Canciones de protesTrump

La presidencia de Donald Trump en EEUU podría impulsar una nueva ola de canciones de protesta
Por Eduardo Espina, especial para El Observador

Siempre se escribe en contra de algo, creía Gilles Deleuze, quien encontró en el acto de escribir una forma de salvación. Y quizá por eso, vaya paradoja, terminó suicidándose, porque debido a los problemas de salud le era casi imposible seguir escribiendo. Se escribe en contra de algo que puede ser: la soledad, la brevedad de la vida, el acecho de la muerte, el rechazo de una mujer, un determinado estado de infelicidad, una cierta persona, un momento de la historia, un gobierno, etc. El arte, en todas sus disciplinas, siempre ha sido una forma de protesta pues, en definitiva, el ser humano no se conforma con tener una vida corta y al mismo tiempo, tantas ideas y sentimientos que pueden pasar por esta vida sin quedar resueltos.

El arte de protesta ha existido desde siempre, pero encontró en el siglo XX su momento de mayor plenitud, seguramente por todas las expansiones de la libertad que hubo y por todos los regímenes políticos que las cercenaron y obligaron al espíritu humano a expresarse en forma artística buscando salvarse en el intento. El libro de poesía de mayor popularidad de la época moderna, y posiblemente de todos los tiempos, traducido a un centenar de idiomas, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, de Pablo Neruda, es un himno de protesta contra una cantidad de cosas que impiden a los sentimientos del amor encontrar reciprocidad. Es un himno contra los estragos de la soledad, pero también en contra del olvido, pues el alma humana no se contenta con amar y tener luego que borrar y empezar de nuevo.

Sin embargo, donde mayor repercusión ha tenido el llamado "arte de protesta" es en la política, habiendo generado rubros de expresión artística nuevos, propios de la modernidad, como son la canción y la poesía que se escriben motivados por determinada situación histórica. Y tanto ha sido el impacto colectivo que en algunas circunstancias tuvieron expresiones de protesta artística, que escritores y cantantes han sufrido persecuciones, tortura, exilio, incluso la muerte, simplemente por haberse expresado contra las injusticias de turno. Sobran ejemplos al respecto, siendo uno de los más recordados la llamada "noche de los poetas asesinados". El 13 de agosto de 1952 trece poetas, escritores, músicos y actores fueron ejecutados en una prisión por el régimen soviético, por haber sido considerados "anti stalinistas".

Decenas de artistas "de protesta" fueron ejecutados por los regímenes comunistas de China y la Unión Soviética, durante las purgas ideológicas, mismos regímenes que fueron celebrados por la iluminada izquierda latinoamericana. Algún día esa historia debería ser escrita.

El ejercicio de la protesta a través de las artes contra algún determinado tipo de injusticia o barbarie ha servido para enfatizar la universalidad del alma humana y la sintonía con quienes son capaces de entender el poderío del desencanto. Además, aunque no siempre pase, cuando la protesta se ejerce con inteligencia y lúcida sensibilidad, el arte puede ganar nuevas formas de expresión, es decir, se instaura una novedad, un producto artístico original, tal como puede verse en el cancionero de protesta estadounidense, surgido en contra de la guerra de Vietnam, que renovó la música popular en todas partes del mundo y sirvió para consagrar a artistas que en sus comienzos eran difíciles de clasificar, como Bob Dylan, a quien no hace mucho se le dio un premio Nobel precisamente por eso: por haber expandido los límites de lo que de muy vaga manera se denomina "arte popular". Dylan fue un maestro en el arte de transformar un hecho de la realidad histórica inmediata en producto artístico sublime, de los que transforman los sentimientos de una época.

Tal vez porque el mundo atraviesa el periodo histórico con menos regímenes dictatoriales de todos los tiempos, es que el arte de protesta política carece del esplendor y la originalidad de décadas anteriores, principalmente las del 1960 y 1970. Las pocas canciones y poemas con relevancia estética que hoy se escriben en esa línea pasan desapercibidas y su escucha se circunscribe a un gueto de oyentes y lectores. Es un tipo de expresión artística que por largo tiempo ha estado condenada al desinterés o bien a la nostalgia, pues se asocia con épocas de mayor idealismo, en que la música popular, además de entretener, hacía pensar.

¿Cuántas canciones memorables se escribieron en contra de la guerra de Vietnam y del gobierno de Richard Nixon? Infinidad. Algunas son obras maestras: Revolution de The Beatles; 21st Century Schizoid Man de King Crimson; Blowin' in the Wind y All Along the Watchtower de Bob Dylan; Coming Home Soldier de Bobby Vinton; Eve of Destruction de Barry McGuire; The Fightin' Side of Me y Okie from Muskogee de Merle Haggard; Fortunate Son de Credence Clearwater Revival; Give Peace A Chance y Happy Xmas (War Is Over) de John Lennon; I Ain't Marchin' Anymore de Phil Ochs; I Should Be Proud de Martha & The Vandellas (primera cancion de protesta contra la Guerra de Vietnam editada por el sello Motown); Peace Train de Cat Stevens; Question de The Moody Blues; Sunshine de Jonathan Edwards; Reflections of My Life The Marmalade; Sam Stone de John Prine; What's Going On de Marvin Gaye; Where Are You Now, My Son? de Joan Baez; The Unknown Soldier de The Doors; I've Seen All Good People de Yes, etc. (La lista daría para continuar en la próxima página).

¿Volverá a tener auge la canción de protesta, tal como lo tuvo cincuenta años atrás? Por ahora no hay una nueva guerra a la vista para estar en contra, pero el nuevo presidente estadounidense, por ideología y personalidad, es alguien ideal con el cual estar en desacuerdo. Durante su campaña usó el slogan "Hacer América grande otra vez". Quizá, sin que se lo haya propuesto, con sus decisiones y comportamiento ayude a que la canción de protesta estadounidense vuelva a ser "grande otra vez", aunque convendría saber si los músicos y artistas están preparados para ejercer la imaginación con originalidad y dignidad a la hora de aplicarla a los temas principales que conforman la historia del hoy que nos toca vivir.

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