Reflexiones liberales > OPINIÓN

Subiendo la “torre de Pisa”

A pesar de que se ha hecho una gran inversión a nivel educativo, los resultados no se divisan de manera clara, sumado a que hay instituciones que se niegan a medirse a través de las pruebas PISA. 

Tiempo de lectura: -'

09 de septiembre de 2018 a las 20:21

Subir la “torre de Pisa” no es sencillo. No digo la física, que está inclinada y no es de fácil acceso. Sino subir la cima de los exámenes de PISA que organiza cada tres años la OCDE y exponen los niveles educativas entre países. Cuando los resultados dan mal comparativamente, o incluso cuando hay un declive respecto a los propios resultados, suelen presentarse muy claramente dos actitudes. Por un lado, la de quienes dicen qué podemos hacer para mejorar nuestro nivel educativo (y no solo en una tabla comparativa sino especialmente comparándonos con nosotros mismos un tiempo atrás). Por otro, la de quienes adoptan una posición negacionista, quieren matar al mensajero y le atribuyen todo tipo de errores, malas intenciones, afán de meterse en nuestros países, e incluso lo acusan de comercialismo, o colonialismo cultural. En el primer grupo, el de quienes adoptan una actitud racional y positiva ante el resultado, se encuentra por ejemplo Portugal, que ha superado a Finlandia en la pruebas de matemáticas. Portugal era el peor de la clase en el año 2000. Pusieron foco en los primeros años del ciclo primario y en algunos casos introdujeron doble escolaridad. Acentuaron la autonomía de los directores de las escuelas (algo muy recomendado pero a lo que acá nos negamos). Y mejoraron la formación docente que se brinda a nivel de maestría en nivel universitario.

Y esa mejora, que también se dio en el examen Timms 2015, que mide calificación en matemática y ciencia, se dio pese a la crisis económica que sufrió Portugal (junto con Grecia e Italia, uno de los más afectados por la crisis del euro en 2010) determinó que la inversión educativa pasara del 4.9% del PIB en el año 2000 al 3.8% en 2015. Lo cual reafirma que si bien es bueno invertir en educación no es la causal determinante del buen o mal desempeño. Es más importante cómo se gestiona la educación que cuánto se invierte en ella. Es lo que siempre se ha reclamado en Uruguay sin éxito: mostrar qué se hace con el importante aumento presupuestario que ha tenido la educación pública en los últimos 10 años. Rendir cuentas de ello. Aceptar ser evaluado. Algo a lo que sistemáticamente se han negado los gremios docentes y las autoridades docentes de educación publica que piden más dinero como porcentaje del PIB. Y, como muestra un artículo publicado hace unos días en La Nación de Buenos Aires, situaciones similares a las de Portugal –la estrella educativa europea- se repiten en lugares como Quebec en Canadá, el estado de Puebla en México, que es uno de los más pobres y tuvo una mejoría espectacular, y el estado de Ceará, en Brasil, también un estado con muchas carencias materiales pero con iniciativa y ganas de cambiar las cosas para mejor.

La otra actitud frente a los malos resultados es la que se da en nuestro país. Hay liceos que se niegan a tener las pruebas PISA, se acusa a esas pruebas de todos los males que se pueden imaginar. Incluso el gremio docente, Fenapes, se pronuncia en contra de las mismas aunque no tanto como para boicotaerlas. Es la actitud del avestruz, que esconde la cabeza en la tierra para no ver la realidad. Y es peor que el avestruz que no ve lo que le viene encima: no solo no quiere ver la realidad sino que la niega rotundamente. Y más aún, la ataca y la denosta.

Triste actitud que no recibe la adecuada respuesta de las máximas autoridades educativas. Porque es muy malo negar la realidad. Pero es peor atacar al mensajero que nos trae esa noticia como si fuera el pirata del Caribe, con pata de palo, garfio en una muñeca y loro en el hombro. Actitudes de ese tipo aseguran que nuestra declinación educativa no se podrá revertir. Aun más: empeorará aunque se vuelquen ingentes recursos financieros del 5, del 6 o del 10% del PBI. El problema es la gestión. Y la gestión ha sido mala. Lo poco que se intentó hacer para cambiarla –la incorporación de Fernando Filgueira y Juan Pedro Mir al Ministerio de educación al comienzo de esta administración- acabó muy pronto y mal. Mal no para Filgueira y para Mir, que, aunque tuvieron que retirarse no se desanimaron y se esforzaron para presentar una muy buena propuesta educativa global desde la fundación Eduy21, sino para el gobierno, que se quedó sin reforma y sin rumbo educativo. Y mal para el país, que no logra enfocar el preocupante problema educativo aunque proclame su importancia a los cuatro vientos. Y mal para las nuevas generaciones de uruguayos (especialmente los de escasos recursos) que no están siendo capacitadas para integrarse en un mundo laboral muy cambiante. Y ello, lamentablemente, agudizará la fragmentación social. Por eso es necesario cambiar radicalmente la actitud ante las pruebas PISA y el mensaje que nos envían. De lo contrario, el futuro será negro para nuestros jóvenes. 

Comentarios