China se enfrenta a Trump por control del mar meridional

EEUU busca proteger sus intereses pero chinos dicen que soberanía es indiscutible
Desde que asumió el poder el viernes 20, el republicano Donald Trump ya comenzó a mostrar su impronta con algunas medidas que había prometido aplicar durante la campaña electoral.
Pero hasta ahora todavía no había sucedido que un país o un gobierno se opusieran abiertamente a sus planteos, como sí sucedió ayer con China.

Es que la intención del nuevo gobierno estadounidense de ejercer un amplio control sobre los territorios del mar de China meridional no cayó nada bien en el gobierno chino.

En ese contexto, China advirtió a Estados Unidos que no desistirá de sus reivindicaciones de soberanía en el disputado mar de China meridional, después de que la administración Trump prometiera defender los intereses estadounidenses e internacionales en la zona.

Las islas artificiales de China en esas aguas, algunas de las cuales podrían tener uso militar, son consideradas como potencial detonante de un conflicto.

El nuevo portavoz de la presidencia estadounidense, Sean Spicer, había advertido el lunes que Washington "protegería sus intereses" en las aguas internacionales del mar de China meridional.

"La soberanía de China sobre las islas del mar de China meridional y sus aguas adyacentes es indiscutible", declaró la portavoz del ministerio chino de Relaciones Exteriores, Hua Chunying, durante una comparecencia el martes antes los medios.

Pekín reivindica la mayor parte del mar de China meridional, pero varias naciones vecinas, como Filipinas, Vietnam, Brunéi y Malasia, tienen también pretensiones de soberanía en esa vasta zona, donde cada una controla varios islotes.

Para afirmar su soberanía, China, como otros países de la región, lleva a cabo obras de "terraplenado" para aumentar artificialmente los islotes que controla. Después, construye puertos, faros, pistas de aterrizaje e infraestructuras militares, según Washington y expertos militares.

"China está decidida a salvaguardar sus derechos y sus intereses", afirmó Hua. Y agregó: "Estados Unidos no es parte en el diferendo sobre el mar de China meridional".

Sin embargo, Spicer no parecía pensar lo mismo. "Si esas islas se encuentran realmente en aguas internacionales y no forman parte propiamente dicha de China, nos aseguraremos de impedir que un país se apodere de intereses internacionales", dijo el lunes.

Durante la administración del presidente Barack Obama, Estados Unidos insistió en su neutralidad en cuestiones de soberanía en el mar de China meridional.

Pero, mientras pedía que el diferendo se resolviera mediante la ley internacional, Washington defendió la libertad de navegación enviando patrullas navales a las aguas en disputa.
Pese a esta reciente escalada retórica, China "no está preocupada" por las crecientes tensiones con Washington, aseguró Hua.

"Pekín sabe que no puede ganar un conflicto convencional frontal con Estados Unidos", explica a AFP Valerie Niquet del think tank francés Fundación para la Investigación Estratégica, con sede en París.

Australia intercede

El gobierno australiano tendió ayer la mano a China, y afirmó que espera que el Tratado de Asociación Transpacífico (TPP) pueda salvarse pese al retiro de EEUU decidido por el presidente Donald Trump.

Considerado como un contrapeso a la creciente influencia de China, este tratado fue firmado en 2015 tras ásperas negociaciones entre 12 países de Asia-Pacífico que representan el 40% de la economía mundial.

Pero, como anunció en su campaña electoral, Trump firmó el acta de retirada de Estados Unidos el lunes, solo tres días después de su investidura. El primer ministro australiano, Malcolm Turnbull, explicó ayer que mantiene "discusiones activas" con otros miembros del TPP para encontrar la forma de salvarlo.

Reactivación de oleoductos

El presidente Donald Trump reactivó ayer los proyectos de dos polémicos oleoductos, cuya construcción había sido descartada por el gobierno de Barack Obama ante la fuerte presión de grupos ambientalistas.

Mediante la firma de dos decretos, Trump reflotó el extenso oleoducto Keystone XL, que transportaría crudo desde Canadá a refinerías en Estados Unidos, y otro que atravesaría territorio indígena en Dakota del Norte.

Mientras firmaba uno de los decretos, Trump dijo que el oleoducto Keystone XL "estaba en disputa" y se renegociarían los contratos.

De acuerdo con Trump, el proyecto representa "muchos empleos. Serán 28 mil puestos de trabajo. Excelentes puestos de trabajo de construcción".

Al firmar luego el decreto sobre el oleoducto de Dakota, el mandatario también apuntó que será objeto de renegociación.

"Insisto en que si vamos a construir oleoductos, las tuberías sean construidas en Estados Unidos", dijo. "Vamos a construir nuestro propio oleoducto, nuestros propios caños, como era en los buenos tiempos", añadió.

El proyecto Keystone XL había sido descartado por Obama, ante la enorme presión que ejerció la comunidad ligada a la protección ambiental.

El gobierno de Canadá, en tanto, apoyaba la idea de manera discreta, aunque el propio primer ministro, Justin Trudeau, decidió despegarse de la idea.

En tanto, el oleoducto de Dakota del Norte se había convertido en el centro de una espectacular polémica interna en Estados Unidos. Grupos indígenas y agrupaciones de apoyo organizaron una encarnizada resistencia al proyecto, con intensa movilización que incluyó celebridades del cine.

Miles de personas llegaron a acampar en el helado territorio abierto de Dakota del Norte, en pleno invierno, para bloquear el proyecto.

La tribu sioux temía que la construcción del oleoducto en su territorio promoviera la contaminación de las aguas y la destrucción de áreas que considera sagradas.

La policía de Dakota del Norte trató de desalojar a los manifestantes y se registraron violentos enfrentamientos que a su vez generaron una ola de indignación a nivel nacional. Unos 2.000
veteranos estadounidenses se unieron a los grupos de resistencia en las manifestaciones, hasta que Obama decidió sepultar la idea.


Fuente: El Observador y agencias

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