Al compás de la luna llena

La Full Moon Party es una gran celebración que se organiza todos los meses en Tailanda y que abruma los sentidos de todo aquél que la vive por primera vez. Un destino imperdible para los amantes de las fiestas
Por Fernanda Kosak

Una vez por mes, en una playa de la isla Koh Pha Ngan al sur de Tailandia, unas veinte mil personas de todos los rincones del globo -en su mayoría jóvenes- se congregan para ser parte de la mítica Full Moon Party, o Fiesta de la Luna Llena. Es la noche donde el clima constante de fiesta que envuelve la isla llega a su clímax, lo cual es decir en una isla cuya existencia se debe casi que exclusivamente a este tipo de eventos. En concreto, la Full Moon Party cuenta cada vez con más adeptos a nivel mundial, y pasar por ella permite rápidamente percibir por qué.
El primer sentido que se ve abrumado por lo imponente de aquella velada es la vista. Uno pasa de la ajetreada calle iluminada a la relativa oscuridad de la playa nocturna donde sucede. Cuando el ojo se acostumbra, una serie de destellos comienzan a captar la atención ocular. La fiesta entra primero por los ojos.

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Y en ese sentido, la que lo empieza todo es la luna. Majestuosa, como nunca llena, redonda y brillante: empieza a tener sentido que se haga tal fiesta en su honor. Después viene lo fluorescente que caracteriza a la noche: en los cuerpos de las personas, en la ropa, en enormes lienzos con diseños, en carteles de "Free Shots" y en todos lados. Y luego toma protagonismo el fuego: cuerdas de fuego, limbos de fuego, aros de fuego. Todo es un desafío para que los turistas más osados se animen a pasar por ellos mientras festejan entre sí.

Esa combinación de luz y oscuridad se pone a tono con lo auditivo casi de inmediato: la música electrónica, rítmica, que instintivamente guía hasta la frecuencia de los pasos, es el centro musical de la celebración.
También pasa que al querer bailar uno se vuelve pesadamente consciente del calor y lo sofocante del clima tropical del sur tailandés. Pero no importa: Todas las pieles brillan a la luz de la luna y no hay forma de deshacerse de esa caprichosa capa de sudor en toda la noche.

Ese día Koh Pha Ngan parece reventar de gente. La fiesta per-se es en la playa, pero el ambiente festivo se extiende varias cuadras isla adentro.

Los puestos de comida ambulantes se multiplican y se ubican estratégicamente en las callecitas que desembocan en la playa. Es una noche de trabajo dura para los tailandeses, pero sin duda la más redituable del mes. También lo es para los vendedores de los incómodos buckets, los baldes con tragos a elección que un turista puede comprar ilusionado con atenuar el calor y que son tan grandes que, a la media hora, se convertirán en un enorme recipiente de hielo derretido.

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Pero lo que se consume en la fiesta está lejos de ser solo esa engañosa costumbre: mesas y mesas de comida preparada especialmente para esa noche tientan a quienes por allí pasen. Los puestos permanecen abiertos y trabajan toda la noche con la rotatividad propia del horario del mediodía. Ese día, hay dos grupos bien definidos de gente: gente que va a la fiesta y gente que está trabajando para la fiesta. Pero nadie es ajeno al fenómeno en honor de la luna esa noche. Es algo común en una isla que vive al ritmo de las fiestas "satélite" de la fiesta de la Luna.

La vida de la Koh Pha Ngan transcurre en un eterno ciclo que se sucede mes a mes. Está la Fiesta de la Media Luna (Half-Moon Party), no tan famosa como su hermana mayor y la Jungle Party, una masiva fiesta electrónica con entrada paga que sucede en la mitad de la selva y con Djs internacionales. También es bastante conocida la multitudinaria Waterfall Party.

Pero otra marca de identidad de esta isla son las Pool Parties, fiestas en piscinas que no solo son gratis sino que además tienen su propio transporte con los clásicos tuk tuks (una especie de moto taxi para varias personas). La provisión de eventos es tal en este rincón del mundo que hasta hay una fiesta latina todas las noches donde incluso se escuchan canciones de Rombai.

Existen muchos polos de fiestas alrededor del planeta, pero estar en Koh Pha Ngan es entender que esta es la tierra prometida para los amantes de las fiestas y de los encuentros entre personas de todo el mundo. La Full Moon huele a mar, a transpiración, a alcohol y a fuego. Huele bien. Huele a armonía. Es el corazón de un lugar del mundo al que la gente va a asombrarse, a sentir y a festejar.
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