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Los nuevos mensajes que hablan desde los muros de la ciudad

El activismo gráfico es un fenómeno que se ha profundizando en los últimos dos años en Montevideo

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03 de noviembre de 2020 a las 05:02

La calle es el espacio democrático por excelencia. Todas las personas, sin excepción,  la transitan. El paisaje urbano está copado por mensajes que venden productos o servicios, publicidades de grandes marcas y de shows, alquileres de casas y letreros de negocios. Pero algo está cambiando. En todo este sistema de lectura callejera irrumpen con fuerza las pegatinas gráficas, hechas y pensadas con el objetivo de dar un mensaje distinto, que invite a reflexionar sobre lo cotidiano, pero también hable de política y de la forma en la que vivimos por estos días. Pero además, hace todo esto con una propuesta que da importancia a la estética y a la continuidad. 

El trabajo de pensar una idea, bajarla al papel y llevarla a las calles lo hace paso a paso la misma persona. El proceso es parte de la intervención creativa, y es en sí mismo una forma de hablar en la calle. Un lenguaje que se mixtura y adquiere voz propia según el muro en el que esté pegado.   

“Lo mío nació de algo entre amigos. De reírnos sobre lo que nos pasaba. En ese momento tenía dos trabajos, y ni me daba para pagar el alquiler. Y lo que notamos fue que esto era algo que le pasaba a muchos, pero era un tema del que no se hablaba”, cuenta Germán Di Pierro, escritor con dos libros ya publicados, que en 2017 comenzó a desarrollar el proyecto Casa de Balneario. La propuesta que maneja es el humor absurdo como herramienta para comunicar y hablar sobre asuntos cotidianos, como el empleo, la vivienda, el uso del tiempo, pero también de los sueños y hasta los lugares a los que se puede ir en búsqueda de la felicidad. 

Sus trabajos son dibujos en blanco y negro que estampa por distintos puntos de la ciudad. Algunos funcionan como unidad, y otros son grupos de piezas que pega en forma de un relato gráfico. Y los lugares no se eligen al azar. La idea nunca es vandalizar espacios, sino sumar a lo que ya hay, por eso muchas veces elige pegar donde ya hay otros que lo han hecho o  en espacios con grafitis, para que sus mensajes entren en sintonía con otros que “ya habitan la calle”. 

Además de pensar en esto tiene en cuenta la superficie a pegar, para que el trabajo dure más tiempo, y también para que tenga visibilidad. “En esto la altura también es importante, porque se ven más y también es más difícil que los arranquen”, cuenta Di Pierro, aunque agrega que no le importa si eso pasa. “Es parte de esto, y del diálogo que se genera”, asegura. 

Epitafios 

Y en esto del activismo callejero también hay otras voces. “Siempre invito a todos a que se animen a hablar en la calle. Me llegan mensajes, y explico cómo hago el engrudo. También hay personas con dudas de si es legal o no”, cuenta Gastón Rosa, que es quien está detrás de Untonga. Para Rosa hay espacios que tienen características que permiten intervenir, y esto es por el lugar en sí mismo, y también por el contexto de la zona. 

Al igual que Casa de Balneario, el proyecto Rosa ha sido constante en el tiempo, en la estética que utiliza y también en la línea editorial que plasma. Untonga comenzó a funcionar en Santiago de Chile, las primeras acciones nacieron de una necesidad del autor de decir lo que le pasaba, y lo que veía que pasaba afuera. “Fue una mezcla entre ambas. Una necesidad y a su vez también un capricho”, relata Rosa.
La forma en la que se viven las represiones a las manifestaciones sociales por parte de la policía en Chile, fue el primer insumo que despertó la necesidad de hacer algo. “Ellos tienen muy naturalizado el uso del gas lacrimógeno, y yo me obsesioné con ese tema, además acá no estamos acostumbrados a eso”, cuenta. Por eso su primer mensaje estampado en la calle fue: “Pensar, aunque te tiren gas”.

Sus pegatinas son en colores pasteles, usa mucho el rosado y la característica principal es que los dibujos tienen forma de tumba, y que sus mensajes funcionan como epitafios. “Siempre me pareció que hay que integrar mucho más la idea de muerte a la vida. Las únicas certezas que tenemos es que nacemos y nos vamos a morir. Por eso me gusta pensar que tenemos pequeñas muertes a lo largo de nuestra vida -como una separación amorosa o la pérdida de un empleo-  que después traen a la vez renaceres”. 

El último mensaje que dejó en Chile, antes de volverse a Montevideo fue una pegatina en la que como epitafio se leía: “Estuve aquí por amor”. Rosa, que se dedica al trabajo creativo en publicidad, cuenta que abrir este canal “fue hasta un poco terapéutico”. 

El diálogo de calles y redes 

Lo particular de gran parte de estos proyectos de activismo gráfico es que tienen varios espacios de socialización. Algunos no solo ponen sus @ para que de la calle puedas ir a sus redes sociales, sino que consideran que parte de la obra culmina después de que está pegada en un muro y se genera una interacción virtual con las personas que la ven. 

Comparten lo que las personas publican sobre sus obras en sus redes, y hasta dejan códigos QR para que quienes se identifiquen con el mensaje puedan ir por más información. Las sinergias son distintas, según la idea de cada proyecto, pero lo común a todos es que buscan llegar con sus mensajes a personas que no están dentro de su círculo. Este es el caso de Microutopías, un proyecto colectivo llevado adelante por Darío Marroche y Victoria Apud en Montevideo, y Florencia Lastreto desde San Pablo. 

La idea nació en el viaje de arquitectura de Marroche y como el propio nombre lo dice: Microutopías, busca hablar de los pequeños cambios, a veces mínimos, pero que sí son realizables. Sus materiales tienen distintos soportes, y si bien algunos tienen su socialización en la calle, no es este el único objetivo. Su propuesta de activismo gráfico se articula en muchos soportes: el digital, el impreso y la calle. 
“Tiene que haber cierto equilibrio entre lo que se dice y cómo se dice, para que el mensaje llegue de forma efectiva, despertando curiosidad e interés y que invite a la reflexión”, dice Marroche. Los mensajes y los soportes son muy pensados. “Le prestamos atención en la conceptualización de los distintos trabajos, que la idea y su resolución gráfica no sea muy abstracta para que se entienda fácilmente, que no sea demasiado poética y pierda contexto, ni muy directa para que caiga en lo panfletario”, puntualiza el arquitecto. 

Algunos defienden las intervenciones en la calle como espacio auténtico para manifestarse. Otros creen que los soportes pueden cambiar, y que lo importante es llegar con los mensajes, que tienen una fuerte carga de crítica política y social y que toman sentido distinto en cada lector. Pero trabajan juntos, salen por la noche a pegar, comparten ideas, espacios de trabajo y también ferias de ventas. Montevideo es chico, muchos se conocen, y todo indica que las calles van a seguir dándoles lugar.  

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