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Sebastián Abreu y su historia de amor con la Jabulani: “Esta pelota es todo”

A 10 años del Mundial y con la pelota con la que convirtió el penal que clasificó a Uruguay a las semifinales del Mundial, el Loco recordó las historias y analizó en perspectiva el cambio histórico que marcó aquella generación para el fútbol uruguayo

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20 de junio de 2020 a las 15:15

Está un poco desinflada, ¿pero sirve?”, le pregunta al fotógrafo, mientras se comienza a preparar la sesión que lo retratará en el Complejo de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) con la Jabulani que le dio a Uruguay la clasificación a las semifinales de Sudáfrica 2010.

La Jabulani, esa pelota que todos los jugadores de cancha y goleros cuestionaron, es uno de los tesoros que dejó el Mundial para Uruguay y para Sebastián Abreu.

Aquella noche del 2 de julio de 2010, en el Soccer City de Johannesurgo y ante 84.017 espectadores, el Loco picó la pelota en la definición por penales, clasificó a Uruguay entre los cuatro mejores y elevó las emociones al nivel más alto de aquel mes mundialista.

Una década después, el delantero que con 43 años sigue en actividad, le explica a Referí qué implica recordar Sudáfrica 2010 con la perspectiva del paso del tiempo.

“El comienzo de todo esto fue mucho antes del año 2006, cuando el Maestro asumió como técnico de la selección. Por todo lo que fui conociendo después, descubrí que el Maestro tenía un proyecto sin saber si iba a volver a la selección, que diagramó durante seis o siete años, el tiempo que estuvo sin trabajar como entrenador en el fútbol. Todo ese tiempo pensó una metodología y un proyecto abocado al trabajo de selecciones juveniles, de la selección principal, para poder recuperar bases fuertes que tiene nuestra cultura, nuestra sociedad y el futbolista uruguayo. Con la lección de él comienza todo”, resume Abreu para explicar el comienzo de la refundación de la selección que se concretó con este grupo de futbolistas que culminaron cuartos en el Mundial de hace una década.

El delantero entiende que Uruguay planta bandera desde lo deportivo en Sudáfrica 2010, pero explica que antes de llegar a eso recorrieron un largo camino, sinuoso, que tuvo momentos de alta tensión y de gran incertidumbre, y que en el último capítulo también lo tuvo como protagonista: el gol ante Costa Rica en el partido revancha del repechaje que se jugó en Montevideo en noviembre de 2009 y que le dio la clasificación a los celestes.

“A partir de todo eso que vivimos se empezó a generar una comunión pueblo-equipo y nos transformamos en una unidad. Eso fue lo más significativo, lo más lindo, lo que más se disfrutó y que marcó un antes y un después para el fútbol uruguayo”, dijo.

Para el goleador, el resultado deportivo en el Mundial “le dio argumentos a los que tomaban decisiones y, de alguna forma, los empujaba a tener que seguir en ese camino que estábamos recorriendo”.

“Si no convertía el gol de cabeza con Costa Rica, o si no hubiéramos clasificados al Mundial, si hubiéramos quedado fuera en octavos con Corea, sin dudas la historia hubiera sido otra. Llegar a una semifinal y lo que generó en el pueblo fue lo que hizo tomar la decisión de continuar. Si quedábamos con Corea o Ghana no sé si seguiría el proceso. Pero, ir a una semifinal y estar con tres potencias con las que de la única forma que podés competir es en fútbol, en otras actividades no es posible, generó que llevaran a valorar el trabajo del Maestro y que le ofrecieran su continuidad”, analizó con la perspectiva que le permite el paso del tiempo.

El Mundial de Sudáfrica marcó un punto de inflexión por la forma en que lo vivieron.

“Entramos en el repechaje, fuimos los últimos en clasificar y cuando viajamos todos pensaban que si pasamos la primera fase estaba bien. No estábamos ajenos a lo que se decía en ese momento, aunque yo estaba convencido que íbamos por buen camino. Pero cuando empezamos a ver que jugábamos con Francia, Sudáfrica y México, que el equipo comenzaba a sentirse bien, que prevalecía nuestra propuesta, que lográbamos un juego competitivo y dinámico. Cuando pasamos primeros el grupo, se hinchó el pecho. Sabíamos que teníamos déficits pero estábamos al nivel de todas las selecciones. Pasamos Corea. Y cuando llegamos a cuartos visualizamos, definitivamente lo que creíamos: no habíamos ido a participar, fuimos a ser protagonistas. Allí nos convencimos de dar un paso grande y marcar un momento. Con el paso del tiempo le fuimos dando mayor relevancia lo que implicó clasificar a una semifinal, por lo que cuesta y lo difícil que es”.

La noche del partido de cuartos de final había seis pelotas en la cancha, así que cuando terminó el encuentro, Abreu fue a pedir la del penal. “Esa noche la pelota durmió cerca de mi”, y explica que desde entonces pasó a formar parte de su museo personal.

“¡Esa pelota nos trajo más líos! Ni me hagas acordar. Era una pelota que tenía muchas críticas de arqueros y futbolistas de campo. No tenía el golpe tradicional. No cumplía el mando de lo que uno quería en el golpe. Hacía lo contrario. Era como una pelota playera. Lo podés ver en el gol de Diego Forlán contra Ghana. Diego le pegó de borde interno-empeine para que la pelota hiciera una curva, y en el medio del trayecto hizo el movimiento contrario y engañó al golero”.

Y agrega: “Lo mismo sufrí yo en los centros. Me pasó que esperaba el hermoso centro rosca, estaba pronto para cabecear, y la pelota cambiaba. En las prácticas estaba como loco porque cambiaba el movimiento en el aire, me desacomodaba y tenía que estirar el cogote para cabecear”.

“En el penal sucedió lo mismo: le metías rosca y no te ibas con la seguridad de que habías encontrado el golpe. El día con Ghana había otro factor: se jugaba a 1.400 metros sobre el nivel del mar, y la pelota estaba un poco más rápida”, desgrana el futbolista sobre todo lo que generó la famosa Jabulani en aquel momento.

“La pelota se portó mal durante todo el Mundial, pero el día que necesitaba que se portara bien, me ayudó para que el grupo clasificara”, dice, y resume con una frase lo que le genera la Jabulani: “Cada vez que la veo me traslada a ese momento inigualable”.

Dice que nunca le habló a la pelota, ni le agradeció, pero que cada vez que la toma entre sus manos le invade una emoción incomparable. “Esta pelota es todo”.

Confiesa Abreu que tiene previsto volver a Kimberley, la ciudad en la que Uruguay concentró durante un mes en el Mundial de Sudáfrica.

“Algún día, voy a volver con mi familia para agradecer por todo lo vivido en ese momento”, explica.

También reconoce el goleador que hubo un antes y un después de aquel penal.

“Esta pelota, esa selección, ese Mundial, ese momento me dio una posibilidad de conocimiento internacional mucho más amplio que el que había tenido mi carrera en sí, porque mis rendimientos destacados fueron en América. Pero aquel gol me trasladó a Asia, África, Europa. Me reconocen como el del picotón, el de la vaselina, es por esta pelota, ese grupo y ese Mundial. Y si hoy sigo jugando con 43 mucho fue por el impulso de ese mundial”.

Abreu y su Jabulani es otro de los tesoros del fútbol uruguayo semifinalista en Sudáfrica 2010.

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