Canadá se moviliza para legalizar la marihuana

El gobierno de Trudeau completará el proceso en 2017
Por Dan Levin
New York Times News Service

El Cannabis Culture Lounge tiene todo lo que un fumador podría necesitar para sentirse como en su casa: cogollos de marihuana a US$ 3, bolsas de Doritos y sillones de cuero negro donde los clientes se pueden reclinar absortos en la contemplación en medio de una cargada nube. No importa que, técnicamente, la ley canadiense prohíba todo eso.

Algunos entusiastas tienen grandes esperanzas para el negocio, que abrió hace más de una década como una especie de sitio clandestino para fumar marihuana y que las autoridades municipales han tolerado desde hace tiempo. El salón empezó a venderla después de que se eligió como primer ministro a Justin Trudeau en noviembre pasado.

"Así es como se ve la legalización de la marihuana recreativa en Canadá", comentó Jodie Emery, un activista y copropietario de varios dispensarios de marihuana medicinal por todo Canadá.

Trudeau ha prometido hacer legal la marihuana recreativa en Canadá muy pronto, el año que viene, lo que salteará las estrictas regulaciones sanitarias sobre la marihuana medicinal del país. De conformidad con las normas más recientes para el uso medicinal, anunciadas en agosto, los pacientes deben estar registrados, tener una receta y obtener su suministro por correo enviado por un productor autorizado por el gobierno o cultivando cantidades limitadas en forma particular.

Impacientes por probar los cambiantes límites políticos, emprendedores han abierto cientos de dispensarios ilegales por todo Canadá que venden productos como capullos de marihuana orgánica –conocidos como cogollos– y potentes concentrados de cannabis, mientras que los gobiernos locales y la policía han tendido a hacer la vista gorda.

Todavía tiene que materializarse el auge de la marihuana que ellos esperan, aunque el gobierno canadiense está realizando el trabajo preliminar sobre una medida para regir el uso recreativo.
Aun así, las autoridades en algunas ciudades han empezado a aplicar medidas enérgicas haciendo redadas en dispensarios ilegales y deteniendo a decenas de dueños y empleados.

Y se está dando una encendida batalla de lobby entre los nuevos emprendedores y los productores autorizados de marihuana medicinal, quienes eran los únicos con permiso para cultivar y suministrar la planta de acuerdo a las viejas regulaciones. El choque del dinero, la política y la policía hizo que la marihuana recreativa sea una importante prueba para Trudeau.

Estados Unidos observa

En Canadá y en EEUU –donde las leyes federales prohíben la marihuana, pero estatales las contradicen–, se observará muy de cerca la forma en la que la resuelva.

"Lo que Trudeau está tratando de hacer es algo que aquí solo podemos soñar", dijo Allen St. Pierre, el director ejecutivo de la Organización Nacional para la Reforma de las Leyes sobre la Marihuana, con sede en EEUU.

Sin embargo, no sucederá rápidamente. Un equipo de trabajo se tomará unos meses para reunir los comentarios de los funcionarios locales y de la población antes de que el Parlamento empiece a elaborar el borrador de la medida. "Es un proceso largo y somos intensos al respecto", dijo Bill Blair, un legislador del Partido Liberal y exjefe de la policía de Toronto, a quien Trudeau encargó el esfuerzo sobre la marihuana.

Blair dijo en una entrevista que las más altas prioridades del gobierno son mantener a la marihuana lejos de los menores y a las ganancias fuera de las manos del crimen organizado. Eso podría señalar hacia un sistema similar a la forma en la que se vende licor en algunas provincias canadienses y estados estadounidenses: estrictamente en tiendas propiedad del gobierno o autorizadas por él.

No obstante, algunos ayuntamientos en la Columbia Británica no están dispuestos a esperar y están introduciendo sus propias políticas sobre la marihuana en desafío a la ley federal.

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En Victoria, la capital de Otawa, donde se han abierto más de 30 dispensarios en los últimos años, dirigentes municipales propusieron nuevas regulaciones a finales de julio, por las cuales se permitiría que tales negocios operaran, si acatan ciertas restricciones.

Victoria está siguiendo a Vancouver, que ha empezado a expedir licencias a más o menos 120 tiendas de marihuana en la ciudad, siempre que acaten ciertas reglas. Se otorgaron dos permisos en la primavera boreal y se están tramitando por lo menos 11 más, dijeron funcionarios.

Estricta regulación

Los dispensarios que no saquen la licencia se cerrarán, según Kerry Jang, un concejal del ayuntamiento de Vancouver. Jang descartó las quejas sobre que las regulaciones y las tarifas –hasta 30.000 dólares canadienses (unos US$ 23.000) por una licencia y multas de US$ 250 diarios por las violaciones– son muy onerosas. "Se acostumbraron a ganar dinero a manos llenas con muy poca supervisión", comentó.

Krystian Wetulani, de 32 años, dueño de tres tiendas, dijo que se siente atorado en el papeleo. Solo se ha aprobado una licencia y él apeló el rechazo a otra. Las multas se están acumulando mientras busca locales que cumplan con las regulaciones. "Es imposible", notó Wetulani.

En una ocasión, en Downtown Eastside, un barrio duro de Vancouver, un grupo de personas estaba fumando crack e inyectándose heroína en una vereda afuera de Farm, un dispensario con una misión de justicia social autodeclarada que solo emplea a mujeres,muchas de ellas inmigrantes, exprostitutas o víctimas de abuso sexual.

El ayuntamiento tolera el uso abierto de drogas ilegales en el barrio y un sitio para que los usuarios de heroína se la inyecten, pero, con todo, Farm infringía las restricciones respecto de la distancia en las nuevas regulaciones sobre la marihuana y tuvo que ganar una apelación para seguir abierto.

Wang Jingzhi, de 83 años, una inmigrante que vive en el cercano barrio chino, dijo que es frecuente que compre marihuana en Farm para aliviar los achaques y dolores de la vejez. "Cada vez que la fumo, todo mi cuerpo se siente mejor", dijo en chino.

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