Annie Leibovitz y el trabajo que nunca termina

La fotógrafa habló sobre su proyecto Women y las diferencias entre fotografiar a líderes en 1990 y ahora
En una mañana reciente en su estudio de fotografía en Manhattan, Annie Leibovitz discutía afectuosamente con su antigua amiga Gloria Steinem sobre una sesión fotográfica que hicieron juntas.
La escultural Leibovitz, con su largo cabello blanco derramado sobre su blusa negra de botones, recordó haber señalado alguna vez al revuelto escritorio de Steinem en el rincón de su casa durante el año pasado, y de haberle dicho: "Esa es tu cabina de mando".

"Pienso que es importante para una estudiante o escritora joven verte trabajando", le dijo Leibovitz.

En el retrato terminado y ahora colgado en la pared, Steinem, activista política y defensora de las mujeres, es capturada allí, a sus 82 años, perdida en sus pensamientos ante su computadora, rodeada de libros y papeles y bañada por el destello de su lámpara de escritorio. "Es, por supuesto, el lugar que más me importa", dijo Steinem.

La fotografía íntima de Steinem fue la primera de docenas de nuevas imágenes de líderes femeninas en ámbitos como la política, los deportes, la industria y la cultura que Leibovitz, a sus 67 años de edad, empezó a tomar para actualizar su proyecto de 1999 Women (Mujeres), un libro realizado en colaboración con su pareja durante 15 años, Susan Sontag, quien murió en 2004. "Realmente repercutió en el proyecto eso", dijo Leibovitz, pero "nunca estuvo terminado".

Diecisiete años después, con Women: New Portraits (Mujeres: Nuevos retratos), está aportando más elementos a la historia con una nueva mentora que es precisamente Steinem y una nueva generación de espectadores a los que llegar, además de un nuevo formato que va más allá de la página impresa. Desde enero, Leibovitz ha estado de gira internacional por 10 ciudades, apareciendo no en museos o centros comerciales sino en sitios "emergentes" e históricamente ricos donde la audiencia es invitada a unirse a ella en "círculos de conversación", encabezados por Steinem. Se han enfocado en temas que van de la violencia sexual contra las mujeres en la Ciudad de México a las experiencias de la mujer en el mundo de la tecnología en San Francisco.

"Me hace llorar que podamos hacer este tipo de trabajo dentro del espectáculo", dijo Leibovitz, quien añadió que la nueva obra es más "democrática"; más personal, más satisfactoria y más enfocada en las tareas de una persona (como Andrea Medina Rosas, una abogada de derechos humanos que trabaja con mujeres en la frontera entre Estados Unidos y México) en vez de en cómo se ve esa persona fotografiada.

Conocida como la fotógrafa de celebridades más destacada en el mundo, Leibovitz ha retratado mujeres durante 45 años en las páginas de Rolling Stone, Vanity Fair y Vogue, y ganando lo que alguna vez se reportó que ascendía a U$S 5 millones anuales y hasta U$S 250.000 por clientes publicitarios.

Con su voz fuerte y firme, ha hecho mucho por definir el canon del retrato contemporáneo, produciendo imágenes indelebles y provocadoras que incluyeron a un desnudo John Lennon acurrucado junto a Yoko Ono; a una estrella de Disney como Miley Cyrus parcialmente vestida a sus 15 años; a la muy embarazada y muy desnuda Demi Moore, o a la mencionada Yoko después de la muerte de su esposo, con sus "lágrimas" hechas con un truco de cámara con vaselina (Ono dijo a otros que Leibovitz nunca le explicó por qué le estaban untando vaselina).

"En 1999, nos esforzamos por encontrar a directoras ejecutivas y mujeres que dirigían empresas. Por ejemplo, fotografiamos a Carly Fiorina", dijo Leibovitz, comparando los dos proyectos. "Ahora, parece que realmente hay muchas más mujeres en posiciones altas", añadió.

No hay ningún desnudo entre las filas de retratos colgados en la pared del estudio que está a su espalda, aunque uno difícilmente podría imaginarse pedirle a la cantante Adele desnudarse ante su piano, o a la activista paquistaní Malala Yousafzai que lo hiciera en un salón de clases. Repasando el proyecto de 1999, la fotógrafa dijo: "Yo quería ver a una Gloria Steinem mayor. Quería también a Misty Copeland, la primera prima ballerina negra de una compañía que ha existido durante 75 años".

La idea inicial para un libro de fotografías sobre mujeres surgió de Sontag, a quien Leibovitz conoció en 1989 mientras le tomaba una fotografía.

Sontag la alentó a abordar una serie complicada y personal. Usó como su esquema el concepto del fotógrafo August Sander de documentar "todos los estilos de vida", y se dedicó a buscar maestras de escuela, astronautas, juezas de la Suprema Corte, agricultoras, socialités, prostitutas, la primera dama, mineras, atletas.

Según Sontag, el libro desafía la tradición de fotografiar a las mujeres por su belleza en vez de su carácter. El nuevo proyecto hace avanzar más esta idea. "Las imágenes de las mujeres tienen que alcanzar a las imágenes de los hombres", dijo Leibovitz. "No sé si alguna vez tuve éxito para Susan en cierto nivel, lo cual es la razón de que sea bastante hermoso regresar a este proyecto".

La mayor diferencia que la fotógrafa encontró entre 1999 y hoy es la autoconfianza que ve en las mujeres a las que está fotografiando. "Esta es una misión soñada para mí", dijo Leibovitz. "No hay suficientes personas que hablen de lo grandioso que es envejecer y de algunas de las cosas geniales que uno puede lograr".

Eso puede significar incluso saltar a una piscina, como hizo recientemente para fotografiar a la campeona olímpica de natación Katie Ledecky bajo agua.

Pero, ¿cuándo Leibowitz considerará completo el proyecto? "Susan misma dijo que esta era siempre una obra en progreso", dijo Leibovitz. "Las mujeres son una obra en progreso. Entonces, estaré haciendo estas fotografías hasta el día en que me muera".


Fuente: Hilarie M. Sheets - The New York Times