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Saman cerró otra planta y tres más evalúan reducir su plantilla

Pese a su ejemplar productividad, el sector arrocero atraviesa una delicada situación

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09 de septiembre de 2018 a las 15:00

Con tecnología de punta e innovación constante, Uruguay está ubicado entre los primeros lugares del mundo en materia de productividad por hectárea de arroz y el rendimiento promedio alcanzado en 2017, de 8.571 kilos por hectárea, posiciona a esta rama del agro nacional entre los líderes mundiales. Pero pese a su ejemplar productividad y a precios internacionales estables desde hace varios años, la realidad del sector es preocupante. Saman decidió cerrar temporalmente una tercera planta en Salto –ya había cerrado definitivamente dos en Cerro Largo– y enviar al seguro de paro a 20 trabajadores, mientras que otras tres empresas del sector analizan seguir los mismos pasos. 

Este cierre temporal se debe a que hubo una baja del área sembrada de arroz en la zona, por lo que el volumen de lo cosechado no alcanza para cubrir la capacidad de todas las plantas, explicó a El Observador el presidente de la Asociación de Cultivadores de Arroz (ACA), Alfredo Lago. 

Sin embargo, en este caso el cierre es temporal porque los empresarios esperan que en la próxima zafra de arroz aumente la cosecha y sea necesario activar toda la planta. En Cerro Largo, donde el cierre fue definitivo, 33 trabajadores fueron enviados al seguro de paro y luego serán despedidos mientras que también se vieron afectados decenas de empleos indirectos como transportistas, tornerías y casas de venta de repuestos.
La realidad de Saman no es una excepción en la industria del arroz. Las empresas Casarone y Glencore analizan seguir los mismos pasos que Saman, que también evalúa cómo maximiza la productividad en una cuarta planta que tiene en el litoral oeste. 

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La principal problemática radica en que en los departamentos de Salto y Artigas existe capacidad industrial para procesar 35 mil hectáreas entre las cuatro plantas (dos pertenecen a Saman que tiene ocho en todo el país), pero la siembra proyectada en la zona es de 15 mil ha. Esto genera capacidad ociosa en la industria mientras que los costos fijos se diluyen en menores volúmenes de exportación, lo que desembocará en que empresas vinculadas tanto a la industria como al sector productivo reduzcan sus plantillas de empleados. En julio, Glencore ya había enviado al seguro de paro a otros 50 trabajadores empleados en su planta de Cerro Largo. 
El cereal ocupará en su próxima zafra –que comenzará en aproximadamente dos semanas– la menor superficie de los últimos 25 años, considerando que los productores avizoran esta vez una caída del 30% en la intención de siembra, el mayor ajuste desde que hay registros. 

Según afirma la ACA, el área arrocera –que viene en descenso desde 2010/2011– se desplomará en la próxima campaña cuando, según estimó el presidente de la institución, se pase a un área de siembra de 135 mil ha frente a las 155 mil ha cultivadas en la zafra anterior (20 mil ha menos).

Para encontrar un área tan baja hay que remontarse a la campaña de 1991/1992, cuando se implantaron en 127 mil ha. Luego el cultivo fue ganando espacio y se llegó a un récord de superficie cultivada en 1998/1999 con 205 mil ha, con otros registros elevados en 2003/2004 y en 2010/2011, en ambos casos de 195 mil hectáreas.

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Si bien los empresarios y productores apuntan a los costos de producción para explicar la crisis del sector, el ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Enzo Benech, descartó que los costos sean el principal problema del sector. 
“Es falta de competitividad. Es decir, los precios que el mundo está dispuestos a pagarnos. Han hablado de carga fiscal, de costos producitvos. La pérdida de competitividad es multifactorial”, dijo Benech en rueda de prensa. 
El precio del arroz se mantiene cerca de los US$ 200 por tonelada al productor desde hace años, es decir US$ 10 por bolsa de 50 kilos, lo que lo hace un cultivo bastante previsible. Con un rendimiento que suele ubicarse cerca de los 8.500 kilos por hectárea, la venta a unos US$ 200 arroja una facturación estable en el entorno de US$ 1.700 por hectárea, frente a un costo estimado por la ACA que se ubica en el entorno de US$ 2.000 por hectárea.

“En el mundo el arroz es un alimento sensible para países de poblaciones grandes y aunque el mercado mundial está mejor que hace 20 años, llevamos siete zafras con una ecuación económica negativa (con excepción en 2012/2013). Nos ingresa menos dinero de lo que nos cuesta hacer una hectárea de arroz. Las primeras zafras las llevas con reservas que pueden tener los productores de años anteriores, pero aunque la agricultura es cíclica, el problema es que ahora venimos con demasiados años en rojo”, dijo Lagos a El Observador. 

Uruguay exporta casi la totalidad del arroz que produce. No tiene mayores dificultades en lo productivo y por ello y por la calidad del grano está entre los líderes en el mercado internacional. Además, suele concretar los negocios en forma fluida y a precios considerados buenos. El obstáculo, sostienen los productores, es interno, concretamente los costos para producir en las chacras y también los costos industriales. 

 

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