Brujas en ocho horas

Un día es suficiente para recorrer la pequeña ciudad belga y para conocer su rica historia artística, su delicioso presente cervecero y su aspecto renacentista
Colin Farrell se escondió en ella, George Clooney se infiltró para recuperar un monumento robado por los nazis y una persona con poco tiempo puede recorrerla en ocho horas. Brujas es uno de los lugares más pintorescos de Bélgica, y no se necesita demasiado tiempo para visitar los sitios imperdibles, conocer algunos recovecos de la ciudad y tomarse una cerveza antes de seguir viaje.

Antaño fue el principal puerto de Europa y sus habitantes fueron los más ricos del continente. Hoy en día es una ciudad pequeña (117.000 habitantes) que vive principalmente del turismo. Sus calles empedradas, los canales que la atraviesan (al mejor estilo Ámsterdam) y su arquitectura renacentista hacen que recorrer Brujas se sienta como un viaje en el tiempo, aunque el mejor método para llegar a ella es bastante más moderno.

Transporte

La ciudad está a poco menos de una hora de Bruselas y, salvo que uno se anime a manejar, la mejor opción para llegar a ella es el tren. Un boleto de ida y vuelta cuenta unos € 28, y la estación de Brujas está a 30 minutos a pie de la Markt, la plaza principal de la ciudad. De hecho, Brujas es tan pequeña que es una ciudad extremadamente amigable para caminar, aunque es recomendable la asistencia de Google Maps o su aplicación de preferencia para no entreverarse entre los callejones y pequeñas vías.

Ciudad cervecera


En el camino desde la estación de trenes hacia el centro se encuentra una parada recomendada: la cervecería The haalve maan, la única que aún funciona en la ciudad. En ella pueden realizarse tours por la fábrica actual y su antecesora, para terminar con una vista de toda la ciudad desde la azotea del edificio. El recorrido incluye una degustación en el bar de la empresa. El único aspecto negativo es que para aprovechar el recorrido hay que entender inglés, francés u holandés.

El centro de Brujas alberga el museo de la cerveza, una visita ideal para los que deseen conocer en un par de horas la historia de la bebida, su proceso de fabricación y el vínculo de ella con Bélgica, país del que es uno de los productos predilectos.

Maestros del arte


En vida, solo una de las obras de Miguel Ángel salió de la actual Italia. Se trata de una escultura de la Virgen María con Jesús en brazos, que llegó a Brujas en 1506. Aunque solo puede verse desde lejos en la iglesia de Nuestra Señora de Brujas, es imprescindible para los interesados en la historia del arte.
A su vez, esta ciudad en la que Picasso residió durante un tiempo fue el hogar del pintor Jan Van Eyck, a quien está destinado una parte del Historium, un recorrido virtual ubicado en la Markt complementado por un museo sobre la historia de la ciudad.

Las claves


Idioma. Los belgas hablan inglés y hay varios que comprenden el español (sobre todo en los lugares turísticos). Pero es poco recomendable animarse al francés. Bélgica se divide en dos regiones: Valonia, en el sur, donde se habla francés; y Flandes, al norte, donde se habla holandés y donde se ubica Brujas. La rivalidad entre ambas regiones puede llevar a que algún local se ofenda si se habla en el idioma equivocado.

Chocolate. El otro producto clásico de Bélgica se ofrece en abundancia en las calles de Brujas. La Steenstraat, una de las calles principales de la ciudad, ofrece variedad de precios y calidades.

Pasajes. Los trenes hacia Brujas desde Bruselas, Gante o Amberes son frecuentes y la disponibilidad es elevada, por lo que es difícil que se agoten.

Entradas. Los museos (e incluso la entrada a varios edificios como iglesias) tienen costos que pueden ir desde los € 3 para el mantenimiento del edificio hasta los € 13.50 del Historium.

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