Poco para que los uruguayos festejen

Pese a la reiterada muletilla electoral de Tabaré Vázquez, los uruguayos tienen poco para festejar en el año que termina y bastante incertidumbre sobre el que comienza
Pese a la reiterada muletilla electoral del presidente Tabaré Vázquez, los uruguayos tienen poco para festejar en el año que termina y bastante incertidumbre sobre el que comienza. Vázquez ha presentado al Frente Amplio como excluyente opción gubernamental al afirmar que tiene el único proyecto sólido para el desarrollo del país y que la oposición no está en condiciones de gobernar con eficacia. Su primer planteo va a destiempo con la realidad. Hay logros innegables bajo tres administraciones de la alianza de izquierda. Es loable el abatimiento de la pobreza a menos de un tercio de lo que era en 2005. Bajó finalmente la inflación en 2017 al rango meta oficial y creció el Producto Interno Bruto por encima de lo pronosticado. Han mejorado los servicios de electricidad y comunicaciones. Instauró el servicio de cuidados a ancianos, aunque su despegue ha sido más lento de lo previsto.

Es más pesado el otro platillo de la balanza gubernamental por temas sin solución a la vista. Sigue trancada la reforma de la educación pública, el mayor y más costoso fracaso frenteamplista, pese a prometerla desde la década pasada. El sistema de salud anda a los tumbos asistenciales y en rectitud de gestión. La creciente invasión de libertades individuales ha convertido en forma creciente a los ciudadanos en cautivos de la ingerencia estatal en múltiples aspectos de su vida. La ventaja de algunos servicios públicos más eficientes se diluye por el contrapeso de la voracidad fiscal en las tarifas, que horada el bolsillo de los asalariados y se refleja en retracción del consumo. No hay indicios de la reforma indispensable de la deficitaria seguridad social bajo el BPS. Cae la inversión productiva, con el gobierno jugado a la carta futura de UPM en vez de efectividad en atraer capitales en un espectro amplio de emprendimientos. Y el déficit público se mantiene inabatido pese a la sucesión de ajustes fiscales a través de las tarifas y de impuestos directos que ignoran la promesa de Vázquez de no subirlos.

El panorama no es más alentador en el plano político. Es cierto que la oposición no termina de estructurarse como alternativa electoral, con partidos que van cada cual por su lado, profundas disensiones internas entre los blancos y debilidad en los colorados. Pero el Frente Amplio está victimizado aún más por encontrados conceptos ideológicos entre las visiones más razonables de país y quienes se aferran a un fracasado socialismo arcaico, así como por la incapacidad del gobierno en imponer su autoridad. El resultado ha sido, entre otros muchos casos, frenar el acuerdo de libre comercio con Chile pese a que los TLC son un probado instrumento de desarrollo, así como reemplazar una solución lógica al problema de los cincuentones con una pésima fórmula mucho más onerosa y que busca debilitar a las AFAP, lo que mejor funciona en el sistema de seguridad social.

La larga lista de errores y omisiones del gobierno solo podría enmendarse con un firme golpe presidencial de timón. Pero no se lo avizora, menos aún en un 2018 en que los cálculos electorales empezarán a pesar cada vez más, dificultando imponer más coherencia en el gasto público. Solo una reversión moderna y eficaz del accionar oficial justificaría anticipar un mejor 2018, esperanza de todos pero, fundamentalmente, responsabilidad del gobierno.

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