¡A cambiar el chip cuarentones!

Alejandra Bretón explica por qué emprender después de los 40 años vale la pena

Esta  columna se la dedico a quienes tienen cuarenta o están en su antesala y desean o necesitan cambiar.

La escribí pensando especialmente en aquellos que se sienten atrapados en su propia vida. En los que piensan en los cuarenta como el final y los viven con resignación, como si las elecciones hechas en su trayectoria profesional los hubiese determinado por siempre. En los que están cansados de su trabajo, ya no tienen ganas de seguir dependiendo, quieren ser libres pero no saben cómo salir del círculo vicioso, cuando no son expulsados, claro.

Sea por coyunturas, por necesidad de realización personal y/o profesional, porque aspiran a conciliar el trabajo con la vida familiar, o porque quieren un nuevo desafío, todos los motivos son válidos y nunca es tarde para emprender. De hecho, cuando las ganas de hacer algo distinto son tan fuertes es una decisión muy sabia y sana enfrentar la realidad e implementar una estrategia para realizar ese cambio.

Volver a empezar o dar un golpe de timón requiere de valentía. Sobre todo cuando se ha alcanzado cierto estándar de vida y hay una estructura que financiar. Ni que hablar para los que tuvimos hijos tarde y aún tenemos como veinte años de inversión por delante.

Pero hay buenas noticias. Emprender a los cuarenta tiene sus ventajas.

Según los investigadores de la Escuela de Negocios de Babson - referente en emprendedurismo a nivel mundial – autores del modelo Emprendedurismo, Pensamiento y Acción, emprender es una forma de pensar y actuar. Y para emprender de forma exitosa se requiere de dos procesos: el autoconocimiento y la reflexión.

El autoconocimiento consiste en tener una mejor comprensión de quiénes somos, cuáles son nuestras fortalezas o habilidades, y cómo éstas pueden ser usadas para el desarrollo de un emprendimiento. Cada emprendedor tiene una identidad única que, cuando se entiende completamente, se convierte en una base sólida para el desarrollo de una nueva empresa.

La reflexión es un proceso por el cual el conocimiento se desarrolla a partir de la experiencia. Cuando se reflexiona, uno trata de comprender o explicar, lo que a menudo conduce al aprendizaje profundo y a nuevas ideas para probar. La reflexión es especialmente importante para enfrentar experiencias desconcertantes, trabajar bajo condiciones de alta incertidumbre, y la resolución de problemas, mucho de lo que conlleva emprender.

El autoconocimiento y la reflexión llegan con los cuarenta. La cuarta década es una época de balances e introspección. Uno mira hacia atrás lo vivido y mira hacia adelante lo que quiere hacer. Surge con mayor intensidad la necesidad de trascender, de dejar una huella. A fuerza de porrazos estamos más curtidos, y hemos desarrollado algo que no conocíamos a los veinte y los treinta, la paciencia, el dejar que ciertas cosas decanten. En mi opinión estamos “al dente”.

La ventaja de emprender a los cuarenta es que ya tenemos más claro quiénes somos. Podremos tener inseguridades, miedos, pero ya recorrimos un camino, vivimos lo suficiente para saber qué nos gusta y qué no, qué estamos dispuestos a sacrificar en pos del éxito profesional. Hemos tenido fracasos y algún éxito. Las prioridades están más ordenadas. Conocemos el valor de nuestro tiempo y cómo es trabajar en el mundo real.

Además, hemos desarrollado un cierto expertise en algún campo y generado una red de contactos. En definitiva, tenemos una serie de activos valiosos que pueden ser puestos a trabajar a la hora de emprender algo por nuestra cuenta.

Desde mi experiencia les puedo decir que no es fácil, pero no hay nada como la libertad, el sentirse vivo, motivado y orgulloso de estar construyendo algo propio. Tener tiempo para pensar, crear, imaginar, descubrir, dudar, cambiar. Emprender es una oportunidad para reconectar con uno mismo.

¿Te convencí? Bueno ya sabés que la receta mágica no existe, pero hay pequeñas acciones que nos pueden llevar por el camino. Eso será tema de próximas entregas.

Los cuarenta no son el preámbulo del fin de la carrera profesional, sino la gatera de una nueva carrera que se llama emprender. ¡A cambiar el chip cuarentones y a animarse!
 
* Alejandra Bretón es emprendedora, comunicadora, docente y directora de Kalibre.


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