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Una poesía para los vivos y los muertos

Selva Casal presenta una muestra más de su lírica emotiva

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01 de marzo de 2013 a las 20:43

Nacida en 1930, la vida de Selva Casal es y ha sido siempre la poesía. Don natural o herencia genética de su padre, Julio Casal, también poeta. No se sabe. En todo caso destino cultivado con perseverancia a través de décadas de labor incansable, su solo nombre evoca el verbo poderoso, que no necesita de métricas exquisitas para llegar al lector.

Biografía de un arcángel, su última publicación, es una prueba más de una tenacidad creativa que no se descansa en viejos triunfos, sino que busca siempre dar un paso adelante. Poesía grave y sentida, el libro gira en torno a la pérdida y la condición humana, regalo y castigo de un Dios altísimo, que da pero quita, que vino pero se fue. Pero que en definitiva existe o debe existir. Un dios que se anhela en cada estrofa y se siente en cada hoja, en cada hermosa y trágica flor que nace y muere sobre la tierra.

La ausencia natural o forzada, como en el caso de los desaparecidos políticos, es tratada en varios de los poemas del libro. Pero evitando casi siempre nombrar culpables, concentrándose en aliviar el dolor, en compartirlo, en tanto ser humano. “Donde está el desaparecido estoy yo”, escribe. Y más piadosa: “Solo es verdad que nos robaron la piel y los zapatos”. Filosofía que deviene en un “todos los muertos viven”, o mucho más reflexiva, y refiriéndose a una pérdida personal, y hasta dudando de si misma: “Al rozar tu memoria acaso mueren de nuevo los que han muerto”.

Y así, uniendo una pérdida de muchos, con una pérdida personal, Casal llega al sentimiento universal: la tragedia de la ausencia. Drama humano de todos los tiempos que solo puede ser combatido, en su caso, mediante la palabra, que redime y libera. “Me valgo de las palabras/ Y después tiro las palabras/Así devoro todo/Y lo extermino”.

Biografía de un arcángel tiene temas recurrentes, pero también hay espacio para la reflexión profunda sobre la identidad personal, sobre la vida y sus caminos. Y para acercarse al lector de forma decidida, con una fuerza que recuerda a Walt Whitman: “Quiero abrazarte a ti que estás leyendo esto/ Y que acaso/ Lleno de rabia golpearás la puerta/ Para luego decir/Fue el viento/”.

Este último libro de Selva Casal tiene muchas cotas altas, y algunas medianías, pero nada aquí es chato, uniforme, o indiferente. Porque la palabra de Casal late vigorosa como el primer día, a pesar de las desolaciones, y la “absoluta maldad del mundo”. Porque conjuga las palabras con sincera belleza, sin artificios, ni indescifrables jeroglíficos semánticos. Porque desde la sencillez, conmueve.

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