En los 90, Ricardo Piñeiro se convirtió en uno de los mayores representantes de modelos de Argentina

El Observador Te Ve > triste adiós

Quién fue Ricardo Piñeiro, el representante de modelos que falleció a sus 68 años

Un recorrido por la vida del representante más icónico de la década de los 90
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30 de noviembre de 2023 a las 07:07

La noticia del fallecimiento de Ricardo Piñeiro, el exrepresentante de destacadas supermodelos de los años 90, ha conmocionado al mundo del espectáculo. La confirmación de su deceso llegó pasado el mediodía, un día después de ser hospitalizado en el Sanatorio Otamendi debido a un accidente cerebrovascular (ACV).

En su destacada carrera como mánager, Piñeiro fue el impulsor del éxito de reconocidas modelos como Mariana Arias, Karina Rabolini y Andrea Frigerio, entre muchas otras. Incluso, colaboró con Claudia Schiffer, la supermodelo alemana catalogada por Forbes como una de las más cotizadas.

Ricardo se destacó como uno de los representantes más prestigiosos de la escena argentina en la década de los noventa, siendo rival de Pancho Dotto en el ámbito mediático. Sin embargo, hace algunos años, atravesó una profunda depresión que lo llevó a retirarse de las pasarelas para dedicarse a la fotografía. En los últimos tiempos, también participó activamente en labores de asistencia a personas en situación de calle.

"En un momento tuve una gran depresión, no sé si llamarlo una estafa, pero tuve muchos problemas y se tuvo que cerrar la empresa", reveló Piñeiro, dando a conocer algunos de los desafíos personales que enfrentó en su trayectoria.

Cómo comenzó su carrera

 

Aunque pasara desapercibido para muchos, Ricardo Piñeiro incursionó en el mundo de la moda a temprana edad, pero no como representante. Inicialmente, se embarcó en la venta de jeans en un local del sur de la provincia de Buenos Aires. Su destacada apariencia le abrió las puertas como modelo en una época en la que los modelos masculinos no ocupaban el lugar predominante que tienen en la industria hoy en día. De esta manera, Piñeiro recorrió el mundo como modelo de una marca italiana, desfilando en Rusia y participando en producciones fotográficas en África.

No obstante, su ambición lo llevó a ir más allá de posar frente a una cámara. Como un acuariano inquieto, fundó una pequeña agencia de modelos en el microcentro porteño. A medida que nacía el rol del manager, su carrera como modelo se desplazó hacia un segundo plano. Esto sucedió a fines de los años '80, antes del auge de la moda que lo catapultaría como el representante de algunas de las mujeres más destacadas de Argentina.

Ricardo Piñeiro representó a Paula Chaves

Entre las modelos más representativas que tuvo bajo su ala se encuentran Mariana Arias, Andrea Frigerio, Mónica Labari, Ginette Reynal y Delfina Frers. Posteriormente, trabajó con Paula Chaves, Lorena Ceriscioli, María Vázquez y Dolores Trull, entre muchas otras.

Conocido como Ricardo o "Richard", negociaba contratos para tapas de revistas, los mejores lugares en desfiles y acuerdos con las marcas más influyentes. Su rivalidad con Pancho Dotto fue objeto de atención mediática, comparada al estilo de enfrentamientos como River-Boca o radicales-peronistas.

Piñeiro, trabajador incansable y esteta obsesivo, mantenía su escultural figura a través de una rutina diaria de gimnasio que no dejaba de lado jamás. Los fines de semana, en cambio, se entregaba al relax en su campo en el kilómetro 83.5 de la ruta 8, donde residía en una imponente casona con apariencia de castillo inglés.

Ricardo Piñeiro fue un ícono de los representantes de modelos

Su hogar albergaba a sus amados perros (llegó a tener más de 20) y un zoológico privado que incluía pavos reales, cisnes y caballos salvajes que lo reconocían al acercarse. Este espacio también servía como punto de encuentro para sus mejores amigos, algunas modelos de su agencia, productoras de moda y otros personajes del medio.

La pasión de Piñeiro por la decoración se evidenciaba en su casa, donde cada detalle estaba cuidadosamente colocado, incluso cuando sus modelos llegaban con sus hijos pequeños para compartir un día de campo. En este entorno, disfrutaba de la vida rodeado de personas queridas, fumando habanos y saboreando su torta favorita de brownie con dulce de leche y merengue rosa.

En los 2000 comenzó el conflicto

 

Los primeros años de la década del 2000 trajeron buenos momentos para Ricardo Piñeiro, pero en 2011 sufrió un revés con la quiebra de su agencia ubicada en la calle Uriburu y Melo. A pesar de sus intentos por reubicarla en otros lugares, nunca logró recuperar la misma magnitud. En este contexto, se sumergió en el mundo de la fotografía y publicó un libro dedicado a los perros, sus leales compañeros hasta el final, con imágenes capturadas alrededor del mundo.

Piñeiro compartió en el pasado un episodio difícil cuando su empresa, donde trabajó durante 35 años, se vio obligada a cerrar: "Me estafaron, pero yo también me equivoqué. Hasta perdí mi nombre. Hubo una época en la que me vinculé con gente que, lejos de nutrirme, me terminó destruyendo".

La pérdida de su agencia lo sumió en un periodo de soledad y depresión, con excesos como el alcoholismo, que trató en Alcohólicos Anónimos. Vendió su campo y encontró refugio en la iglesia y en su amiga Roxana Serrano, hija de la legendaria diseñadora italiana Elsa Serrano.

En diciembre de 2022, expresó su desinterés por el mundo de la moda, manifestando su felicidad como voluntario en la iglesia Hermanas Esclavas del Sagrado Corazón y dedicándose a inventar recetas proteicas. En marzo de 2023, compartió detalles de su nueva vida cercana a Dios, siendo voluntario en un comedor para personas en situación de calle.

Recientemente, retomó su pasión por la fotografía, capturando imágenes de puertas de edificios y casas en Buenos Aires. Montó una exposición en un espacio de decoración en la avenida Quintana, y se alegró al saber que una cadena hotelera importante adquirió su obra para decorar habitaciones.

Al describir su vida actual, Piñeiro destacó su sencillez y felicidad en un departamento pequeño en un barrio que adora. Sus días se dividían entre el gimnasio y caminatas con sus perritas salchichas. A pesar de las dificultades, afirmó: "La vida me dio otra oportunidad". Lamentablemente, a veces, el destino juega sus cartas de manera inesperada.

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