Benjamín Vicuña y Eugenia Suárez pierden el hilo en Los padecientes

Se estrena hoy la nueva película de esta pareja de actores, que no logra el suspenso que su trama requiere debido a una combinación fatídica entre el guion y una serie de actuaciones poco verosímiles
Padecientes Suárez Vicuña

Como el nuevo mural en la fachada de Cinemateca lo recuerda, el cine es una cuestión de fe. El espectador debe creer que el relato narrado ante sus ojos en una pantalla sucede dentro del mundo que habitan sus personajes, ya sea uno fantástico o similar al de la audiencia.

En el caso de Los padecientes, la película protagonizada por el actor chileno Benjamín Vicuña y su pareja, la actriz argentina Eugenia Suárez, que llega hoy a los cines locales, eso no sucede. Bastan unos minutos del inicio del filme dirigido por Nicolás Tuozzo, que comienza con un monólogo sobre la verdad, para darse cuenta de ello.

Los padecientes es el segundo largometraje liderado por Vicuña y Suárez tras haber protagonizado el romance El hilo rojo (2016). Vicuña interpreta a un psicólogo y autor célebre que es encomendado por el personaje de Suárez a resolver el asesinato de su padre, quien se cree fue asesinado de la mano con ayuda del hermano de la protagonista, que sufre con trastornos mentales.

La película de Tuozzo es una adaptación de una novela homónima del psicólogo y también escritor best seller Gabriel Rolón. El argentino figura como uno de los coguionistas de su propia adaptación cinematográfica, y es justamente el guion una de las primeras razones por la que Los padecientes resulta poco convincente como pieza de cine.

Tanto el personaje de Vicuña –cuyas acciones son seguidas de primera mano para desenvolver el misterio en torno al crimen– como los de los actores secundarios (Suárez, Pablo Rago, Nicolás Francella, Ángela Torres, Luis Machín y Justina Bustos) interpretan sus diálogos de forma impostada, lo que hace difícil creer que esas personas existen y no se trata en cambio de un grupo de personajes literarios. Sus interacciones y reacciones resultan minuciosamente controladas por un libreto que toma elementos superficiales del psicoanálisis y del cine policial para presentar una película de suspenso que rara vez logra tenerlo.

El hilo rojo, anterior filme protagonizado por esta pareja, contaba con el atractivo peculiar de tratarse de la primera vez que Vicuña y Suárez –por entonces comenzando una relación amorosa–, y los presentaba dentro de un contexto romántico y erótico. Los padecientes intenta cambiar esos elementos por misterio y trauma pero de una forma que ni siquiera es entretenida.

En el guion –escrito por de Tuozzo, Rolón y Marcos Negri–, los personajes no necesitan motivaciones para ser quienes son. El principal antagonista es retorcidamente perverso porque así se necesita que sea. Lo mismo sucede con el resto.

Como actor, Vicuña –cuyo acento mezcla sin criterio el argentino con el chileno– logra sus mejores momentos cuando comparte escenas con Rago, Francella y la joven actriz Ángela Torres, la mayor revelación de la película. Con Suárez, sin embargo, pareciera que los realizadores se confiaran en el encanto de la pareja detrás de las cámaras y se esforzaran poco en desarrollar la química de sus personajes.

A pesar de tener a favor una cinematografía atractiva y un elenco de figuras populares, Los padecientes significa un retroceso en la industria argentina.

Los seguidores de Rolón disfrutarán más de releer la novela que de ver la adaptación de Touzzo. Para los espectadores ajenos a la obra de argentino, es más recomendable adentrarse a cualquier otra película que se exhiba en simultáneo con Los padecientes, donde la que padece es la audiencia.

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