Cambiante personalidad de Fidel

El rumbo fue otro cuando Castro se declaró marxista-leninista y aseguró que toda la vida lo había sido
José María Orlando, especial para El Observador

Cuando Fidel Castro entró a La Habana a la cabeza de su triunfante revolución, parecía más un caudillo a la vieja usanza latinoamericana, tipo Emiliano Zapata, que el austero líder comunista en que se convirtió más tarde. Al principio combinaba el fusilamiento masivo de opositores, reales o presuntos, después de juicios sumarios en la fortaleza La Cabaña, con giras por el interior en las que repartía sin mayores controles cheques para atender pedidos y necesidades de los lugareños, para desesperación del más ordenado Che Guevara, a quien había puesto al frente del Banco Central. Su cordialidad en el trato social, así como las frecuentes aventuras románticas que se le atribuían, convivían con la dureza con que reprimía adversarios, acentuada a partir de la fracasada invasión de playa Girón en abril de 1961.

A mediados de ese año, 130 personas de ambos sexos, en uno de los procesos ordenados por Fidel y del que fui testigo, eran juzgadas al mismo tiempo en La Cabaña por un tribunal integrado por tres milicianos. Solo se permitían defensores de oficio. Cada uno tenía exactamente dos minutos para su alegato. Al final del rápido enjuiciamiento, ningún acusado, incluyendo una mujer en estado avanzado de embarazo, fue absuelto y abundaron las sentencias al paredón o a 30 años de cárcel.

Pero Fidel mostraba también otras veces sentido del humor. Como corresponsal de The Associated Press en Cuba, considerado un enemigo tolerado, me colé como polizón no invitado en una recepción a Yuri Gagarin, el astronauta soviético que fue el primer hombre en volar al espacio. Cuando saludaba obligatoriamente a lo largo de la línea de dignatarios, al llegar a Fidel me miró con sorpresa y me dijo con sorna sonriente: "¿Y tú qué haces aquí?". En vez de expulsarme por haber entrado a hurtadillas, sin embargo, me permitió quedarme en la fiesta.

Su personalidad cambió a partir de setiembre de 1960, cuando rompió negociaciones de conciliación con Estados Unidos, que se realizaban en Nueva York, y optó por convertirse en satélite de la Unión Soviética. A partir de esa fecha la revolución y su líder tomaron decididamente el camino del comunismo, con algo más de orden y el comportamiento más austero impuesto por los amos soviéticos. Se había acabado el "comunismo con pachanga", como un alto funcionario me describió una vez al régimen en sus comienzos. La isla empezó a recibir vituallas y armamentos desde Moscú y a llenarse de funcionarios y militares rusos y checos, muchos de ellos hablando el español que habían aprendido en el bando republicano durante la guerra civil española.

Finalmente, en diciembre de 1961, en un discurso que tuvo repercusión mundial, Fidel se declaró marxista-leninista y aseguró que lo había sido toda su vida. Su afirmación de vieja afiliación al comunismo soviético siempre ha sido puesta en duda, ya que su historia juvenil hasta el triunfo revolucionario solo lo había mostrado como rebelde ante cualquier autoridad constituida. Pero su declaración marcó la culminación de un cambio de personalidad, que mantuvo estrictamente hasta el final de su vida.


Populares de la sección