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Y lo imposible pasó

Debieron pasar 33 años y 136 partidos para que una universidad con escasos recursos económicos derrotara a una de las más poderosas deportivamente

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19 de marzo de 2018 a las 04:02

A fines de la década de 1970, cuando jugaba al básquetbol en las inferiores de Unión, glorioso club de la calle Pan de Azúcar hoy desaparecido pero cuya legendaria historia daría para escribir una enciclopedia, conocí a un entrenador uruguayo que sabía de ese deporte como pocos. Rubén Bula estudiaba el básquetbol de la misma forma que otros estudian física, matemáticas o química: como si fuera una ciencia cuyos misterios más profundos podían descifrarse y en el cual la inteligencia tenía un papel preponderante para crear tácticas y estrategias inexpugnables.

Fue en una de sus charlas abiertas a todo el público que dijo algo que me llamó la atención, pues por entonces no había televisión por cable ni se trasmitían partidos internacionales, y por lo tanto se conocía poco y nada de ligas de básquetbol del extranjero. Los partidos de los juegos olímpicos eran lo único. Con la naturalidad y la capacidad de convicción con argumentos que lo caracterizaba, Bula dijo que en su opinión la mejor justa deportiva del mundo era el campeonato universitario estadounidense de básquetbol, pues ahí competían estrellas del futuro, y porque la competencia era pareja, por lo tanto, cualquiera podía ganar.

Las finales de la N. C. A. A correspondientes a este año se están disputando, y recordé los comentarios de Bula luego que la Universidad de Maryland-Baltimore County, uno de los equipos entre los 64 finalistas con casi inexistentes posibilidades de salir campeón, derrotó en la primera ronda del torneo por eliminación 74 a 54 a la Universidad de Virginia, número uno en el ranking de todo el año y que era la gran favorita para salir campeona. En la llave que disputaban y que estaba integrada por 16 universidades, UMBC ocupaba la última posición y Virginia la primera. Es la primera vez desde 1985, cuando el torneo de finalistas se expandió a 64 participantes, que un número 16 derrota a un número 1.

Debieron pasar 33 años y 136 partidos para que la imposibilidad dejara de serlo, y que una universidad con escasos recursos económicos derrotara a una de las mejores y más poderosas deportivamente del país. Eso, como diría Bula, difícilmente vaya a verse en alguna otra liga deportiva de primer nivel del mundo.
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