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Túnez vive gracias a los últimos Jedi

Los escenarios que el director George Lucas construyó en 1976 para la saga Star Wars relanzan el turismo en el sur de Túnez

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17 de febrero de 2018 a las 05:00

El estreno en diciembre de Los últimos Jedi, sumado a la sensación de mayor seguridad, han servido para relanzar el turismo en el sur de Túnez, donde aún quedan en pie algunos de los escenarios que George Lucas construyó en 1976 para el primer título de la saga Star Wars: la nueva esperanza.
Enamorado de sus impresionantes desiertos, pero sobre todo de los restos de la llamada cultura troglodita, Lucas y su equipo se prendaron de llanuras y cavernas, de edificios excavados en la roca y atardeceres de ensueño.

Y así, "hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana..." con apenas algunos toques mínimos de atrezo la región tunecina de Tataouine se convertiría en el planeta homónimo Tatouine, lugar natal de Luke Skywalker.

Cierto es que la desidia, el tiempo y la ausencia de visión comercial de las autoridades tunecinas han hecho que este legado cinematográfico se haya deteriorado, quedando restringido durante años al ojo fanático de los frikis y al objetivo de cineastas profesionales y amateurs que imitan u homenajean al maestro Lucas.

Pero en los últimos meses se han acometido una serie de reformas que permiten que en el hotel Sidi Driss, en la ciudad de Matmata, uno pueda sentarse a la misma mesa en la que comió el joven Anakin Skywalker, aunque en esta ocasión para degustar la gastronomía local tunecina.

Siglos atrás, los primeros pobladores bereberes construyeron allí casas subterráneas, excavadas en el suelo, para resguardarse de las sofocantes temperaturas: aún perceptibles en toda la localidad, las construcciones similares "la granja Lars" en la que creció el futuro Jedi sirven hoy en su mayoría de aprisco para cabras.

Más al este, la primera recreación del puerto de Mos Espa es sin duda el lugar más simbólico y fotogénico, un pedazo de cartón-piedra situado en mitad del desierto, al que se accede tras una hora de viaje por dunas y llanuras solitarias.

Tras la grabación, la Oficina de Turismo tunecina pidió entonces que no se desmontaran los decorados para poder atraer el turismo a la zona: ahora, beduinos del lugar venden recuerdos entre sus calles, ofrecen paseos a camello y poco más. Una vez al año, acoge un festival de música electrónica.
Menos visitado por estar más al este, apartado de la región de Tataouine y las rutas turísticas de la zona, se halla el hogar de Luke en forma de iglú, desde el que el joven soñador contempla el horizonte en la famosa escena de las dos lunas.

Situado 20 kilómetros de la ciudad de Nefta, muy cerca ya de la frontera con Argelia, el iglú, levantado en una planicie infinita, ha sido restaurado en los últimos meses y está prácticamente igual que durante el primer rodaje.

Destruido tras aquella histórica secuencia, los carpinteros de la saga lo replicaron en el año 2000 para una nueva escena del Episodio II: el ataque de los drones.

En 2012 fue restaurado de nuevo gracias a un grupo de fans que lanzó la campaña internacional "Save Lars Homestead" y que reunió más de US$ 10 mil en donaciones. Llegar en quad y llamar a su puerta es hoy uno de los atractivos de este lugar.

Además, ofrece al turista una recompensa añadida: para llegar a él una de las rutas cruza el desierto de Chott El Jerid, la mayor extensión salada seca de África, un paisaje en el que en el verano las temperaturas pueden alcanzar los 50 grados en pleno día.

De regreso a la ciudad de Tataouine, donde curiosamente nunca se grabó ninguna escena, se encuentran Ksar Medenine y Ksar Ouled Soltan, escenarios naturales del barrio de esclavos que se encuentran todavía en buen estado y que hoy en día se han convertido en un hotel-restaurante.
Allí apenas se construyó nada, se aprovecharon estas peculiares edificaciones trogloditas propias del desierto tunecino, ideada miles de años atrás como una "Nueva York" antigua, para acoger a las familias y proteger una sociedad que ya prefería apilarse en edificios pegados y compartimentados.
Es un entorno que Los últimos Jedi, la película más taquillera de 2017 y uno de los 10 filmes con mayor recaudación de la historia del cine con más de US$ 1.265 millones, ha vuelto a despertar para felicidad de los habitantes del sur de Túnez.

Estos en su mayoría admiten no haber visto la película y apenas conocen sus símbolos, pero esperan que esos lugares, que miles de personas miran con

fascinación procedentes de los cuatro puntos cardinales, vuelvan a lanzar su precaria
economía.

Parque temático y hotel


Los aficionados a Star Wars podrán hacer una inmersión total en el mundo de la saga cinematográfica desde 2019 gracias a dos parques y un hotel temáticos que la compañía Disney tiene ya planeados, según informaron sus portavoces.

La propuesta es vivir una aventura de la saga durante las 24 horas del día alojándose en un hotel que estará conectado con el parque Star Wars: Galaxy's Edge y del que todavía se desconoce su fecha de apertura.

El nombre del parque hace referencia a los confines de la galaxia en razón de que la aventura tiene lugar en el remoto planeta Batuu, que fue en el pasado un importante cruce de caminos intergalácticos.
Allí los visitantes deberán actuar en medio de una batalla entre la Primera Orden y la Resistencia a bordo de un destructor estelar y también podrán conducir una réplica de tamaño real del Millennium Falcon en una misión secreta.

Una flota de tamaño real de combatientes de estrellas X-Wing y personajes como Chewie, BB8 y miembros de la Primera Orden interactuarán con los visitantes de Star Wars: Galaxy's Edge, quienes además podrán recorrer un mercado callejero dirigido por Toydarian, una de las criaturas del filme Star Wars: The Phantom Menace (1999), el cuarto de los nueve producidos hasta ahora.

Quienes quieran seguir en ese mismo mundo fuera del parque tendrán la oportunidad de alojarse en un complejo hotelero de lujo dedicado al mundo creado por George Lucas en 1977.

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