Alternativa al fracaso petrolero

El sueño del petróleo propio se ha diluido con el informe negativo sobre la primera prospección en la plataforma marítima

El sueño del petróleo propio, que evoca la prosperidad rumbosa de emiratos de Medio Oriente, se ha diluido con el informe negativo sobre la primera prospección en la plataforma marítima. Pero, por varias razones, la noticia no es tan mala como puede suponerse. Por un lado, el petróleo es un activo depreciado por su efecto contaminante. Por otro, está siendo sustituido por fuentes de energía limpia. La caída de la demanda ha generado además el derrumbe de su precio, actualmente un tercio del que regía hace un par de años. Y la abundancia petrolera induce muchas veces a la complacencia y la corrupción en gran escala, como lo ejemplifican los casos pavorosos de Pdvsa en Venezuela y Petrobras en Brasil.

Para prevenir este peligro el presidente Tabaré Vázquez, un entusiasta del tema, se apresuró a sostener reuniones con los expresidentes para organizar una política de Estado para el manejo de la futura riqueza improbable. Hasta programó un nuevo organismo estatal para manejarla. Pero su concreción ahora parece esfumarse con el fracaso de la empresa Total en la primera prospección en nuestro mar territorial. Se anuncia que este traspié no desalentará la continuación de la búsqueda. Pero la realidad es que las perspectivas han sufrido un golpe severo con este fiasco inicial. Se le agrega que Total, y las demás empresas internacionales que tienen asignados bloques de la plataforma marítima, está postergando y retaceando sus inversiones debido a las adversas condiciones del mercado mundial. En el caso uruguayo, se ha estimado que la explotación de posibles yacimientos a gran profundidad tendría un costo 40% superior al precio actual del barril de petróleo.

Disponer de hidrocarburos sería probablemente útil en el caso del gas, para alimentar la planta regasificadora en vez de tener que comprarlo a otros productores. Pero sigue incierto el futuro de la planta, cuya construcción avanza lentamente, sobrevolada por tropiezos e incertidumbres. Su viabilidad depende en gran parte de que Argentina confirme su compromiso preliminar de comprar el voluminoso excedente de producción que quedaría luego de abastecer el consumo local. No es seguro que así ocurra, ya que el gobierno del presidente Mauricio Macri está embarcado en restablecer la alicaída producción de gas en su país para enfrentar la crítica escasez actual que heredó de los descuidos inversores de la era kirchnerista.

Las golpeadas perspectivas de explotar hidrocarburos imponen concentrarse en aumentar las fuentes de energía limpia, especialmente eólica y por biomasa y, en grado menor, con paneles solares, como complemento de la generación hidroeléctrica en las represas. El pujante desarrollo de los parques eólicos puede llegar a cubrir el 30% de la energía que el país consume. Y la producción por biomasa llegaría al 16% de las necesidades locales si se concreta la construcción de una tercera planta de celulosa, que generan energía con desechos de su explotación forestal. Estas nuevas fuentes han transformado el marco energético, asegurando por primera vez abastecimiento adecuado sin depender tanto de las centrales térmicas, costosas en petróleo. No puede descartarse que algún día el país llegue a explotar hidrocarburos. Pero el empeño debe concentrarse por ahora en la alternativa de incrementar las fuentes actuales de energía limpia, que ya hasta nos permiten exportar electricidad a Argentina.


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El Observador

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