China (II)

Columna de opinión publicada en El Observador Agropecuario
Por Luis Romero Álvarez, especial para El Observador

En mi reciente viaje a China aproveché para visitar a mi amigo de la Universidad de Chicago, Justin Yifu Lin, ahora profesor de Economía del Desarrollo de la Universidad de Beijing. Con Justin hace unas tres décadas vivíamos en la International House, dentro del campus de la universidad.

Una mañana de primavera, mientras desayunábamos en el patio interior, vimos un pichón que había caído de un nido. Justin se acercó para levantarlo y el pichón salió disparando asustado; criado en el campo, yo me acerqué derecho al pájaro, lo agarré sin darle tiempo a moverse y lo volví a poner en su nido. Justin, todo místico, me dijo: "El ave te reconoció", "Claro Justin, todas las aves me reconocen", le contesté.

Ahora en recuerdo de aquella anécdota le llevé de regalo una talla en madera dura de un pajarito. Justin fue el primer PhD en economía enviado al exterior por China que volvió a su país luego de las reformas de Deng Xiaoping. Luego fue economista jefe del Banco Mundial para terminar su carrera como profesor.

La Universidad de Beijing era parte del Palacio de Verano del emperador y por eso las aulas y oficinas son edificios clásicos de aquellas preciosas construcciones, rodeadas de canales, lagos y cerezos en flor. Fue una alegría reencontrarme con el viejo amigo y más alegría fue recibir libros suyos para leer. Justin, siendo un economista formado en China comunista, pero entrenado en las mejores universidades en temas económicos de Occidente (Chicago y Yale), logró hacer una síntesis conceptual de las teorías económicas que todos conocemos pero miradas desde un ángulo diferente, más interesante para nosotros.

Justin respeta las ventajas comparativas y reconoce que los países que deciden desatenderlas y orientar sus economías hacia otras prioridades (como con la latinoamericana sustitución de importaciones), pagan un altísimo precio en crecimiento y bienestar de su gente. Justin reflexiona acerca de las teorías económicas clásicas pensando que fueron concebidas para países ya desarrollados.

En el caso de países en desarrollo, como China o Uruguay, hay dos elementos a tener en cuenta para corregir los resultados óptimos del diseño económico: la dotación de recursos y la viabilidad de las empresas públicas. Nota Justin que no debe ser el mismo armado económico óptimo el que corresponde a una nación con mucho capital disponible barato y poca mano de obra, que el acertado para un país en la situación opuesta.

Además, Justin es el primero en poner el acento en la viabilidad de las empresas públicas (en general grandes e importantes en todos los países) como condición para lograr un armado sensato del aparato económico de un país. Dice Justin que muchísimas empresas del sector público no podrían sobrevivir en un ambiente de competencia libre y que este hecho debe ser tomado en cuenta al armar un aparato económico moderno y en especial, al reformar economías para volverlas más competitivas y con mejor potencial de crecimiento.

Me resultó muy interesante que un economista del mundo comunista focalice la atención en la viabilidad de las empresas públicas a la hora de modernizar la economía de un país. Este es un debate que nos debemos aquí y la luz que puede traernos un economista con formación marxista nos haría mucho bien.

China está cambiando rápidamente desde el comunismo clásico, con todos los factores de producción en manos del Estado, hacia una economía de mercado libre y competitiva, siguiendo un camino propio, gradual y con dos carriles a la vez (público y privado), en vez de una reforma de choque como hizo Rusia.

Es una experiencia que vale la pena observar, estudiar y aprovechar para beneficio de las reformas que nosotros deberemos encarar tarde o temprano. Cuanto antes hagamos los ajustes y cuanto mejor los hagamos, menos costos deberemos enfrentar y más beneficios podemos captar. Pero el cambio es inevitable y se impondrá nos guste o no.

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