Bastante más que un déjà vu

Compositor y guitarrista, socio eterno de Gustavo Cerati y articulador de proyectos que definieron ciertos rumbos del rock argentino, proyecta canciones entre viejas gemas e influencias en Actual, su nuevo disco, en el que va de Fricción y Soda a Neil Young y Bowie

Hay algo dentro del discurso estético de algunas manifestaciones artísticas de los años ochenta que no envejece. Que ni siquiera puede decirse que resiste, sino que más bien vive con gracia el paso de las modas, de los soportes donde se consume y de las épocas. Y Richard Coleman se ha convertido en una de las pruebas de esto con su propia obra solista, que tiene apenas cinco años. Antes de eso fue guitarrista y socio incondicional de Gustavo Cerati, desarrolló Los Siete Delfines y generó obras como los discos de Fricción, –su proyecto con el legendario compositor– para profundizar el cruce entre modernidad y oscuridad que dotó al rock argentino de los años 80 y 90 de un color tan particular.

Ahora, Actual, un registro en vivo grabado en el Teatro Vorterix el año pasado, repasa su obra junto a viejas composiciones propias y ajenas. Sobre el rock como campo de acción y una carrera basada en una identidad poliforme, iluminada por un tal David Bowie, Coleman conversó con El Observador con miras a un show que iba a suceder en La Trastienda montevideana el sábado y que fue cancelado días antes por causas de fuerza mayor.

Actual repasa canciones tuyas con otras que te han influenciado a lo largo de tu carrera. ¿Cómo dialogan en vivo?

Creo que es natural, y el énfasis en la guitarra les da a todas las canciones un tono natural. Yo hice un disco llamado A song is a song de versiones en inglés en el cual eso se nota. Me resulta sencillo incluir canciones de Bowie o Young en tiempo presente, junto con lo mío.

¿Cómo es mantener un nucleo artístico propio como el que te caracteriza?

Creo que vengo haciendo esto desde chiquito, lo de buscar una música alternativa, con un carácter especial, por fuera del mainstream. Eso me ha marcado desde el principio. A medida que me fui conformando como artista, esta es la impronta que he tomado. Al final, la fuerza de la interpretación es lo que marca. Y otra cosa: al estilo lo marcan las propias limitaciones. Así que lo mío sería una celebración de mis limitaciones (se ríe), lo que vuelve al estilo personal.

Por tu propia impronta se podría decir que buena parte de su carrera fue un artista dark pero lo cierto es que llegás a muchos más registros y manifestaciones...

Yo me considero ante todo un músico de rock, no de rock n' roll. Abrevo de ese género. Es el que me metió en un mundo heterogénero en el que la diferencia entre artistas marcaba el estilo. Es imposible ponerme en una batea, y menos ahora. En todo lo que abarca el rock, ahí me meto. En alguna época se me coronó como "el príncipe del dark", y en un momento me cansé de explicar que no todo lo mío era eso. Pero desde que arranqué mi perfil solista intenté despojarme más alevosamente de esas etiquetas.

En este proceso de construir lo nuevo en base a otras canciones viejas aparece por ejemplo Enjaulados, de Fricción, que se volvió corte de difusión del nuevo disco. ¿Qué te pasó con esa canción en concreto?

La compuse en 1981 y volví a tocar muchos años después en un concierto. Cuando luego lo vi en una grabación casera, me dí cuenta de que tenía que grabarla bien, en un formato adecuado. Y eso fue el germen de Actual. Es una canción que para mí no envejeció, siendo la más vieja. Y dialoga en vivo con cosas que hice para Soda, con cosas de Delfines, de Fricción, con cosas que grabé con María Gabriela (Epumer)... es fuerte lo que pasa con esa canción porque no está arreglada de nuevo. Es vieja, pero es contemporánea.

¿Dónde puede encontrarse hoy en el rock argentino la pulsión creativa de socios tuyos como el propio Cerati?

Tendría que tener 20 años y estar en el caldo de los pibes que quieren hacer algo con la música. No puedo juzgar desde afuera lo que pasa en esa zona. Los resultados son distintos. Por ahí de vez en cuando encuentro algo que me gusta, pero no lo podría comparar. La velocidad y la comunicación han cambiado tanto que no sería bueno. Éramos menos, no podías conocer a todo el mundo como ahora. Los colectivos de trabajo eran otros. Además, a los 20 años Gustavo recién se estaba desarrollando. Él además dejó mucho para investigar. Los 80 fueron años que marcaron más cosas en lo social y lo político, y hay cosas de ahí que ayudaron a definir eso: el cambio social, el destape, cosas impensables hoy. ¿Hoy de qué destape vamos a hablar? En la década del 2010, la globalización, la cibernética, definieron otras cosas. Y eso derrama en el arte. Es difícil pensar en una precipitación artística como la de ese momento. En la generación posterior a la mía, dentro de la escena del rock, sí te puedo asegurar que no apareció uno como él. l

Actual puede escucharse en Spotify.


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