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Un recorrido por la capital de Rumania

No figura entre las ciudades europeas más deseadas, pero crece el interés por su mezcla de precios económicos, historia, parques y su cercanía con la misteriosa Transilvania

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18 de junio de 2018 a las 05:00

Es verdad que el ícono de Rumania es la ciudad de Transilvania, donde se encuentra el castillo de Bran, asociado a la novela del escritor irlandés Bram Stoker El conde Drácula. Sin embargo, el monitoreo incesante de los turistas experimentados en búsqueda de nuevos destinos, sumado al trabajo que la propia ciudad viene haciendo para atraer visitantes, hace que Bucarest busque hoy recuperar el esplendor que la hizo conocida como la París del Este. Tanto es así que, en otra tónica, y de acuerdo al ritmo que lleva, ya muchos la llaman la nueva Berlín.

Otro factor que desencadena el interés de un sector de turistas atraídos por la curiosidad o la nostalgia de los días de la Cortina de Hierro, es vivenciar, de alguna manera, los días del comunismo, que también encierran la tiranía y excentricidad de su peculiar dictador Nicolae Ceaușescu y su esposa Elena.

Calea Victoriei es una de las arterias principales y más antiguas de Bucarest, con sus edificios de la Belle Époque, como el palacio Cantacuzino, donde hoy se encuentra el Museo George Enescu, o el Ateneul Roman, que se usa como sala de conciertos. Bordeando se encuentra la plaza de la Revolución, lugar emblemático donde el dictador pronunció su último discurso. Otros edificios de interés en la zona son la Biblioteca Universitaria, el Museo Nacional de Arte, la iglesia Biserica Cretulescu y el Museo Nacional de Historia de Rumania.

En la zona, un lugar ideal para disfrutar de la pipa de agua (narguile o shisha), y de buen ambiente de cafés y restaurantes, es el Pasajul Macca-Villacrosse. En forma de herradura, posee una cúpula de cristales de colores, lo que le da un toque muy especial.

La ciudad vieja es un buen lugar donde tomar cerveza (Rumania es conocida por su cerveza y su vino) y el Caru'cu Bere es un clásico y el más antiguo; en su hermoso local del siglo XIX es un lugar hiperturístico, pero de los emblemáticos a los que hay que ir y permanecer un rato. Es para caminar y disfrutar de su agitada vida diurna y nocturna; además, el casco antiguo es de lo poco que sobrevivió a los bombardeos de la segunda guerra mundial.

Un lugar muy interesante es la biblioteca Carturesti Carusel, una estructura de seis niveles ubicada en una casa del siglo XIX restaurada a la que se conoce como el lugar más "instagrameable" de Bucarest.
La iglesia ortodoxa Stravropoleos es uno de los lugares a tener en cuenta, construida por monjes griegos en el siglo XVIII. Cerca se encuentra la zona arqueológica de Curtea Veche del siglo XV, donde se construyó un complejo dentro del cual se encontraba el lugar de residencia del famoso y sangriento Vlad Ţepeş, en quien se inspiró el personaje del conde Drácula, y que también se conocía como Vlad, el empalador. A su lado se encuentra la iglesia ortodoxa Biserica Curtea Veche, la más antigua de la ciudad.
Bucarest Rumania

Comunista


Hasta 1989, Rumania estaba bajo un régimen comunista, liderado por Ceaușescu. El edificio más representativo del régimen es el Palacio del Parlamento. Según el libro Guinness es el edificio administrativo de uso civil más grande, costoso y pesado del mundo, dato que habla de lo que fue el régimen de Ceaușescu. Posee 20 pisos y ocho de ellos son subterráneos. Los números aquí sorprenden; por ejemplo, cuenta con 1.100 habitaciones con abundantes demostraciones de lujo. Este palacio también se conoce como Casa Poporului (Casa del Pueblo) y mira hacia el bulevar Unirii (Unión), la avenida que el dictador ordenó construir que fuera "más ancha que Champs-Élysées". Para visitar el palacio la recomendación es realizar una visita guiada, y lo mejor es hacer una reserva con anticipación.

Si se sigue el tour comunista se puede ver el edificio de la Academia Romana, ordenado por la esposa del dictador, quien dijo que tenía un doctorado en química, y luego se supo que nunca obtuvo su título.

En la zona se encuentra el distrito Uranus, donde se llevó a cabo la sistematización (el plan de planificación urbana del régimen). Para esto Ceaucescu ordenó la demolición de grandes superficies, por lo que se estima que miles de personas fueron obligadas a dejar sus casas. El plan fue mal implementado y quedó todo a medio construir, a tal punto que los rumanos le llaman Ceaushima, combinando Ceaucescu e Hiroshima.

Otro de los lugares a visitar es la antigua fábrica de cerveza Rahova, llamada "la cerveza comunista". Un punto importante, por su relevancia en el régimen, es la sede de la policía secreta rumana. Y Targoviste, a 80 kilómetros de Bucarest, alberga el cuartel militar donde fue apresado el dictador cuando intentaba huir en helicóptero; aquí fue juzgado y ejecutado junto a su esposa. Es interesante ver que dejaron todo como quedó en su momento: los cubiertos con los que comieron y las camas donde durmieron, incluso se puede visitar el patio donde fueron fusilados.

Cool

Toda ciudad que renace posee sus barrios de moda y en el caso de Bucarest es Lipscani. Otrora barrio de oficios (aún hoy las calles llevan el nombre de los diferentes rubros, como zapateros, orfebres, curtidores), luego, durante el régimen comunista abandonado y sórdido, hoy es el epicentro de la movida artística y joven nocturna de la ciudad. Con peatonales repletas de tiendas de moda y diseño, casas de antigüedades, galerías de arte, teatros under, bares, cafeterías y restaurantes, esta es la zona donde encontrar la Bucarest de hoy.

Al aire libre

Una buena opción para realizar un paseo al aire libre y, de paso, visitar un museo diferente es dirigirse al parque Herastrau, donde se encuentra el Museo Satului. Consiste en un museo etnográfico al aire libre, con unas 300 reconstrucciones de casas típicas de todas las regiones de Rumania. En el medio de este parque hay un gran lago y es un lugar muy popular en verano para los locales, donde realizan actividades acuáticas; en invierno se convierte en pista de patinaje. Además, una de sus entradas está junto al Arco del Triunfo rumano, otro de los monumentos que hicieron que Bucarest fuera conocida como la París del Este.

Si se trata de actividades al aire libre, no perder de vista otro de los lugares místicos; a 40 kilómetros está Snagov, un pequeño pueblo cuya gran particularidad es el monasterio del siglo XV donde está enterrado nada más y nada menos que Vlad Ţepeş.

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