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11 de noviembre de 2011 23:24 hs

Uruguay y su deporte motor tienen una larga experiencia en lo que para otros países resulta muy difícil: organizar competencias automovilísticas en circuitos callejeros o pistas urbanas.

Tal vez la necesidad de buscar alternativas al emblemático y legendario autódromo Víctor Borrat Fabini (El Pinar) fue lo que movió a dirigentes de todos los tiempos para utilizar ese formato de pistas urbanas reconocidas por la peligrosidad que representan principalmente para el piloto.

Los ejemplos en Uruguay sobran pero basta con remontarse casi seis décadas atrás para ver como ya en aquel entonces, la hermosa rambla frente a la playa Ramírez era escenario de justas automovilísticas donde incluso llegó a figurar un nombre que luego haría historia: Juan Manuel Fangio.

Más allá de recuerdos e historias, el deporte motor uruguayo logró sostener –rumbo a sus 20 años– un circuito urbano que no solo se transformó en un clásico para el automovilismo local, sino que la prensa extranjera lo reconoce como “el mejor de América del Sur”. Hasta se llegó a identificarlo como el “Mónaco de América del Sur”. Pero no es Mónaco: es Piriápolis, con sus 2.500 metros y sus 15 curvas, un increíble imán para público, pilotos, prensa y extranjeros que este fin de semana animarán una de las carreras que son referencia en la temporada.

“Ganar en Piriápolis es para un piloto uruguayo lo mismo que para un piloto de Fórmula Uno ganar en Mónaco. Son clásicos, son carreras diferentes, la más promocionada. Podés tener un año malo pero ganas en Piriápolis y te devuelve la sonrisa a la cara…”, asegura Fernando Rama, un especialista en circuitos urbanos y último ganador en Piriápolis en la máxima categoría uruguaya: Superturismo.

En vísperas de la edición 2011, concretamente la 17ª de este clásico nacido en marzo de 1994, es fácil advertir como el público que generalmente no va a los autódromos, se prepara para esta gran fiesta solo comparable –en cuanto a movimiento de personas– a un partido de fútbol entre los clásicos rivales uruguayos o la convocatoria que genera la celeste de Tabárez.

La edición 2009 (la 15ª) fue una de las más taquilleras cuando la Policía aseguró que unas 50 mil personas asistieron al GP de Piriápolis de entonces. Antes y después, las cifras manejadas por los operadores turísticos del balneario fundado por Francisco Piria afirman que no menos de 40 mil personas asisten año a año a la competencia organizada este año por la Asociación Uruguaya de Volantes (AUVO) junto a la Intendencia de Maldonado y el Municipio de Piriápolis.

¿Por qué ese magnetismo con el público? La explicación surge simple y sencilla: es la oportunidad de ver a los autos y a sus ídolos en un escenario diferente pero encantador. Y hay algo más y seguramente decisivo: poder sentir la adrenalina al máximo cuando un auto de competición lanzado a toda velocidad pasa a escasos metros de donde uno se encuentra ubicado.

Por esa razón, ni dirigentes, ni pilotos, ni operadores turísticos del balneario, ni la prensa y ni que hablar el público, conciben una temporada de automovilismo sin el Gran Premio de Piriápolis.

Por eso llegó en 1994, se fue superando año a año y gracias a ello se convirtió en un clásico inamovible y el trazado callejero con más historia en la región.

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