Cantegrill se vende y la IMM estudia su valor patrimonial

Problemas edilicios y falta de rentabilidad fueron su talón de Aquiles
La confitería Cantegrill vive desde hace una semana una especie de invasión. El lunes al mediodía empezaron a llegar mails de Argentina, Estados Unidos y hasta de Francia. Los pedidos de masitas aumentaron como nunca y hasta una pareja de jubilados viajó expresamente desde Buenos Aires para comerse unas natillas características del lugar. Y todos los que se acercan llegan con la misma preocupación: ¿cómo es que cierra Cantegrill?

"No es un capricho, es que no da para más", admite a El Observador Carlos, director de la confitería y sobrino de uno de sus fundadores. A simple vista su comentario no se entiende: una cola de clientes espera para pagar sus pedidos, las mesas y sillas parecen inmaculadas y por si fuera poco el local se encuentra a los pies de una torre de Humberto Pittamiglio.

Sin embargo, eso que enaltece a la confitería también es una de sus mayores debilidades. Humedades, pérdidas en las tuberías y paredes descascaradas son algunas señales que da el edificio sobre su decadencia. La torre tiene una rajadura que la atraviesa y varios huecos delatan la caída de los ladrillos sobre la vereda. Cuando se le pregunta por la decisión de cerrar, Carlos responde: "Esto no es para que funcione una confitería. Perjudica la labor cotidiana". Se va por un pasillo y vuelve con un montón de papeles en su mano. Revisa, va para atrás y para adelante. "Tenemos tres multas de la intendencia", ejemplifica y asegura que se deben a escaleras en mal estado y revoques caídos. La situación edilicia es solo la última gota del vaso. "Desde hace 15 años que los dueños no agarran ni un dividendo", revela Carlos y después cuenta una serie de entramados y disputas en la interna de la sociedad que trajeron como consecuencia el cierre de la confitería. Hace dos años que la SA no cobra el alquiler del local. Todos los meses se van $ 700 mil en los sueldos de los 22 empleados y otros $ 50 mil solo en la cuenta de luz y en el último mes el presidente de la confitería y uno de sus dueños, Gerardo Fariña, tuvo que poner dinero para pagar salarios.

Cantegrill

Días atrás, El País informó que la confitería cerraba, que el edificio sería demolido y que allí construirían un edificio de apartamentos. La noticia determinó que empezaran a circular peticiones online para que el edificio se mantuviera y el revuelo fue de tal magnitud que el propio intendente Daniel Martínez envió un decreto a la Junta de Montevideo para que se declare la cautela del bien y que no pueda demolerse ni modificarse por los próximos seis meses.

El propietario advirtió de que el edificio aún no fue vendido pero que hay varios interesados.
Ayer en la tarde las autoridades comunales se reunieron de urgencia con integrantes de la Comisión de Patrimonio, con representantes del municipio CH, expertos en arquitectura y otros interesados en el tema. Hasta ahora el edificio no tiene ningún tipo de protección patrimonial, aunque, según dijo el director de Cantegrill a El Observador, tampoco hay nada "cerrado" que implique su demolición.

Lo único que está definido es que Cantegrill dejará de ser la confitería de 21 de Setiembre y Williman. Sin embargo, el plan de Carlos es reabrir en un local de la zona con otro nombre, pero con la misma mercadería.

Cierre y feria americana

Este domingo a las 18 horas cerrará la confitería Cantegrill. El próximo martes desde las 9 de la mañana se realizará una feria americana en el local para vender todos los objetos que pertenecieron a la empresa y de la cual sus dueños se quieren desprender. Frascos, latas y balanzas antiguas son algunas de las cosas que acumuladas en su depósito del pequeño castillo.

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