Alberto Ramos, economista jefe de Goldman Sachs.
Laura García

Laura García

Analista Financiera

Economía y Finanzas > Alberto Ramos, de Goldman Sachs 

“No hay una solución que no sea dolorosa para la Argentina” 

Alberto Ramos es el economista jefe del banco Goldman Sachs para América latina desde hace más de 20 años. Habló con Laura García, para El Observador España, sobre la nueva administración en Argentina, donde espera que para la primera mitad del 2024 la inflación esté arriba del 250% anual. Explicó que para los empresarios la situación ya es crítica, con un nivel masivo de represión financiera, y afrontan la transición como única salida. El peor escenario: que el ajuste se dé en forma caótica, desordenada y disruptiva.
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03 de enero de 2024 a las 16:05

La región, tantas veces fatalmente atascada en crisis recurrentes, logró manejarse en este último tiempo en el frente inflacionario con una solvencia de viejos conocidos, al punto que varios bancos centrales ya vienen bajando las tasas de interés en un contexto de resiliencia del crecimiento.

Ecuador, con la inflación esperada más baja para el año que viene del 2%, está en el extremo opuesto a Colombia, con el 6%, pero que la recortaría desde el 9,7%.

Son los números que maneja Alberto Ramos, economista jefe para América latina de Goldman Sachs hace más de 20 años, uno de los expertos que más saben de la región.

Con una inflación que ya es extraordinariamente alta en Argentina, de 160,9% anual a noviembre, esperamos que para diciembre ya cruce el 200%, entre otras cosas como consecuencia del traslado a precios (pass-through) de la devaluación, y que en la primera mitad del 2024 supere el 250%”, le dice a El Observador España.

Y aclara sin vueltas: “Para las empresas la situación ya es crítica y se trata de evitar que termine en una crisis devastadora. No hay una solución que no sea dolorosa para salir de esto. Para arreglarlo, lamentablemente va a empeorar en el corto plazo antes de mejorar”. 

Según Ramos, es el momento de ser realistas y reconocer la monumentalidad de los costos de las políticas de los últimos años. El 40% de la población argentina está por debajo de la línea de pobreza, cuando en 2017 era el 26%. Para fines de este año, el PBI real per cápita cerrará 10 puntos porcentuales por debajo del de 2011, el máximo histórico.

Y las empresas lo entienden. Esa transición -durísima pero necesaria- ya está en marcha. 

-El Gobierno de Javier Milei optó por una estrategia muy osada. Se sentó frente a los argentinos y lanzó 366 reformas empaquetadas en un súper decreto que condensa hacia dónde quiere ir, al menos en este primer momento. Ahora envió al Congreso un proyecto de Ley Ómnibus, que complementa ese “decretazo” y formaliza los anuncios. ¿Qué le pareció esta estrategia y cómo espera que siga de acá en más?

-El mega decreto seguramente es una forma de acelerar y agilizar la implementación de muchas de las medidas de ajuste. La foto macro es muy frágil y no hay tiempo que perder. 

De todos modos, hay que decir que el riesgo de implementación es alto. Muchas de las medidas necesitan aprobación legislativa y como sabemos, la administración de Milei tiene apoyo político limitado en el Congreso. Además, la expectativa es que la presión social será intensa. 

-¿Coincide con el diagnóstico que hace Milei de la economía que recibe y lo que necesita? 

-”Es lo fiscal” (alude a medias al famoso slogan de la campaña de Bill Clinton que se popularizó como “it’s the economy, stupid” y se terminó utilizando para casi cualquier cosa). El despilfarro fiscal es la raíz de los problemas macroeconómicos de la Argentina y es el diagnóstico del nuevo presidente. 

Los desequilibrios presupuestarios del Gobierno van más allá de lo que sugiere el resultado fiscal general. Además del déficit primario de aproximadamente del 3% del PBI, el Gobierno recurrió al Banco Central para financiar múltiples operaciones cuasi-fiscales en los años recientes. Esto debilitó el balance de la entidad, con un stock de deuda que excede el 10% del PBI. El costo fiscal de estos pasivos combinados con el interés que paga por ellos el banco central lleva el déficit total del sector público consolidado por encima del 10% del PBI. 

-La devaluación de Milei del 50% del peso fue una de sus primeras medidas. Existe el riesgo de que, con los rápidos reflejos de remarcación de precios de los argentinos, una hiperinflación erosione rápidamente esa depreciación forzando una segunda vuelta devaluatoria sólo para recuperar la competitividad inicial. ¿Cómo se evita esa dinámica? 

-Existe definitivamente el riesgo de que luego de una devaluación de magnitud, la inflación se dispare y eso haga que la moneda quede desfasada nuevamente, es decir, sobrevaluada. La solución es una estrategia comprehensiva de reordenamiento macro, centrada en un rápido, profundo y estructural ajuste fiscal y medidas que inspiren confianza en la moneda local. 

El ajuste fiscal es clave para que el banco central recupere control sobre la oferta de dinero, esto es, salir de la actual dominancia fiscal de la política monetaria (monetización del déficit). En el corto plazo, la debilidad de la actividad también debería ayudar a evitar que la inflación se salga de control. 

-Milei jugó fuerte con la idea de la dolarización, algo que le dio notoriedad, que espantó a algunos, descolocó a otros. Pero aunque parece haber quedado para una segunda fase, hace muy poco el ministro de Economía dijo que de ninguna manera la habían descartado. La dolarización sigue en pie. ¿Tiene sentido? ¿De qué depende en todo caso?

-Hay que tener cuidado. A veces, la dolarización puede parecer ser una oferta que no se puede rechazar. Milei hizo efectivamente campaña con una plataforma en la que proponía no sólo dolarizar sino cerrar el banco central. Las señales que dio después de la elección, sin embargo, indican que el proyecto quedaría pospuesto y que, en primera instancia, se enfocaría en un ajuste fiscal y de precios relativos. 

Pero en un contexto tan complejo, puede ser todo un desafío guiar el proceso de ajuste y en caso de que se produzca un mayor deterioro, la dolarización puede presentarse como una solución, anclando la economía a una política de tipo de cambio pero imponiendo al Gobierno una camisa de fuerza. Por eso, la dolarización tiene costos macroeconómicos significativos que tienen que ser evaluados con mucho cuidado y que requiere además una política robusta de fondo para ser sostenible. 

-Venimos hablando de lo duro que será el proceso en el corto plazo. Me pregunto si las empresas que están en la Argentina no estarán preparando las valijas. Algunas no van a poder operar en un entorno hiperinflacionario. Por otro lado, si sale bien, esto puede abrir enormes oportunidades no sólo para las que ya están en el país. En la era K, hubo un gran éxodo de inversiones españolas. ¿Qué están viendo? ¿Cuál es el ánimo en el mundo corporativo? 

-Tenemos que ser conscientes de que el ambiente operativo para el sector privado corporativo ya es extraordinariamente difícil. Con una inflación al 170% anual y una normativa masiva de represión financiera (control de capitales, controles cambiarios, controles de precios, control a las importaciones, controles tarifarios, etc.) la situación es crítica y si no se resuelve, terminará en una crisis económica y financiera devastadora. 

Lo que estamos viendo es un intento de lidiar con un legado macro-financiero muy complicado y para que sea posible solucionarlo, las cosas lamentablemente pueden empeorar en el corto plazo antes de mejorar. No hay una solución que no dolorosa para salir de esto. 

Es el momento de poner sobre la mesa, reconocer, el costo de las políticas fallidas de los últimos años que empobrecieron a la Argentina. Hay consciencia de que si las nuevas políticas se implementan y funcionan en equilibrar la economía podemos ver un círculo virtuoso en inversión, en aumento de productividad y crecimiento. Pero la transición, una vez más, será dolorosa, económicamente y socialmente. 

Por supuesto que no hay garantía de que las nuevas políticas lleguen a implementarse. Si eso ocurre, también será muy duro porque en ese caso el ajuste se va a dar igual, ya que la situación actual es insostenible, pero será en una forma desordenada, caótica y disruptiva para los negocios y para la gente.

 

 

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