Arte en las etiquetas

Un local de venta seleccionó obras del Museo Nacional de Artes Visuales para etiquetar una nueva línea de vinos

 

Por Martín Viggiano

 

Como sucede con muchos de los bienes de consumo, el vino entra por los ojos. Y el primer impacto que el consumidor tiene con el vino es la etiqueta. A no ser que tenga decidido comprar tal o cual botella, cepa, añada, o producto de tal bodega, la información de la etiqueta es fundamental para la elección.

Imágenes, datos, seducción… Si el vino es bueno no hace falta más que condiciones adecuadas para conservarlo. Pero si además tiene una buena etiqueta, el producto es redondo.

Tengo un amigo que siempre me insiste con la poca imaginación que tienen las empresas uruguayas para etiquetar sus vinos. Me dice, y con razón, que no invierten casi nada en desarrollar diseños que agarren al consumidor de la solapa. Yo le digo que sí, que tiene razón, pero le advierto que si una botella tiene una etiqueta maravillosa, pero el vino es malo, todo se va al carajo.

Hace unos días me encontré en un evento con Carolina Sgarbi, propietaria de un comercio de venta de vinos. Ella selecciona entre bodegas nacionales y etiqueta para vender a empresas. Sobre todo trabaja con regalos empresariales. Elige vinos específicos, incluso encarga cortes exclusivos, y después los presenta de una forma atractiva para el consumidor.

Carolina me contó algo que me hizo acordar a este amigo que siempre habla de las etiquetas. Su empresa (La Sacristía) cerró un acuerdo con el Museo Nacional de Artes Visuales para colocar imágenes de obras de artistas uruguayos en las etiquetas de una nueva línea de vinos. “Vino en arte”, le llamó.

La idea consiste en ilustrar con trabajos de Blanes, Barradas, Figari, Sáez, Torres García, Cúneo o Petrona Viera. El negocio se cierra con un aporte económico del porcentaje de venta de cada botella al museo para el mantenimiento del acervo.

Seguro que a mi amigo preocupado por las etiquetas esto le va a gustar.


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