Blanquear grietas no repara

La cadena nacional de Tabaré Vázquez fue un endeble ejercicio de propaganda oficialista para el corto plazo

La población tiene un derecho natural a esperar de sus gobernantes informes de gestión ajustados a la realidad y a la transparencia y que no eludan responsabilidades. Estos requisitos, que la gente evalúa como elemento de confianza, faltaron en la muy extensa exposición televisiva del presidente Tabaré Vázquez el miércoles. Pese a que instó a no pensar en las elecciones sino en las generaciones futuras, se trató de un endeble ejercicio de propaganda oficialista para el corto plazo. Uno de sus objetivos fue buscar apoyo para los proyectados cambios presupuestales de este año, de incierta aprobación porque incrementan el gasto público improductivo. Vázquez resaltó logros, reales algunos y otros muchos meras expresiones de deseo o verdades a medias. Pero con la única excepción de una tibia referencia al desastre del ciclo básico de Secundaria, faltó el reconocimiento de claudicaciones en todo el sistema de educación pública y en otras áreas cruciales para los uruguayos.

Nada se escuchó de la violada promesa de campaña de no subir impuestos, que empobrece a vastos sectores de la población con tributos y tarifas. El presidente sostuvo, en cambio, lo contrario al elogiar cierta mejora del salario real que ciertamente no compensa los golpes a los bolsillos. Hubiera ganado crédito una explicación de ese incumplimiento, acompañado de excusas por el exceso de gasto de los dos primeros gobiernos del Frente Amplio, especialmente en la administración Mujica, que contribuyó decisivamente a las actuales angustias financieras. Tampoco explicó Vázquez el abandono de sus propias iniciativas sensatas para reformar la educación, blandamente archivadas bajo presión del presidente del Codicen, Wilson Netto. Otro error fue destacar avances en materia de atención sanitaria sin acompañarlo con el reconocimiento de las profundas deficiencias asistenciales que persisten en el reformado sistema de la salud.

El presidente y su gobierno hubieran ganado credibilidad incorporando la admisión sin vueltas de errores pasados, evitando exagerar conquistas para disimular carencias y fijando con precisión las previsiones futuras en vez de anuncios de insegura viabilidad. El cúmulo de omisiones generó reacciones adversas, que fueron desde caceroleos de protesta en barrios de Montevideo, motivados fundamentalmente por la agravada inseguridad pública, hasta andanadas de duras críticas opositoras. Este último resultado es incluso contraproducente para Vázquez, porque le dificulta la búsqueda de votos parlamentarios para su meta de aprobar la Rendición de Cuentas, que necesita al haber perdido el Frente Amplio su mayoría en la Cámara de Diputados.

Sorprende que un hombre de la experiencia política y talla personal de Vázquez caiga en el hábito de tantos dirigentes de blanquear con pintura paredes agrietadas que debilitan la estructura, en vez de repararlas de manera efectiva. Tal vez haya incidido en el tono de su alocución la necesidad de contener las disidencias internas que dividen la coalición de izquierda. Pero las reacciones a su mensaje indican claramente que para la opinión pública no hay sucedáneo idóneo a plantear todo, lo bueno y lo malo, con exactitud equilibrada y transparencia incuestionable. Es la mejor forma de ganarse la confianza de la gente, dogma que buena parte del sistema político no termina de entender.


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