Anainés Zignago: crecer en familia

Anainés Zignago, directora nacional de Aldeas Infantiles SOS en Uruguay, le abre las puertas a Seisgrados para compartir su trabajo diario, sus proyectos, sus desafíos y sus anécdotas
Por Valentina Longo

Barrio La Blanqueada, 1987. Los niños juegan en la vereda. Rodillas rotas por reiteradas caídas en bicicleta, largas tardes de escondidas, payana y armado de chatas que se deshacen al tirarse por bajaditas de césped. Estos recuerdos marcaban el ritmo de las agujas del reloj en la infancia de Anainés Zignago, directora nacional de Aldeas Infantiles SOS.

"Una infancia totalmente distinta a la que están teniendo mis hijos", afirma mientras se la nota preocupada por las diferencias en la crianza. Madre de Abril (13), Nicolás (11) y Lucía (2), Anainés afronta arduamente la tarea de liderar Aldeas Infantiles, organización no gubernamental que lucha día a día por mejorar la situación familiar de más de 1.800 niños y adolescentes de todo el país.

Le pregunto cuál era su profesión favorita de niña y responde que soñaba con ser astronauta, viajar por el mundo y, por qué no, con ser presidente. "Creía que podría resolver todos los problemas. Después se me fue pasando", explica entre risas, con una mirada más realista. Sin embargo, su trabajo actual busca resolver la situación de cientos de familias y, desde allí, hacer de este mundo un lugar más acogedor. Garantizar el derecho de niños y adolescentes a una convivencia familiar y comunitaria es el objetivo principal de la organización internacional Aldeas Infantiles SOS, que desde 1949 trabaja en el mundo. En Uruguay hace 50 años que apoya a la sociedad con modalidades alternativas de cuidado.

Generar un cambio con la profesión

Descendiente de italianos, españoles e inmigrantes polacos, Anainés tiene bien claro que el esfuerzo, el trabajo y el sacrificio son necesarios cuando se quiere generar un cambio positivo en la sociedad. A los 18 años comenzó dos carreras: Relaciones Internacionales en la Universidad de la República y Negocios Internacionales en la Universidad Católica. Para poder sustentar el pago de la carrera en la universidad privada buscó un empleo e ingresó como operadora de call center a la multinacional IBM. Ese año prácticamente no tenía tiempo libre entre el trabajo y las dos carreras; luego optó por seguir únicamente con Negocios Internacionales, carrera con la que se identificaba más y que le permitía continuar con su trabajo por los horarios. Debido al interés que demostraba, pasó del call center a la oficina de proyectos de IBM, donde pudo capacitarse en gestión y aprender de "una excelente escuela", hasta luego alcanzar la gerencia de proyectos. Allí aprendió protocolos y procesos que la ayudaron a crecer tanto a nivel profesional como personal.

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"Tuve a mis dos primeros hijos y luego, con el cambio de década a los 30 años, me vino un planteo profundo de hacia dónde voy y qué estoy haciendo". Fue entonces cuando decidió que era momento de buscar otro rumbo laboral y comenzó a trabajar como coordinadora de un proyecto del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en el Plan Ceibal. El proyecto buscaba dotar de contenidos a las computadoras del Plan. "En aquel momento el Plan recién salía, entonces había mucho para crear. Era un reto, pero se ve que me gustan los retos", deduce en voz alta. Su desempeño destacable la convirtió en gerenta del área social y formativa. "Fue un momento de Ceibal muy demandante y muy especial. Se volvió un puzle bastante grande en el que había que encargarse de formación docente, desarrollo de aulas comunitarias, consultorías, evaluación y monitoreo, proyectos de cooperación y más. Trabajaba full time y la verdad es que no me organicé bien con mis hijos; sacrifiqué mucho tiempo de mi familia".

En Plan Ceibal trabajó tres años y en 2012 ingresó a Aldeas Infantiles SOS Uruguay. "Cuando hice el cambio hacia Aldeas vislumbré una forma de realizar algo que me aportara más en lo que respecta a generar un cambio en la infancia". Recuerda que vio el llamado y pensó que sería una propuesta interesante, por lo que no dudó en presentarse. El proceso fue largo y adaptarse a la organización implicó varias sorpresas.

¿Qué esperabas y qué cosas te sorprendieron?, pregunto con curiosidad. "Me sorprendieron positivamente las posibilidades de generar un cambio. Aldeas estaba en un proceso en que la organización como federación se encontraba analizando los subsidios internacionales. Siempre había sido sustentada económicamente por Europa y dejaría de recibir gradualmente ese apoyo internacional, por lo que significaba un desafío importante". Anainés no se sintió intimidada, sino que empleó todos sus conocimientos y habilidades para establecer nuevas estrategias y liderar este equipo de más de 500 profesionales.

Servir en equipo

El servicio es uno de los cimientos de la vida de Anainés y el motor de su trabajo día a día. Hablar de ella sin hablar de servir es casi imposible, ya que su vida gira en torno a esto. Admite que nunca se desenchufa y que disfruta de poder contribuir a cuidar la infancia a partir de su profesión.

En Aldeas Infantiles el objetivo es brindar un entorno protector, lo más parecido posible a una familia, a niños que han sido separados de sus padres por una orden judicial: un cuidado afectivo enmarcado en una institución. Otro de los pilares de trabajo es el fortalecimiento familiar, con lo que se busca prevenir la separación, abordando situaciones de gran vulnerabilidad y tratando de fortalecer las capacidades de cuidado. "También trabajamos fuertemente en incidir en políticas públicas que vayan en la misma línea", añade.

En Uruguay Aldeas Infantiles SOS funciona desde 1960 y es el primer país de América Latina en el que se instaló. Actualmente trabaja en convenio con el Instituto del Niño y Adolescente (INAU) de manera integral mediante la implementación de un programa filial. El servicio de acogimiento de la organización es el más conocido y con el que comenzaron en Uruguay. Consiste en recibir a niños y niñas que fueron separados por una decisión judicial de sus padres, se los cuida tiempo completo en un entorno familiar y residen en las casas de la organización. "Nos aseguramos de que vayan a la escuela, tengan las visitas correspondientes con equipos de salud y participen en actividades sociales. Se los cuida en una casa, brindándoles un entorno familiar, con personal al que capacitamos para ese cuidado. Desde el día en que entran estamos fortaleciendo lazos familiares y parentales, para que vuelvan a ser cuidados en un entorno familiar. Esto significa que, si se decidió que no podían estar viviendo con su madre o padre, buscamos referentes familiares que puedan hacerse cargo. Cada situación es distinta. Cada decisión de separación se da por un motivo diferente y, por lo tanto, se debe diseñar e implementar una solución acorde a las necesidades de cada uno".

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"Cada niño que es separado de su familia quiere estar con su familia. Por más que haya habido una situación de vulneración o violencia, los niños quieren estar con sus padres. Nosotros lo que tenemos que tratar es de asegurar que siempre y cuando el entorno familiar sea protector puedan volver a estar con su familia", explica. El tiempo de permanencia de cada niño o adolescente depende de cada situación. Por lo general retornan con su familia o con parte de la familia extensa, como los abuelos. La tendencia es acortar los tiempos de permanencia.

Aldeas está presente en varios puntos del país: Paysandú, Salto, Florida, Canelones y Montevideo, este último con el centro de acogimiento más grande a nivel nacional, con 150 niños. En cuanto a servicios, la organización trabaja en diferentes modalidades. Además del servicio de acogimiento, se encuentran los Centros de Atención a la Infancia y la Familia (CAIF), a donde asisten niños de 0 a 3 años y se pone foco en acompañar a las familias en esos primeros años; los Clubes de Niños, para los escolares, donde se los apoya desde un punto de vista educativo; y los Centros Juveniles para los adolescentes y jóvenes, donde se trabaja para potenciar su inserción social y educativa. A cargo de Aldeas también están los Equipos Territoriales de Atención a la Familia (ETAF) que trabajan con familias en situación de vulnerabilidad.

"Somos conscientes de la responsabilidad que tenemos y es un trabajo complicado, pero que también da muchísima satisfacción. No sé qué otro trabajo me daría a mí la alegría y todo lo que me devuelve el hecho de volver a tu casa y saber que estoy haciendo todo lo que puedo para realmente garantizar los derechos de los niños. Me saco el sombrero con la gente que está en los programas día a día con los chiquilines. Hay mucho de vocacional y de equilibrar lo personal y lo laboral", reflexiona orgullosa de su equipo. Le pregunto si es de ir a los programas y responde afirmativamente, señala que es la mejor manera de no perder el foco y ver lo que funciona en la práctica y lo que no.

Financiar la organización

Aldeas Infantiles SOS Uruguay se sustenta con varias formas de financiamiento, desde convenios con el INAU hasta aportes personales y de empresas, además del apoyo de la organización internacional. Sin embargo, no es nada sencillo mantener una organización de este tamaño, que a su vez tiene como meta ser autosustentable sin apoyo internacional hacia el 2020. Tres de los servicios de fortalecimiento familiar (Vista Hermosa en Paysandú, Don Calabria en Salto y Candil en Florida) son financiados enteramente por la organización internacional y corren riesgo de no ser sostenibles a mediano plazo. "Esos tres servicios requieren gran inversión porque atienden población vulnerable que, si nosotros no estuviéramos ahí, nadie atendería", explica.

El servicio de acogimiento está convenido con el Estado, pero las partidas que reciben no cubren la totalidad del presupuesto. Es por esto que la colaboración de empresas y particulares resulta fundamental. "Hoy, uno de cada 100 uruguayos aporta mensualmente a la organización. En la región es un número que impacta mucho debido al tamaño de nuestro país. Hay ganas de ayudar en Uruguay. Incluso ha pasado que en años en que ha habido crisis, el apoyo voluntario no ha cesado. Es un país solidario. Estamos apuntando a tener cada vez más amigos y que cada uno de ellos esté a su vez más comprometido desde diferentes lugares. Además, como somos beneficiarios de la ley de Rendición de Cuentas, recibimos también aportes de empresas que nos ayudan constantemente en nuestros servicios", destaca. El objetivo de Aldeas Infantiles es recibir cada vez más fondos locales que permitan equiparar la merma de subsidios internacionales.

Anainés está inmersa en esos desafíos pero no pierde el entusiasmo. Es de esas personas que te acompañan hasta la puerta y se despiden con una sonrisa; y así lo hizo esa mañana. Crucé la puerta reflexionando en los cambios que se generan en la sociedad a través de la profesión y en lo importante que es contar con personas apasionadas por lo que hacen, como ella.

Familia Amiga

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Aldeas Infantiles SOS Uruguay apoyará este año el proyecto Familia Amiga del INAU, mediante el cual familias solidarias pueden recibir en forma transitoria a un niño, niña o adolescente hasta que pueda regresar a su familia de origen o hasta que encuentre una solución definitiva a través de una familia inscrita en el Registro Único de Aspirantes a la Adopción (RUA). "Creemos que el uruguayo es muy solidario y tiene un interés real por la infancia. Vamos a estar acompañando esa iniciativa del INAU porque entendemos que hacia ahí tenemos que ir como sociedad, hacia un cuidado de niños en entornos familiares", afirma Anainés.

Adopción

¿Cómo trabaja Aldeas Infantiles en relación con la adopción?

Como funcionamos en convenio con el INAU, nuestros procesos están alineados. Entonces, de acuerdo a parámetros y protocolos del Instituto, lo que hacemos es cada dos meses evaluar las condiciones de permanencia. ¿Qué significa esto? Evaluamos si cada uno de los niños que está en nuestro padrón tiene condiciones de adoptabilidad, si va a ser atendido en contexto familiar o si tiene un perfil más de larga permanencia y va a seguir estando en residencia.

¿Cómo describirías el sistema de adopción en Uruguay?

Es un sistema complejo, que funciona lento y que, por lo tanto, debe ser revisado para funcionar acorde a lo que es la defensa de los derechos de los niños. El INAU está trabajando en una reforma para mejorar, sobre todo, los plazos. Han hecho llamados a técnicos que puedan reforzar sus propios equipos y tenemos toda la esperanza de que los plazos mejoren en el mediano tiempo. Actualmente el plazo de espera es de tres años.