Cerca del abismo

En tiempos en que creíamos que nadie se escandalizaba por nada, la política y el poder siguen siendo los escenarios en que las debilidades mentales o de ego no consiguen ser restringidas
En cuanto a desdén de los fundamentos de una democracia, la derecha y la izquierda son lo mismo. Los berrinches infantiles dirigidos a los medios de información que escenifica Donald Trump desde que es presidente son copia certificada de los que hicieron en su momento Hugo Chávez o Rafael Correa, cada vez que algo que nos les gustaba se publicaba o era comentado en radio o televisión.

En tiempos en que creíamos que nadie se escandalizaba por nada, la política y el poder siguen siendo los escenarios en que las debilidades mentales o de ego no consiguen ser restringidas. Uno no sabe cómo interpretarlo, por más que siempre resalte de fondo una forma de patetismo imposible de justificar. Trump se está cavando su propia tumba y al parecer quiere que esta sea bien profunda.

En política, como en periodismo, hay una cosa que si se pierde no vuelve a recuperarse: la credibilidad. Cuando un periodista, por razones que sea, deja de ser creíble, la estantería se viene abajo con él, así se hagan los mayores esfuerzos para mantenerla en pie. Pasa lo mismo con un político, sobre todo en democracias sólidas como la estadounidense, que ya ha visto caer del poder a figuras encumbradas, de Nixon para acá.

Trump va por ese camino, y nadie al parecer le ha advertido sobre las consecuencias, o bien ya se lo dijeron sus asesores –aún no sabemos bien quiénes son y qué tanto participan en sus decisiones– pero es tan grande su arrogancia que cree que anda blindado por el mundo. Su manejo del despido del director del FBI fue un desastre mayor y su pésima labor, de cálculo y ejecución, vino acompañada de una entrevista publicada en la revista Time el jueves pasado en la que ataca, mencionándolos con nombre y apellidos, a dos periodistas prestigiosos de la cadena CNN.

A Don Lemon, periodista negro, quien tiene a cargo la franja nocturna de la cadena informativa, y que por cierto es muy bueno, lo consideró "la persona más tonta en radiodifusión", en tanto de Chris Cuomo, hijo del exgobernador demócrata de Nueva York, dijo que, dando las noticias, parece un "lunático encadenado". En las autocracias, el miedo de la gente puede tener vida larga; en las democracias, la paciencia colectiva suele ser corta

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