Vuelve el creador de Bosquimanos, y esta vez con muñecos voladores

Después de tres años sin vacaciones de invierno, Martín López Romanelli presenta Bajo el árbol en el Solís

Vestido de negro, totalmente invisible para el espectador, Martín López Romanelli está ahí, sobre el escenario y moviendo los muñecos para que avance la historia. Él es el responsable del guion, de los mecanismos elegidos para ponerlo en escena con los demás manipuladores y de que todo funcione para que suceda la magia del teatro negro.

El descubrimiento del recurso de la luz negra, en épocas pre YouTube, no vino del teatro negro de Praga, aunque se utilice de referencia desde la época en que existía Bosquimanos. Este artista del paraje Las Violetas, departamento de Canelones, se la encontró en un entorno tan simple y poco solemne como un boliche.

Al final de su adolescencia, López Romanelli estaba aburrido en un bar. Vio que la luz negra resaltaba una bufanda de color claro. Así que la envolvió en un alambre y construyó un halo de ángel que hacía aparecer arriba de su cabeza cuando se enfrentaba a una chica.

“Generaba que se rieran y bailaran. Eso fue lo primero que hice en teatro negro (risas)”, contó López Romanelli a El Observador.

Hoy tiene 46 años, y empezó hace 25 con los muñecos. Su padre era maestro de escuela rural, y en su hogar en Las Violetas todo se fabricaba. Lo artesanal era regla.

La magia

Al comienzo, el arte de Romanelli era punk. Los muñecos se expresaban a los gritos acompañados por rock estridente. Con un amigo de Canelones presentó su primer espectáculo en Teatro Joven en 1993. Romanelli tenía 18 años. Los presentadores Roberto Suárez y César Troncoso del escenario ubicado en una carpa atrás de la Intendencia de Montevideo quedaron muy impresionados y le consiguieron los primeras presentaciones en bares.

Volver a hacer muñecos solo para adultos es algo que López Romanelli tiene en el debe, expresó, aunque aseguró que sus espectáculos de vacaciones de julio despiertan buenas experiencias tanto en grandes como en niños. “Como adulto podría ir a ver perfectamente los espectáculos que hago”, dijo.

López Romanelli tiene 46 años, y empezó hace 25 con los muñecos.

López Romanelli dirigió 10 años el proyecto Bosquimanos Koryak y hoy tiene su propia agrupación bajo el nombre de Kompanía Romanelli. Sus espectáculos han estado prácticamente en toda Sudamérica y en lugares tan recónditos como Hong Kong, China, Corea del Sur e Irán.

Bilti (2002), Aku (2004), Anuk y el perro (2006), Kaami (2010), Kohi (2012), Kolia (2015) fueron algunos de ellos; El Truco de Olej (2007) fue el que giró más por el mundo.

El alcance internacional de las creaciones de estos muñecos iluminados lo explica el carácter universal de las historias que cuentan; así como también su lenguaje. El diálogo es casi nulo y prácticamente todo se traduce en los estímulos visuales potentes y la música.

Como admirador del cineasta japonés Hayao Miyazaki, creador de El viaje de Chihiro, López Romanelli apuesta a un lenguaje accesible para toda las edades aunque propongan conflictos complejos.

En estas vacaciones de julio, Bajo el árbol cuenta la historia de un cardumen que pierde a una de sus crías. El espectáculo está dividido en cinco capítulos: amigo, la pérdida, el depredador, la búsqueda y el encuentro.

Afiche Bajo el árbol - Kompañía Romanelli

El montaje de un espectáculo como Bajo el árbol conjuga todo tipo de saberes: desde la escritura en el armado del guion a seis meses en un taller haciendo caras, cuerpos, manos y piernas cual escultor. Cuando López Romanelli empieza a mover a estos muñecos, entra en modo bailarín y además crea coreografías para coordinar los movimientos de los demás manipuladores en escena.

Para esta obra, el equipo de la Kompañía recurrió a avances tecnológicos como dispositivos en la cabeza de los muñecos que proyectan sus pensamientos en forma de animaciones. Y una de las grandes apuestas son figuras flotantes radio controladas.

El alcance internacional de las creaciones de estos muñecos iluminados lo explica el carácter universal de las historias que cuentan; así como también su lenguaje.

“Al principio, trabajábamos con formas simples. Pero después con el tiempo empezás a querer que pasen más cosas. Y que estos muñecos tengan un poco más de vida. Para eso desarrollás aparatos o tratás de que hagan cosas que hasta ese momento no podías”, explicó López Romanelli.

Así es que en la construcción de nuevas historias se suscitan nuevos desafíos. “Si vi que el personaje vuela, tengo que hacerlo volar”, dijo López Romanelli. Es así que puede trabajar tres meses para desarrollar un par de alas en un muñeco para lograr 30 segundos de espectáculo.

Romanelli contó que más allá de los muñecos, lo que lo impulsa a seguir contando e inventando formas de contar es la sensación que vive arriba del escenario, aún cuando nadie lo ve.

“Si vi que el personaje vuela, tengo que hacerlo volar”, dijo López Romanelli.

“Lo que me motiva es la ceremonia. Esa cosa que hace que en el teatro el aire se vuelva distinto. Esa magia de que algo esté ocurriendo y está todo el mundo atento y en silencio o reaccionando. Esa sensación de estar ahí es lo que me motiva. Sobre todo porque yo pierdo materia. No siento nada. No tenés conciencia ni de tu cuerpo, ni de tu peso. Es raro, es como si fueras solo energía. Cuando estás en escena y está todo el mundo ahí, vos no existís. Y es un alivio muy grande, mental, físico. Es como volverse aire”, explicó.

Espectáculo

Bajo el árbol estará a partir del 30 de junio en la sala mayor del Teatro Solís, todos los días a las 15:30 y algunas fechas con doble función (a las 17 horas) y hasta triple (a las 19:30).

En escena, manipulan los muñecos: Sebastián Ferro, Andrés Sparpaglione, Agustín Hirigoyen, Fabián Principi, Maximiliano Rivero y Martín L. Romanelli. La música está a cargo de Federico Moreira y Nicolás Varela. Las animaciones son de Alfonso Lourido.



Comentarios

Populares de la sección

Acerca del autor