Una nueva generación política toma fuerza en Brasil

Las candidaturas de jóvenes novatos aparecen como la renovación en rechazo a los escándalos de corrupción que tocaron a todos los partidos
Pedro Markun antes pensaba que hackear el sistema político de Brasil era la mejor manera de forzar un cambio.

En la última década, el programador de 32 años buscó sacudir al sistema establecido por medio de intrusiones digitales, como clonar el blog presidencial para que fuera posible dejar comentarios. Ahora quiere hacer más que sacudir al sistema: quiere derrotarlo por medio de las urnas, con una candidatura al Congreso. Markun, a quien le gusta vestir camisas coloridas, es parte de una ola inédita de nuevos candidatos que quieren hacerse de un cargo político en Brasil, tanto local como nacional.

Estos novatos en la política—activistas, economistas, emprendedores, ejecutivos empresariales y abogados— han entrado en acción en rechazo a un enorme escándalo de sobornos y de corrupción que ha alcanzado a todos los partidos políticos del país y a poderosos funcionarios.

El presidente Michel Temer, de corte conservador, ha sido acusado como parte de la investigación llamada Operación Lava Jato, que indaga lavado de dinero y sobornos en el seno de la petrolera estatal, Petrobras. El expresidente de izquierda Luiz Inácio Lula da Silva empezó a cumplir una condena de doce años de prisión vinculada al caso a principios de abril.

Más de la mitad de los senadores del país y un tercio de los diputados son investigados. No obstante, la mayoría de ellos pretende postularse para la reelección en octubre, cuando Brasil también elegirá a su próximo presidente.

De acuerdo con encuestas, la corrupción es la principal preocupación de los votantes, mientras que la confianza en los partidos tradicionales está en su nivel más bajo. Por eso personas externas a la política tradicional esperan aprovechar ese descontento para irrumpir en un sistema que por mucho tiempo ha estado cerrado a nuevas voces.

"En todos mis años de hacker, me di cuenta de que el problema no es tanto la política, sino los políticos", dijo Markun en entrevista en LabHacker, un laboratorio digital que abrió en São Paulo. "Y la única manera de acercar la política al pueblo es que la gente común entre en la política".

Los expertos dicen que es poco probable que haya un gran giro en el entorno político en octubre, pero que los nuevos candidatos sí sentarán las bases para mayores éxitos en comicios futuros. "Es un camino muy empinado", dijo Monica de Bolle, experta brasileña del Peterson Institute for Internacional Economics. "Hay una buena posibilidad de que un grupo pequeño de candidatos lo logre. Si mantienen su mensaje habrá más oportunidades de renovación en el futuro".

Otra candidata externa al sistema es Michelle Guimaraes, exejecutiva de Johnson &Johnson. Dijo que lo que los malos servicios de salud en su estado natal, Amazonas, así como la baja representación de las mujeres en cargos públicos la animaron a incursionar en la política.

"Decidí que es momento de que los mismos políticos que han estado en el poder por treinta años se retiren", dijo Guimaraes, quien busca una diputación. Las mujeres representan menos del 10 por ciento en la Cámara Baja. "Y eso significa que personas como yo tienen que involucrarse". Puede que la ayude una decisión reciente por parte del Tribunal Superior Electoral según la cual los partidos deben dedicar a las candidatas al menos 30 por ciento de los fondos públicos de campaña y del tiempo para pautas publicitarias.

Para Camila Godinho, ambientalista y trabajadora social del estado de Bahía, al noreste, la decisión de postularse al Congreso fue para que sea posible votar por alguien que no sea de las familias políticas tradicionales que han estado en el poder durante generaciones. "Hay que mostrarle a la población que hay opciones", dijo.

Pese al entusiasmo, las caras nuevas —unas cientas que compiten por escaños en legislaturas regionales y en el Congreso nacional— se enfrentan a fuertes obstáculos. No puede haber candidaturas independientes, según la ley electoral de Brasil, y los presidentes de las decenas de partidos que usualmente compiten en las elecciones tienden a premiar a los afiliados leales —por encima de políticos novatos— cuando reparten los recursos de campaña.

Quienes ya están en un cargo tienen una ventaja adicional. La ley establece que los candidatos no pueden empezar la campaña hasta agosto, pero quienes se encuentran en un puesto usan sus eventos oficiales y sus presupuestos, para acercarse antes a los votantes.

En respuesta al escándalo de Lava Jato, el Supremo Tribunal prohibió que se puedan hacer contribuciones empresariales a campañas; el Congreso después aprobó un fondo público para financiamiento de campaña. Sin embargo, ese dinero y los espacios para publicidad gratuitos en televisión y radio son repartidos de manera proporcional según el nivel de representación de cada partido en la legislatura.

En un intento de emparejar el terreno, algunos brasileños influyentes han establecido iniciativas apartidistas para capacitar a nuevos políticos antes de que la campaña empiece formalmente.

RenovaBR, organización financiada por empresarios y con un presupuesto de 3 millones de dólares, repartió prebendas a 133 brasileños de todo el espectro político que quieren postularse al Congreso.

Muchos candidatos nuevos también han recibido ayuda de Agora, un grupo creado en 2016 para fomentar el acercamiento del público general a temas de política como reformas jubilatorias y medidas de reducción del delito.

Agora, apartidista, también intenta que haya una nueva generación de candidaturas. Alcanzó un acuerdo con dos partidos pequeños, Rede y el Partido Popular Socialista, para que sean una plataforma para los candidatos no afiliados, aunque estos no necesariamente recibirían respaldo logístico o financiero.

Las elecciones de octubre se perfilan como las más impredecibles y divididas desde que Brasil regresó a la democracia a fines de los años ochenta. La campaña hacia octubre "es el comienzo de la renovación política, no el final", dijo Ilona Szabó, académica y cofundadora de Agora.

Casi el 30 por ciento de los brasileños dice que votará en blanco o anulará, una muestra de que la sangre nueva le haría bien a la presidencia. Sin embargo, hasta el momento nadie ha dado el salto. Dos posibles aspirantes —Joaquim Barbosa, el primer magistrado de raza negra del Tribunal Supremo, y Luciano Huck, estrella televisiva— desistieron antes de que empezara el periodo de campaña.

Las dos facciones que se han disputado la presidencia durante las últimas tres décadas, el izquierdista Partido de los Trabajadores y el más conservador Partido de la Social Democracia, han sido afectados por el escándalo de corrupción.

Eso ha resultado en que un candidato de ultraderecha, el excapitán militar Jair Bolsonaro —quien ha sido acusado de incitar al odio—, es el que más apoyo tiene en sondeos. Sin embargo, también tiene de los peores índices de aprobación de los políticos brasileños.

Filipe Nogueira Consoline, productor musical de 33 años que vive en São Paulo, dice que cada vez lo han atraído más los nuevos candidatos. "Los sigo en internet, sobre todo para comparar lo que ellos tienen frente a los políticos que salen en televisión", dijo. "Se trata de dejar atrás la corrupción, pero también de buscar algo más fresco en vez de los mismos varones blancos y viejos de siempre"

Fuente: Shasta Darlington - New York Times News Service

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