caso, lo que sí aparece en un lugar relevante es la criminalidad de las grandes ciudades, segundo tema de preocupación detrás de la inflación.

En ese punto, la sola mención de que los militares podrían reforzar la seguridad es algo que despierta la adhesión mayoritaria. Y, lo que es más importante para el gobierno, ese apoyo se da en zonas donde suele ganar el peronismo, como las provincias del norte y el conurbano bonaerense.

Hasta ahora, la última noticia que los argentinos habían escuchado sobre las Fuerzas Armadas tenía relación con el descontento por tema salarial. Incluso se especuló que por ese motivo fue que se suspendió el tradicional desfile militar el pasado 9 de julio, cuando se celebró el 202º aniversario de la declaración de independencia.

Antes de eso, el otro tema de relevancia había sido la trágica desaparición –por una presunta explosión– del submarino ARA San Juan, un evento que dejó al descubierto el deterioro sufrido en el equipamiento militar.

La reacción de la oposición política plantea varios tipos de crítica. La primera es de tipo jurídico: afirman que Macri no puede, con un decreto, reglamentar una ley y cambiar el espíritu de su letra. En consecuencia, el kirchnerismo presentó un proyecto en el Congreso, por el cual apuntan a dejar sin efecto el decreto presidencial.

La segunda objeción hace foco en la eficiencia militar. Se plantea que los países que han recurrido a sus Fuerzas Armadas para luchar contra los carteles de la droga –sobre todo los casos más notorios de Colombia y México– no han arrojado buen resultado. Afirman que no solo no hubo avances concretos sino que, para empeorar las cosas, se ha comprobado la capacidad de los narcos para corromper los mandos militares.

Y en ese punto no solo argumentan los políticos sino también varios militares retirados. Es el caso de Martín Balza, ex comandante en jefe del Ejército, para quien los antecedentes de la región solo lograron "la desprofesionalización de las Fuerzas Armadas".

"No están preparadas las Fuerzas Armadas. No tienen ni por misión, ni por estructura, ni por despliegue, ni por instrucción, ni por adiestramiento, ni por material, la capacitación para actuar contra el narcotráfico", sostuvo el ex jefe del Ejército.

Ante esas críticas, lo que responde el gobierno es que no van a sustituir a las fuerzas policiales sino a prestar un apoyo logístico, pero sin actuar de forma autónoma. Sin muchos detalles sobre cómo se haría esa coordinación.

Pero el debate no se limita a la cuestión del narcotráfico, sino que llega a otro punto más inquietante. Como el decreto establece –sin entrar en detalles concretos– que los militares tendrán como función "la custodia y protección de los objetivos estratégicos", la oposición cree ver allí una puerta abierta para la represión en situaciones como protestas sindicales en yacimientos petrolíferos y mineros, o el desalojo de las ocupaciones mapuches en terrenos patagónicos.

Las sospechas están relacionadas con eventos violentos ocurridos en los últimos años en el yacimiento petrolífero Cerro Dragón, así como en las insinuaciones de grupos mapuches por reclamar derechos sobre las tierras donde está el megayacimiento de Vaca Muerta.

Ese debate ha dado motivo a las acusaciones sobre conspiraciones geopolíticas: la oposición afirma que ahí reside el verdadero interés de Macri, y que está en línea con un interés estratégico de Estados Unidos.

Así lo expuso Jorge Taiana, ex canciller del kirchnerismo: "Cambiar el rol de las Fuerzas Armadas es un viejo objetivo del Pentágono y el Comando Sur de los Estados Unidos, que pretenden ser ellos quienes ofrezcan seguridad en la región, para que los ejércitos locales se transformen en guardias nacionales encargadas de los delitos de trata, narcotráfico y terrorismo".

Así está planteado el debate militar en Argentina: una mezcla de advertencias sobre pérdida de soberanía y críticas al plan de ajuste económico del gobierno. Un escenario en el que Macri tiene más para ganar, políticamente hablando.

Y algo de eso se está viendo en estos días en el debate en las redes sociales. Ante las acusaciones sobre "la vuelta de los represores a las calles", los cibermilitantes del macrismo responden con un argumento lapidario: las fotos de Cristina Kirchner imponiendo en su cargo de jefe del Ejército al general César Milani, hoy preso y acusado por delitos de lesa humanidad.

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