Campamentos belicosos esperan a Vázquez a la vuelta del descanso

Familias sirias y cañeros de Bella Unión le reclaman al gobierno
Cuando el presidente Tabaré Vázquez retorne este lunes de sus vacaciones y llegue a la Torre Ejecutiva, lo estarán esperando, a la distancia, dos campamentos que nada tienen que ver con el descanso de Semana Santa.

A uno de ellos lo verá desde su ventana del piso 11 y está formado por las carpas de las familias de sirios que vinieron al país alentados por su antecesor José Mujica. Desde la secretaría de Derechos Humanos de Presidencia se buscan soluciones para estas personas que quieren irse de Uruguay, pero la protesta continúa.

El otro campamento, que lleva instalado 35 días, está frente al Palacio Legislativo y sus protagonistas son los cañeros de Bella Unión, que pertenecen a la Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas, la UTAA que formó el exlíder Tupamaro, Raúl Sendic, padre del actual vicepresidente de la República.

Ellos reclaman tierra para trabajarla. Además,Vázquez tiene otros asuntos para resolver con sus colaboradores. Las negociaciones para que UPM instale su segunda planta de celulosa en el centro del país –inversión que aún no está confirmada– tomará parte del tiempo. Vázquez quiere repasar uno a uno los aspectos de la negociación para asegurar la instalación de un emprendimiento de US$ 4.000 millones.

En el debate también estará la discusión de la Rendición de Cuentas y los posibles escenarios conflictivos ante la posibilidad de nuevas movilizaciones de sectores que reclaman mejoras salariales. Previo a Semana Santa la movilización se dio en las rutas por reclamos de empresarios transportistas por el valor de los fletes.

El gobierno emitió entonces el decreto antipiquetes que fue criticado por cámaras empresariales, algunos gremios de trabajadores. Otro punto de la agenda de Vázque tiene que ver con la situación en Venezuela.

El presidente Nicolás Maduro mantiene silencio al pedido de Vázquez de que se retracte o presente pruebas de su acusación de que la cancillería uruguaya coordina sus acciones con el departamento de Estado de Estados Unidos y con la embajadora americana en Montevideo para atacar a Venezuela. Tanto el gobierno como la representación diplomática rechazaron la acusación.

Y, además de todas esas discusiones, están los dos campamentos.

Sirios y cañeros

Hay decreto que prohíbe la ocupación de lugares públicos, pero en el caso de los sirios y los cañeros el gobierno se muestra tolerante.

En la Plaza Independencia tres familias sirias (una de 15 integrantes, otra de 13 y otra de 6) esperan una solución. Por un lado solicitaron un mayor subsidio mensual que les permita vivir mejor y, por otro lado, expresaron su deseo de ser ubicados en otro país.

Fátima, integrante de la familia de 15 personas que vive en Salto en una chacra del Instituto Nacional de Colonización, dijo que actualmente reciben un apoyo económico de $ 40 mil pesos y el mes próximo será de $ 35 mil. Explicó también que en su caso envió varios currículum pero nadie la llama para trabajar.


Fátima, que habla un perfecto español, dijo a El Observador que estaba dispuesta a no usar el pañuelo que por religión usa en la cabeza, si eso le facilita acceder a un empleo.

Desde el gobierno se les dijo que no habrá más ayuda de la que reciben y se gestionó una entrevista con un representante del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) para buscar una solución a su deseo de irse de Uruguay.

Por su parte, los cañeros de la UTAA están decididos a resistir en Montevideo. Su reclamo es simple: tierras para trabajar, dijeron al unísono varios de los que están acampando cuando El Observador les preguntó cuál era su principal reclamo.

Cañeros: "Sin respuestas no nos vamos de acá"

Luego de 35 días de acampar en la calle y de una huelga de hambre de 17 días, los cañeros de Bellla Unión no están dispuestos a regresar a Artigas con las manos vacías. Acampan frente al Palacio Legislativo y resisten con el apoyo logístico de varios gremios que les alcanzaron comida, camas, ropa y agua.

. Una pancarta recibe a los que pasan por el lugar: "Somos hijos de Artigas, queremos tierras para trabajar" dice la leyenda.

Las siete familias reclaman acceder a un campo del Instituto Nacional de Colonización de 248 hectáreas en Colonia Eduardo Acevedo en Artigas. Ahí vive un productor que, según los cañeros, en dos años nunca le sacó frutos a la tierra. Por eso, decidieron ocupar el predio.

El hermano de ese productor tiene a su cargo el campo vecino, también propiedad de Colonización, de 400 hectáreas y ahí hay ganado. La consigna de la UTAA es "tierra para el que la trabaja", le recuerdan los trabajadores a El Observador que ayer visitó su campamento.

Ellos presentaron un proyecto para hacer producir esa fracción de campo. Proponen armar una quinta para autoabastecerse, plantar árboles frutales, criar aves de corral y cerdos, cortar leña, pescar, contruir un invernáculo para morrones y cosechar arroz. Estiman que sólo con lo que obtengan del arroz le pagarán a Colonización.

Para sostener su protesta, tres de ellos realizaron una huelga de hambre que les hizo perder varios kilos. Uno de los huelguistas terminó internado. Un médico los va a visitar a diario y les toma la presión. Ahora, los tres están bien de salud.

La huelga de hambre fue levantada luego de que Colonización se comprometiera a no desalojarlos del campo que ocupan.

En esas tierras, quedaron algunos cañeros, cuidando el lugar y con permiso para pescar.

El próximo martes volverán a hablar con jerarcas de Colonización y mantienen la esperanza de poder acceder a la tierra. "Sin respuesta no nos vamos de acá", dijo a El Observador Jesús Gerez, uno de los cañeros.

Infraestructura

Siete carpas fueron armadas sobre la calle Colombia. Un radio grabador y una tele pequeña con antena de cuernitos los mantiene informados.

Agradecen el apoyo que reciben.

Ayer almorzaron asado.


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