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Sobre un editorial de El Observador acerca de la "familia tradicional"

La ignorancia hace que quienes se creen cool en estos temas, repitan consignas "más muertas que un faraón"

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25 de octubre de 2017 a las 08:53

El 19 de octubre y bajo el título "Aguda declinación de la familia", El Observador publicó un editorial sobre esa institución que según el artículo 40 de la Constitución es "el núcleo de nuestra sociedad".

El editorial sostiene que "la declinación de la familia es una tendencia mundial que en Uruguay ha asumido niveles preocupantes por su incidencia en la fragmentación social. No es un fenómeno nuevo, ya que se viene registrando desde la segunda mitad del siglo pasado". Difícilmente alguien pueda rebatir esta afirmación, sin importar la ideología o religión que profese.

Pero el artículo también se extendió sobre otras consideraciones referidas a cuestiones más polémicas, como qué es una "familia tradicional" y cómo pudo incidir en su decadencia la llamada "agenda de derechos" aprobada por los gobiernos de izquierda.

Hubo reacciones para todos los gustos. La polémica es sana y fortalece a la democracia. Pero esta columna está dedicada a quienes, no solo en este asunto, erigidos en defensores de la nueva agenda de derechos –iniciativas que supuestamente surgen de la tolerancia– exhiben en cambio posiciones intolerantes contra quienes no piensan como ellos.

En este caso, y desde una posición que cree ser progresista pero que está cargada de consignas en general perimidas, apuntaron el debate a la orientación religiosa del director del diario o a posiciones conservadoras del matutino (cuando El Observador se pronunció contra la baja en la edad de imputabilidad penal, estos rotuladores de conductas quedaron tan desorientados que, aunque obligados, por una vez optaron por el silencio).

Este artículo está dedicado a quienes creyendo esgrimir ideas progresistas sobre la familia no son más que una legión de oportunistas, en general ignorantes del verdadero impacto que la decadencia de la familia ha generado en la sociedad, tardíos voceros de posiciones caducas como caduca es la definición de "familia tradicional".

Aprendan de los que saben

Hace unos años tuve oportunidad de entrevistar al argentino Bernardo Kliksberg, uno de los popes de las posiciones progresistas en Latinoamérica en temas que van desde los cambios sociales y sanitarios a las claves de la inseguridad pública en esta zona del mundo.

Para quienes ignoran quién es Kliksberg: doctor en Ciencias Económicas y Administrativas; director de la Iniciativa Interamericana de Capital Social, Ética y Desarrollo del BID; asesor de más de 30 países en desarrollo, alta gerencia, y lucha contra la pobreza; asesor del BID, ONU, Unesco, Unicef, OIT, OPS; director del Proyecto Regional de la ONU para América Latina de gestión social, y coordinador del Instituto Interamericano de Desarrollo Social del BID. Podría seguir, pero creo que es suficiente.

En la entrevista que pude hacerle, el experto se lamentó de que por décadas la izquierda y los autodenominados sectores progresistas le huyeran al término familia como al demonio. Sí, estos que ahora cargan su índice contra el Opus Dei y todo lo que para ellos es conservador, dejaron el tema de la familia, a juicio de Kliksberg, en manos de organizaciones religiosas y grupos de ultraderecha (Tradición, Familia y Propiedad, por ejemplo).

Y ahora que en todo el mundo los expertos en seguridad pública coinciden en que trabajar sobre la familia es mejor que poner policías y que comprar armas, quienes le huyeron y se avergonzaban del concepto familia (algunos abandonaron directamente a su propia familia porque la revolución estaba primero), llegan al tema de atrás, tarde y mal. Y como no tienen argumentos teóricos y en algunos casos ignoran hasta qué está pasando en el terreno donde las familias se están desmembrando a pedazos, su mejor aporte es la descalificación.

En uno de los tantos trabajos sobre la familia elaborados por Kliksberg, y como para que le rechinen los dientes a estos progresistas de la nueva y la vieja ola, el experto sostiene que los niños nacidos de situaciones extramatrimoniales "tienen una tasa de mortalidad infantil mucho mayor", que los niños que no viven con sus dos padres "tienen mayores daños en diferentes aspectos del desarrollo psicomotor" y que el 70% de los jóvenes en conflicto con la ley proviene de familias con padre ausente.

Que la familia tradicional hace tiempo que mutó es un hecho; que lo que parió esa mutación sea mejor es al menos discutible. Ojalá lo entiendan los repetidores de consignas.

Kliksberg no niega la patente realidad de nuevas formas de familias, pero eso no lo lleva a celebrarlo y considera que "está surgiendo un perfil de familia desarticulada en aspectos importantes, inestable, significativamente debilitada. Ese tipo de familia difícilmente puede cumplir las funciones potenciales de la unidad familiar (...). Ello hace que el reducto último con que cuenta la sociedad para hacer frente a las crisis sociales carezca por su debilidad de la posibilidad de jugar el rol que podría desempeñar".

No lo dice ningún recitador de Biblias sino un académico que recorrió el mundo y fue elogiado tanto por el expresidente brasileño Lula da Silva como por el escritor argentino Ernesto Sabato y es una referencia de todas las organizaciones que luchan contra la pobreza en América.

Hay que estudiar un poco, y sobre todo aquellos que por años se avergonzaron de incluir a la familia en sus discursos. Hay que formarse un poco, sobre todo quienes diciéndose progresistas siguen sosteniendo posiciones que han quedado caducas, incluso para el discurso conservador. Y antes de señalar una idea porque detrás está el Opus Dei, la masonería o los rosacruces, deberían darse un baño (creo que una ducha alcanza) de humildad, sobre todos quienes se creen cool defendiendo los nuevos modelos de familia y creyendo, de puro ignorantes, que son buenos per se.

Con un poco de esfuerzo, se puede ser cool pero no ignorante. Claro, también se puede ser cool e ignorante. Y no sé si será por esto de la diversidad, pero me parece que esta última mixtura se viene imponiendo.


Aclaración: Una versión anterior de esta nota atribuía a Ernesto Sabato haber obtenido un premio Nobel, lo cual es incorrecto.

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