A Macri le va mejor en la calle que en la TV

Se percibe una brecha significativa entre lo que instalan los programas políticos de la televisión argentina y lo que se percibe en la calle

*Por Alberto Valdez

Cuando el presidente Mauricio Macri empieza a transitar la segunda parte de su “luna de miel” con la sociedad, en alusión a los primeros 100 días de gobierno, se percibe una brecha significativa entre lo que instalan los programas políticos de la televisión argentina y lo que se percibe en la calle. Esta dicotomía puede llevar a la confusión a quienes solo cuentan con el clima mediático para intentar comprender lo que está pasando luego de casi 60 días de gestión de Cambiemos.

Si el diagnóstico se construye en base a las tremendas discusiones y violencia verbal que, por ejemplo, exhibe diariamente el programa televisivo “Intratables” entre los politicos y periodistas que pasan por ese estudio se llegaría a la conclusión inequívoca de que la sociedad argentina vive en un clima tan belicoso como en la Venezuela bolivariana. Se podría afirmar que la famosa grieta se ha profundizado a niveles de una fractura social; claro que los productores del exitoso envío del Canal América solo buscan rating como si se tratara de una pelea entre vedettes. Hacen lo que se denomina un talk show.

Para mantener la audiencia invitan a representantes de la política con escasa representatividad pero que garantizan polémica, sobre todo a aquellos que van a defender a rajatabla al kichnerismo y atacar, sin miramientos, al macrismo. Tomamos el ejemplo de “Intratables” como representación emblemática de que lo que se muestra actualmente en la TV no tiene un correlato con lo que debate y discute la sociedad. La gente en la calle, en la intimidad familiar o en los trabajos no se anda insultando por defender a unos y otros. En todo caso hay grises y no tanta ideologización.

No se trata de describir un clima social escandinavo: hay tensiones y gente preocupada pero actualmente Macri todavía goza de la popularidad suficiente como para tomar decisiones audaces y el poder de Cristina Fernández de Kirchner se ha deteriorado mucho más rápido de lo que muchos presagiaban. Hoy el oficialismo luce con más margen de maniobra que la capacidad de daño del kichnerismo. Y eso se percibe claramente con la fractura que se ha generado la semana pasada en el seno del peronismo.

Mucho de los pragmáticos gobernadores, diputados, intendentes y sindicalistas del PJ que durante una década no se sonrojaron de tanto aplaudir a la ex presidenta ahora la desconocen y les preocupa mucho más hacer buenas migas con Macri. Quienes gestionan saben que necesitan de la caja del Estado para pagar sueldos o financiar las obras sociales y los otros perciben que no es el momento de hacer una oposición tan salvaje al nuevo gobierno como pretende la radicalización kirchnerista.

Paradójicamente, Cristina no logra percibir esta realidad y encima no solo se aísla sino que además ha decidido rodearse o defender a dirigente impopulares como Guillermo Moreno, Milagro Sala, Luis D’Elía, Martin Sabatella o los jóvenes de La Cámpora. Una estrategia jacobina y sectaria que asusta y genera rechazos en los expertos en realpolitk del peronismo. En el PJ tradicional solo quieren no perder elecciones y convivir con quien hoy maneja el poder. Eso no significa que se hayan hecho macristas de respete sino que saben que este no es el momento de confrontar con un presidente con popularidad.

La disidencia peronista al kirchnerismo quiere volver a ser gobierno en 2019 pero percibe que para ello es indispensable deskichnerizar la estructura del PJ y esperar con paciencia que se desgaste Macri. El primer test será en las elecciones legislativas de octubre del año próximo y para ello falta una eternidad. Previamente tendrán que dar la batalla dentro del PJ contra los seguidores de CFK. Una pelea con pronóstico reservado, ya que nadie sabe a ciencia cierta cómo va quedar la relación de fuerzas en el principal partido de la oposición.

El gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, aparece como la cara visible del peronismo prolijo y moderado, pero no tiene el liderazgo, la popularidad y la estructura suficiente como para derrotar al kirchnerismo. Pero en estos tiempos es quien le hace frente a la ex presidente y además ha construido una muy buena relación con Macri y con el influyente Sergio Massa, el opositor que mejor se lleva con el líder del PRO. Ambos hoy son la llave de gobernabilidad para el presidente, especialmente en la Cámara de Diputados.

Este escenario de crisis abierta en el PJ con serios interrogantes sobre la capacidad de Cristina para reconstruirse políticamente es absolutamente funcional a Macri. Le da margen para acumular poder e implementar muchas de las reformas que le exige la preocupante herencia que dejaron los kirchneristas. Una oportunidad similar tiene la gobernadora Maria Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires gracias al virtual cogobierno que ha construido con el massismo.

Claro que no todo lo que reluce es oro. Los desafíos para el macrismo no son nada sencillos. Todo parece indicar que el imprescindible sinceramiento de las tarifas eléctricas va a quitarle poder adquisitivo a los sectores medios y puede generar malhumor. Además, se vienen paritarias complicadas en pleno proceso inflacionario que anticipan muchas negociaciones y una fuerte puja distributiva. Varios test de gobernabilidad para el primer gobierno no peronista de este siglo. Tercera oportunidad desde 1983. l

* Periodista argentino. FM Milenium e Infobae


Populares de la sección

Comentarios