Ayudar como primera opción

Con presencia en Chile, Argentina, Colombia y Uruguay, la incubadora de emprendimientos sociales SociaLab espera expandirse en 2014 a Brasil y México

Lo que impulsa el trabajo de Ignacio  González (28) y de Maximiliano Pérez (33) -los uruguayos que dirigen la expansión regional del emprendimiento social Socialab- es “poner a conversar la pobreza con la tecnología”, dos mundos que aún están muy separados.
Para González las personas que trabajan con tecnología no ponen foco en los problemas sociales y quienes se dedican a esas problemáticas no utilizan la tecnología para generar un apalancamiento.

Socialab es un proyecto nacido de la organización Techo. Sin embargo, según explican sus directores, la visión es un poco diferente. Mientras en Techo se persigue masificar el volumen del voluntariado en las universidades, en Socialab están interesados en masificar el emprendimiento con impacto social.

Esta iniciativa, que vio la luz en 2005 pero que tomó un camino independiente en 2010, se configuró como una incubadora de proyectos sociales, que persigue generar un impacto en zonas de contexto crítico y además ayudar a que esos emprendimientos sean sustentables.
Uno de los principales focos de Socialab es aportar soluciones mediante la tecnología en los sectores donde más se necesita.

Según González, hoy el ámbito privado y la academia están enfocados en innovar en áreas donde ya está todo prácticamente resuelto, donde hay acceso a alimentación, educación y salud. Pero para el director de Socialab, donde más hay que innovar es en los lugares donde las necesidades por resolver son más urgentes.

“Vemos que desde las ONGs y desde la política pública se genera un impacto muy importante, pero no hay que dejar de lado al mundo del emprendimiento, que también se puede enfocar en resolver problemas sociales”, señaló González.

Cambio de mando
Hasta 2010 Pérez se desempeñó como director de Techo para  Latinoamérica y González lideró el trabajo desde Estados Unidos.

En 2005, desde las oficinas centrales de la organización, ubicadas en Chile, Pérez participó de la creación de un área de innovación social que complementaba las intervenciones de vivienda en los asentamientos de Latinoamérica. Esta iniciativa fue el germen de Socialab.
El centro de innovación primero estuvo enfocado, básicamente, en desarrollar mobiliario para la vivienda de emergencia y aprovechar de mejor manera ese espacio mínimo.

“Surgió como una inquietud de solucionar una situación que se da en los sectores mas pobres y es que allí se paga más por servicios de menor calidad”, explicó González. Esa lógica, señaló el director de Socialab, se da en muchos otros aspectos: en internet, en alimentación y en transporte entre tantos otros.

“Vivir en los sectores más pobres implica vivir en los más excluidos, donde es más difícil acceder a todo y por lo tanto termina siendo más caro”, apuntó Gónzalez.

El centro de innovación empezó a crecer y demandar servicios a otras ONG y del gobierno chileno, y por ello, sus fundadores decidieron fundar la primera spin-off de Techo, creando una organización independiente.

En 2011, cuando Pérez y González estaban saliendo de sus cargos en Techo, tomaron las riendas de la expansión de Socialab en otros países de la región, con la condición de poder radicarse y liderar el proyecto desde Montevideo.

Hoy Socialab está presente en Chile, Argentina, Colombia y Uruguay y espera poder expandirse a Brasil y México en 2014.

Un salto online
El trabajo de Socialab comenzó -como en Techo- en las universidades, buscando generar soluciones para los sectores más carenciados. Pero sus creadores notaron que la modalidad de trabajo no estaba favoreciendo el intercambio de ideas. Así surgió la posibilidad de llevar el proyecto al mundo 2.0.

Socialab es una plataforma con una lógica similar a Facebook. Está pensada para que se “suban” problemáticas a resolver como el acceso a agua potable, cómo usar internet para generar impacto social o cómo innovar en modelos de negocio para generar acceso a vivienda; y que se pueda difundir de forma masiva. “Todos pueden ver lo que proponen los demás, colaborar con ideas y recibir feedback”, señaló González.

Además, tienen instancias de concurso, en las que se generan ideas y soluciones que después  compiten ante un jurado y reciben un premio de entre US$ 12.000 y US$ 15.000. Esos proyectos son incubados en las oficinas de Socialab en cada país durante nueve meses. Allí pueden compartir recursos, necesidades y oportunidades con otros emprendedores que están atravesando más o menos la misma etapa.

“Tratamos de hacer tres o cuatro concursos por año y hemos hecho unos 12 de estos certámenes en América Latina”, señaló González.

Innova baños
Durante el primer año y medio estuvieron sin lanzar proyectos en Uruguay y más enfocados en Colombia y Argentina. Pero en abril de este año comenzaron a trabajar junto a la Universidad Católica, Techo, Ceuta, Ñandé y UTU en un proyecto enfocado en baños para asentamientos.

Innova baños, explicó Pérez, fue un proyecto que implicó “ir a terreno” en un asentamiento para conocer las problemáticas de las familias. “Estuvimos trabajando allí por 15 días y fue lanzado finalmente el 6 de agosto para que los emprendedores de arquitectura e ingeniería puedan proponer soluciones sanitarias”, afirmó.

La mejor idea en este caso se llevará US$ 27.000 y será incubada por Socialab en Montevideo. “Esperamos poder replicar la solución a escala en otros asentamientos y lanzar otro concurso a fin de año”, explicó Pérez. Para poder comunicar estas iniciativas, Socialab Montevideo está siendo apoyado financieramente por la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII).

Además, Socialab Montevideo cuenta con dos proyectos incubados: Ikusi - la productora  de Valentina Quagliotti que busca ayudar a la sociedad generando cambios a través de contar historias reales- y Elecciones 2014 -una plataforma al estilo de red social, creada con el objetivo de ser una herramienta para que la sociedad pueda debatir sobre temas de interés popular-. A esto se suman otros tres emprendedores sociales. “Lo que buscamos con el espacio físico es generar un escosistema, brindar asesoramiento a empresas con impacto social o emprendedores que quieran mentoría en modelo de negocio, conexión a redes de contacto, fondos y prototipado rápido”, indicó Pérez.

Se puede crecer con lo social
“Lo que nos pasó con Techo y lo que le pasa a muchas ONGs, es que llega un momento en el que es muy difícil seguir creciendo. Los presupuestos son muy acotados y si uno depende de la responsabilidad social, llega un momento en el que es muy difícil generar cambios grandes desde la filantropía”, manifestó González.

Para los directores de Socialab es necesario hacer partícipe al mundo del emprendimiento y que se convierta en un sector rentable. Explicaron que es difícil, y que a veces hay “zonas grises” en las que hay que tener mucho cuidado. La clave, según González, es enamorarse de los problemas por resolver.

“Si el objetivo del emprendedor es volverse multimillonario, no lo va a lograr, debe enfocarse en resolver problemas, ahí está la clave del éxito”, opinó.

Socialab nació con fuerte apoyo del FOMIN y en Chile con aportes privados de Movistar. Se financia a través del sector privado.: por concursos en los que empresas entregan capital semilla y consultorías que brindan a empresas que quieren expandir su negocio a los sectores más pobres.

En Uruguay, señaló González, el financiamiento ha costado mucho, sin embargo consideró que hay mucho potencial en el aporte de ideas. “En todas las universidades, pública y privadas, hemos encontrado mucha recepción. El desafío es lograr que esto sea sustentable”, dijo.

A mediano plazo la apuesta es que todas las startups que están incubando y que apuntan a ser económicamente rentables, también puedan financiar la operación de Socialab.

La tercera pata es que la plataforma, que ya cuenta con 22.000 usuarios crezca y pueda financiar los concursos.  

Acercarse a los polos de innovación
Este mes termina la experiencia que Maximiliano Pérez estuvo viviendo por casi un trimestre en Silicon Valley. Desde allí, Pérez contó que su participación en el programa de Singularity University - la universidad de la NASA-,  ha sido muy provechosa a nivel personal pero aún más en lo profesional. El contacto con personas muy vinculadas al mundo de startups y lo último en innovación enriqueció su experiencia para trabajar en emprendimientos sociales.

Además, como proyecto dentro del programa, junto a otros cinco jóvenes de Brasil, Perú, Estados Unidos, Polonia y Chile, Pérez convirtió un bus escolar en un laboratorio de innovación social móvil con el objetivo de llegar a las escuelas de las principales zonas de contexto crítico de San Francisco y acercar a los niños a lo último en tecnología.

La idea, señaló Pérez, es llevar la experiencia -bajo el nombre de PuenTek- en 2014 a Uruguay, Perú y Brasil.

La próxima semana, Ignacio González viajará a Boston, donde estudiará música y trabajará medio tiempo para Socialab para fotalecer el contacto con el mundo académico de MIT y Harvard, entre otros.


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