Temas > COLUMNA NATALIA TRENCHI

Qué hacer y qué no frente a una rabieta

Nunca hay que responder con una "crisis adulta". El desafío es no perder el control

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18 de octubre de 2017 a las 05:00

¿Quién no ha visto a un niño gritando en plena calle, en un shopping o en un supermercado? En la escena, la madre o el padre tratan de calmarlo con una mezcla de ansiedad, mal humor y vergüenza. A su vez, el pequeño ni se inmuta de lo que está pasando, llora con los ojos apretados con fuerza y fastidio.

Las rabietas son un fenómeno normal en el desarrollo del niño, sobre todo alrededor de los dos años de edad. Es una forma de manifestación del pequeño aún inmaduro que expresa: "Esto es más fuerte que yo, no me lo puedo bancar". Si vinieran con subtítulos es eso lo que diría abajo.

De todas formas, existen diferentes tipos de rabietas, que la sabiduría radica en saber reconocerlas.

Una de las rabietas que hay es la manipuladora, tiene un destinatario y generalmente es para conseguir algo. Puede ser un objeto o un permiso para hacer algo que no se los dejan.

En estos casos, lo mejor es no dar lo que están buscando. Primero hay que tratar de no prestar demasiada atención, es decir, seguir como si nada pasara.

Luego de finalizada la rabieta, es fundamental hablar y explicar que uno los vio y se aseguró de que no les pasara nada, pero que cuando estén en ese estado no se va a interactuar con ellos. Al mismo tiempo, hacer entender que sí pueden hablar cuando están tranquilos, cuando están bien.

Otro tipo de rabieta se da cuando una situación los supera realmente y la emoción los inunda, no pueden controlar una emoción. En estos casos no buscan nada, sino expresar algo demasiado fuerte los afectó. Si sucede esto, los padre no deben dejar pasar por alto, porque los niños necesitan contención.

Lo importante es que los padres no respondan con otra rabieta o con una "crisis adulta". Hay que mantener la calma, usar palabras suaves pero no pretender hablar en ese momento porque en una rabieta manda el cerebro irracional e invade al resto del cerebro lógico.

No es fácil razonar en situaciones de tensión, por eso hay que contener, abrazar. Si son chiquitos mecerlos suavemente, hablarles despacito, tararearles algo suave y esperar, porque las rabietas tienen un pico y después aflojan.

Una vez que el pequeño domina el lenguaje, es capaz de expresar con palabras lo que le pasas. Esto no quiere decir que si algo los enoja no lo van a expresar físicamente.

Lo que hay que saber es que una rabieta en sí no es solo la expresión física de un enojo, implica tirarse al piso o hacer pataletas. Es manera de descarga motora que, una vez que el niño tiene un buen dominio del lenguaje, es esperable que no suceda.

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