Agustín Casanova: "No me reconocía"

El líder y vocalista de Márama se encuentra en pleno ascenso de su carrera musical; sin embargo, tuvo que atravesar una fuerte crisis personal de camino al éxito
Agustín Casanova está visiblemente cansado. El agotamiento, se evidencia en sus ojeras pronunciadas y un desánimo general; es que la máquina de Márama no ha parado de andar en los últimos años. Ese joven alegre y de actitud picaresca, que se puede ver en los videos musicales de la banda y sobre el escenario, ha tenido en realidad un año duro. Reconoció haber sufrido mucha presión psicológica, ansiedad, estrés y dijo también que, en más de una oportunidad, perdió el control de las cosas hasta el punto de no reconocerse a sí mismo frente al espejo. No obstante nunca pidió ayuda, ya que creía que ni su familia ni sus amigos podrían entender por lo que estaba pasando. Encontró un alivio en la meditación y en terapias alternativas como El Arte de Vivir, tratamiento que eligió hacer, explicó, porque algunos de sus referentes, como Abel Pintos, también lo hacen. "Fue un proceso de conocerme más a mí mismo y de dejar de cuestionarme tanto todo", contó.

Son pasadas las 6 de la tarde y desde las 8 de la mañana Casanova está desfilando por los medios. Todavía tiene por delante un ensayo y cree que se quedará despierto hasta las 3 de la mañana trabajando en un nuevo disco. El joven vocalista vive unos días particularmente vertiginosos, ya que se está preparando para un nuevo concierto en el Velódromo, que dará junto a Rombai, el sábado 12.

Fix You Marama

El 2016 del uruguayo no tuvo pausas: cargó con una agenda de shows interminable por América Latina, participó en el programa de Marcelo Tinelli, atendió a la prensa y se embarcó en una gira en la que recorrió gran parte de Argentina. Ahora, además del Velódromo, el músico tiene por delante dos shows en el Luna Park y la grabación de un nuevo trabajo que se espera pueda salir en diciembre. Pero eso no es todo, ya que en los próximos meses la demanda de shows aumentará tanto en Uruguay –con la temporada de verano– como en países más alejados, como México. Márama no se detiene y puede que su ritmo se vuelva cada vez más exigente.

¿Cree que ya es tiempo de despegarse de la cumbia pop y probar con otros géneros, ahora que tiene una base de fanáticos sólida?

Puede ser que en algún momento sí. Pero en ese caso sería si me lanzara como solista. La esencia de Márama es cumbia. Quizá se pueda acercar a otro estilo más tropical o más centroamericano pero no creo que se salga de la cumbia completamente. La idea siempre fue volver la cumbia un género fuerte, ya que si bien se toca básico puede enriquecerse. Ese es el objetivo. De hecho ya ha cambiado la posición del género dentro de la música ahora que se reflejó un poco más en el pop y que cada vez se le agregan cositas más complicadas. Eso se va a poder notar en el show en vivo porque lo que hicimos fue reversionar temas para que sean más ricos musicalmente.

¿Qué tendrá de diferente el nuevo disco?

Voy a componer y escribir yo, y no solo Fer (Vázquez). En realidad siempre escribí, solo que nunca me animé a exponerlo para la gente, recién ahora me lancé a hacer las primeras canciones. No es que me haya sentido muy cómodo la verdad y hasta el último momento antes de que salga mi canción –y vea si a la gente le gusta o no– voy a estar inquieto y nervioso. Generalmente siempre me voy mucho a lo profundo, pero esta vez intenté ser lo más específico posible para explicar momentos de mi vida. También le busqué la vuelta a las canciones para hacer algo distinto. Por ejemplo hay una que es sobre todo lo difícil que es para mí conseguir pareja. Es mi realidad traducida a una letra de cumbia que respeta ciertas características para que no salga de lo comercial.

¿Disfrutó de su paso por Showmatch?

Disfruté y aprendí. Obviamente algunas cosas no me gustaron tanto, como por ejemplo la prensa amarillista, que la sufrí. Al no estar acostumbrado, me ganó. También el tema del cansancio y de los ensayos no fue muy sano para mi cuerpo. Me terminó ganando la parte psicológica y la presión porque no podía ver a mi familia ni a mis amigos. El peso de ganar o no ganar no me afectaba porque ya sabía que me iba a tener que ir antes de terminado el certamen, por las giras, y entré con un plan más de disfrutar el momento.

¿Hace o hizo terapia para sobrellevar esa presión psicológica?

Nunca hice terapia. Hago mucha meditación y también me ayuda venir a Uruguay. Cada vez que regreso al país me reinicio, empiezo a ser de vuelta el mismo.

¿Cómo es que deja de ser usted mismo? ¿Qué es lo que pasa por su cabeza en esos momentos?

No te reconocés. Como que estás dormido. Generalmente nuestra conciencia vive dormida, se podría decir que existimos y que no vivimos. Entonces me preguntaba: '¿Cómo llegué hasta acá?, ¿por qué pasó todo esto?, ¿cuál sería mi misión?'. Entonces empezás a tener una suerte de crisis existencial que hay veces que te intenta tirar y, donde te agarre bajo de ánimo o bajo de energía, te deprime.

¿Llegó al punto de la depresión?

Llegué al punto de decir 'me siento mal'. No sé si deprimido, pero me sentía triste, solo, y quería dejarlo todo. Después empecé a trabajarlo con meditación y ahí me volví a nivelar.

¿Pensó en pedir ayuda en esos momentos?

No, no decidí pedir ayuda porque no me iban a entender. Mi familia no estaba conmigo en ninguna de las giras y mis amigos no tienen ni idea de lo que vivo. Solo algún otro tipo de artista podría comprender porque lo que vivimos es explosivo. Lo que intenté fue ver cómo hacían los otros músicos para poder sobrellevar todo esto. Observé a Abel Pintos, que es un artista que está por el mismo lado espiritual que yo, o Ricky Martin. Ahí fue que me empezó a llamar un poco más la atención el mundo de la espiritualidad. Empecé a leer libros y con la meditación empezó a ordenarse todo. Fue un proceso de conocerme más a mí mismo y de dejar de cuestionarme tanto todo. Me cuestiono, sí, pero no me estreso por no obtener las respuestas; solo espero que lleguen.

¿Cayó o tuvo miedo de, durante su crisis, caer en alguna adicción?

La verdad nunca tuve miedo de eso. Lo único que hacía cuando no existía Márama era tomar alcohol moderadamente como cualquier joven. Con la llegada de la banda dejé de tomar porque el alcohol me baja el registro de la voz y yo soy muy exigente con ese tema, entonces dejé todo. Incluso al principio comía mal y ahora hasta me cuido con la comida, porque obviamente si llevás una mala alimentación y dormís mal, va todo en picada. Creo que, de hecho, la presión me ayudó a enderezar esas cosas.

Hay fanáticas que le dejan cartas debajo de la puerta de su apartamento, ¿cómo maneja los límites en este tipo de situaciones?

Se me va de las manos. A veces siento que no tengo el control. No es que no me siento bien –queda feo decir que no me siento bien– pero me siento un poco nervioso cuando veo que no puedo controlar la situación.

¿Cuánto le pagaron por participar en Bailando por un sueño?

No queda muy bien hablar de plata; queda medio raro.

Sacó una línea de ropa hace poco, ¿le gustaría seguir explorando esa veta empresarial?

Márama no va a existir para siempre y en el momento en el que termine emprenderé como empresario. Igual no tengo ni idea de por qué lado iría dentro de las empresas. De todas formas voy a dedicarme a la música siempre, aunque termine siendo un hobby.

El show

Márama y Rombai se presentan con su Noche loca tour, este sábado 12 de noviembre a las 21 horas en el Velódromo de Montevideo. Entradas a la venta en Abitab desde $388.

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