Celulosa non franca

Columna de opinión publicada en El Observador Agropecuario

Por Lautaro Pérez Rocha, especial para El Observador

Una tercera planta de celulosa no debería contar con una zona franca. Tengo la que convicción que Uruguay con ese instrumento se ha pasado de rosca en el afán de captar las inversiones de gran porte y me parece oportuna su revisión. Es más, creo que nunca debería haberse usado en estos casos. Voy a justificarlo.

Previamente, me gustaría subrayar el punto de partida y despejar prejuicios. El país, por su tamaño y escaso capital necesita atraer inversión extranjera, integrar sus cadenas agro- forestales y para eso precisa generar los fundamentos, el ecosistema propicio y lo incentivos necesarios. Estoy totalmente a favor de más inversión y parto de que hay que generar el marco para atraerla. Por otro lado, esto es mejor cuando se trata de inversores de calibre y que buscan desenvolver procesos serios y de largo plazo, dispuestos a correr con las mejores tecnologías posibles, a respetar y apoyar los sistemas internos y acompañar en el desarrollo del país en todos sus aspectos. En este sentido, las empresas nórdicas de Europa destacan en lo más alto. Dicho esto, continúo.

El régimen de zona franca implica que la empresa se instala en forma de enclave en el país. Para graficarlo claramente, Uruguay no exporta celulosa (es incorrecto decir que lo hace); lo que exporta son troncos para celulosa hacia la zona franca y el proceso de agregado de valor ocurre fuera de fronteras. La empresa en la zona franca debe cumplir con determinadas leyes y normativas. En ése régimen, queda exenta de impuestos, no paga los tributos que paga cualquier otra empresa.

El primer punto, ¿por qué esta discriminación negativa hacia inversores nacionales u otros extranjeros que no gozan de este mecanismo? Las empresas que aplican a la Ley de Inversiones reciben incentivos pero siempre en un esquema acotado temporalmente; no se otorgan para siempre. La sociedad renuncia a recaudar dinero (o gasta si se quiere) por un tiempo determinado y apuesta a que esa inversión traerá más empleos, exportación, desarrollo y riqueza al país. Pero apuesta por un tiempo. Otro ejemplo: las inversiones en energía eólica tienen un subsidio social (en la tarifa) y beneficios fiscales por ser inversiones en energía limpia, pero tampoco son para siempre. Y eso que las externalidades (como el impacto en la infraestructura de carreteras y en el ambiente) son menores.

Si usted cree que las plantas en zona franca hay que exonerarlas totalmente porque son inversiones de alto porte, no le comparto ese criterio. ¿Cuál es la vara para determinar si es grande o pequeño? ¿Quién y cuándo lo decide? Lo que queda a discreción del gobierno de turno nunca es saludable.

Continúo, si la no existencia de la zona franca hiciera caer la tesis de inversión de estas empresas, es decir "no invierto porque tendré que pagar impuestos y se va la rentabilidad al diablo", entonces más fuerte es el argumento que no hicimos los deberes correctos para captar estas inversiones y que lo que tenemos de lindo en el sector forestal son espejitos de colores. Ni el país es para esa inversión, ni esa inversión para el país. Para un proyecto de este tipo se precisa la madera, el agua dulce, los puertos e infraestructura, y estabilidad de largo plazo. Ausentes esas características, no hay inversión de esta escala. Como Uruguay ofrece (casi) todo, no es necesario dar más nada. Hay pocos lugares en el mundo para inversiones semejantes en celulosa en zonas de alto crecimiento de los bosques. Repito, creo que nos pasamos de rosca, y parecería que hay ingenuidad o desconocimiento de parte del gobierno en entender cómo funcionan estos proyectos.

Otorgar una zona franca a la tercera planta de celulosa es mantener una fuerte asimetría en contra del empresario nacional y extranjero ya instalado, e injusto además para la sociedad toda. Bienvenidos estos proyectos, demos condiciones e incentivos, pero démoslo acotados en el tiempo y en iguales condiciones para todas las empresas.

(*) lautaro@adinet.com.uy