Algunas cosas que vale la pena recordar, aunque vuelva Luis Suárez

Esta es una caprichosa lista de temas más trascendentes que un tipo atrás de una pelota de fútbol

Tengo 39 años y no recuerdo un día de tanta alegría colectiva como aquel 2 de julio de 2010, cuando Luis Suárez saltó en la línea del arco, levantó su mano y no solo evitó un gol de Ghana en el minuto 120 de un partido de cuartos de final de un mundial. Aquel día empezó a construirse una leyenda. Nació el país donde –parece- todos vivimos pendientes de lo que hace y dice un futbolista llamado Luis Suárez.

Este viernes vuelve a la selección tras una ridícula sanción de dos años y todos recordaremos –ya lo estamos haciendo- los goles de Sudáfrica, el increíble doblete contra Inglaterra en Brasil, la mordida y a Suárez saliendo de la concentración como si fuera un delincuente. Y nos vamos a emocionar y calentar porque el fútbol, en el fondo, es eso.

Y vamos a recordar que podremos contarle a nuestros nietos que vimos a Uruguay entre los mejores de un Mundial de fútbol, que también lo vimos campeón de América en Buenos Aires. El fútbol tapará todo porque, ya saben, este es el país de Suárez.

Pero no nos olvidemos de lo otro, de lo que verdad importa. Y entonces acá va una caprichosa lista con unos cuantos temas que me parecen más trascendentes que un tipo corriendo atrás de una pelota, aunque tengan menos prensa y suene cursi decirlo.

No nos olvidemos que vivimos en un país donde el desempleo crece y miles de personas viven en condiciones indignas en cantegriles. Que hay ciudadanos de primera y segunda clase. Que nacer en Montevideo o en ciertas partes del interior puede ser la diferencia entre vivir o morir, entre tener o no acceso a servicios y equipamiento médico de buen nivel.

Que vivimos en un país donde el vicepresidente dice que es licenciado pero no lo es, donde el sueldo se escapa en la caja del supermercado y donde hace décadas que las autoridades intentan resolver sin éxito el problema de la basura en la capital.

Y recuerden que tener una camiseta de futbol puede ser razón suficiente para matar y para morir. Que alguien puede ser asesinado solo porque se le canta a otro. Que matan taxistas y el sindicato se niega a poner cámaras de seguridad en las unidades (también rechaza sacar las mamparas que todas los años provocan lesiones en la cara a decenas de pasajeros y no evitan los asesinatos).

No olvidemos que nos obligan a votar en una elección donde nadie sabe bien qué se vota ni quiénes se presentan. Y que encima no nos venden alcohol el día antes.

Que tenemos un presidente que dice querer ahorrar energía pero da marcha atrás al cambio horario porque se lo piden empresarios del sector turístico que todos los veranos ponen precios abusivos en sus establecimientos. Que una vez vetó la ley del aborto en contra de la opinión del partido que representaba.

Tampoco olvidemos que la oposición parece más preocupada por resolver sus chacras internas de poder que por presentar una propuesta alternativa y viable de país.

No nos olvidemos de todo eso cuando empiece el partido entre Uruguay y Brasil y Suárez entre a la cancha. Porque solo se trata de un partido de fútbol, y lo lógico sería disfrutar o sufrir en su justo término. Lo otro importa mucho más. ¿O será mucho pedir?

Escribo estas líneas mientras viajo al fondo de un ómnibus linea G y escucho a Charly, un lunes de Semana de Turismo. Las calles del Centro están bastante vacías, las veredas sucias, cada pocas cuadras se ve un cuerpo tirado en una esquina o alguien revolviendo un contenedor. Montevideo luce triste y decadente, más de lo habitual.


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